Se siguen definiendo los octavos de final del Mundial y la alegría, más que la sorpresa, de los mexicanos por ver a nuestra selección instalada en esa ronda «no tiene techo», como dice Erick Lira cada vez que le preguntan sobre objetivos personales y grupales. Esta vez el partido cae en domingo, así que no habrá comunicado oficial del gobierno decretando un día de asueto.
Pero ¿no debería estar preocupado porque el próximo rival es Inglaterra? El país que engendró el deporte que, como cada cuatro años, tiene en fiebre al mundo.
La verdad es que no. Andamos creciditos.
Cuando Inglaterra perdía 1-0 su partido de dieciseisavos ante Congo, por un momento me sentí decepcionado. Pensé que realmente podían quedar eliminados. Es muy fácil decirlo desde el escritorio, pero quería que México se enfrentara a los mejores. Y no porque Congo fuera un rival sencillo; seguramente también habría complicado las cosas. Simplemente, un partido de este tamaño merece un rival de ese tamaño.
Quiero pensar que nuestros seleccionados sintieron algo parecido. Me los imagino reunidos frente al televisor en la concentración, deseando que Inglaterra remontara para tener enfrente a una de las selecciones más grandes de la historia.
El Ángel de la Independencia volverá a ser testigo de miles de personas reunidas para ver el partido más importante de la Selección Mexicana en los últimos 40 años. Digo miles por una cuestión de seguridad; si pasamos a los millones, podríamos tener otra lamentable cifra como la que dejó el festejo pasado: tres personas fallecidas.
No sé si sea justo compararlo con una final de Copa Oro. Esto es otra cosa. Es un Mundial. Es un partido de eliminación directa o, como dicen en Sudamérica, un partido de mata-mata. Y es en casa.
Este domingo espero un encuentro emocionante y, por eso, también estoy emocionado. Inglaterra no ha tenido los Mundiales que se esperarían de una potencia histórica. México, por su parte, tampoco ha sabido convertir generaciones talentosas en actuaciones memorables. Ganar este partido convertiría al tercer Mundial organizado en nuestro país en el mejor de nuestra historia futbolística.
Muchos sentimos cierta empatía por los ingleses, especialmente por su música. No hace falta enlistar la enorme cantidad de bandas que han forjado, pero quiero mencionar a mi favorita, no solo de Inglaterra, sino de la vida: Arctic Monkeys.
Estará bien si avanzan los europeos… aunque, sinceramente, ojalá que no.
Gracias a Inglaterra por inventar el fútbol, por regalarnos parte del mejor rock del mundo y por llegar a esta instancia y convertirse en el gran rival de México en el último partido de este Mundial en nuestro estadio. Ya se verá si se le dan las gracias por participar o por darnos un gran encuentro.
Que llegue el domingo. Que la portería mexicana se mantenga en cero. Que Morita sorprenda aún más. Que el blanco se haga verde en los uniformes. Que nos sintamos afortunados de ver ese juego. Que se haga historia y se cuente por siempre. Que se les gane bien. Y que el lunes podamos repetir, con toda la carrilla que permite este deporte, que los padres del fútbol son nuestros hijos.
Emiliano Bravo Vazquez

