Para cuando escribo esto, han ocurrido un puñado de hechos inevitables y otros que parecían que nunca iban a llegar. Nuestra selección mexicana habrá caído ante Inglaterra; la FIFA habrá perdonado una tarjeta roja a Folarin Balogun, a petición de Donald Trump; Cristiano Ronaldo habrá disputado una Copa del Mundo por última vez; Gilberto Mora se habrá graduado del bachillerato; Rafa Márquez habrá sido presentado como director técnico de México; una burócrata paraguaya habrá arremetido contra Mbappé; aficionados argentinos se habrán dirigido al creador de contenido Speed con insultos racistas; otros aficionados argentinos habrán mostrado una bandera de Israel al seleccionador de Egipto; e incluso se hablará de un posible Mundial de Clubes en México.
De todo pasa en el contexto mundialista y aún no termina. Pero hoy, la noticia es que hoy no hay fútbol.
Puede que sea un día como cualquier otro en el que no veo fútbol, pero no se siente así. Hagamos cuentas: tengo 31 años y veo conscientemente fútbol desde los seis, lo que significa que llevo 25 años viendo partidos. Pero seamos más exactos: 25 años equivalen a 9,131 días. Si, por poner una cifra, decimos que he visto un partido por semana, sin contar fechas dobles o competiciones entre semana, entonces he visto fútbol en alrededor de 1,300 días distintos, lo que representa el 11.5 % de los días que he vivido.
Cuento el día completo porque la experiencia de ver un partido empieza desde que amanece y esperas la hora del silbatazo inicial. Ni se diga cuando vas al estadio, aunque en mi caso eso no ocurre con tanta frecuencia como quisiera.
Como aficionado al fútbol, al menos uno de cada nueve días de mi vida he visto un partido. No es la primera vez que pasa un día sin fútbol, pero hoy se siente diferente. Decir que es un vacío sería demasiado drástico, una exageración; además, mañana volveremos a tener un partido de octavos de final del Mundial. ¿Qué es esto? Un drama.
¿Y qué pasa en los demás días en los que no vemos fútbol? Simplemente consumimos información al respecto: el rival, el once inicial, las conferencias de prensa. De ahí el éxito de los contenidos deportivos. Pero hoy nadie se conforma con repeticiones ni con el parloteo de los comentaristas. Hoy queremos un partido de fútbol, y no cualquiera, uno de Copa del Mundo.
Ya será mañana otro día.
Este texto que me hace usted el favor de leer solo funciona hoy. Pasado mañana, o cualquier otro día, ya no tendrá demasiado sentido. Aunque, si me va más que bien, quizá dentro de unas décadas, cuando alguien quiera recordar todo lo que ocurrió en el Mundial de 2026, esta columna encuentre un significado distinto, uno un poco más rescatable.
Emiliano Bravo Vazquez

