Recién terminaron dos jornadas de la fase de grupos del Mundial y ya reaparecieron las leyendas, dejando nuevos récords que, como si lo necesitaran, respaldan por qué son llamados leyendas.
Cristiano Ronaldo logró hacer gritar gol a todo un estadio en seis distintas Copas del Mundo; Luka Modrić llegó a 200 partidos con su selección; el portero de Curazao, Eloy Room, estableció una marca de atajadas en un partido manteniendo la portería en cero; en México también tenemos uno: Katia Itzel será la primera árbitra mexicana en pitar un encuentro mundialista.
Concentrémonos en el que llegó de la mano, o mejor dicho, del pie de Lionel Messi. El argentino superó al alemán Miroslav Klose como el máximo anotador en la historia de los Mundiales con dieciocho tantos. El premio, en el contexto del torneo, no se siente a la altura de la proeza, pues sólo significó la clasificación a dieciseisavos de final. Una estancia que el país sudamericano espera como un trámite, pues para ellos la final es lo menos a lo que aspiran.
Al final del partido, durante las entrevistas, Messi pareció darse cuenta de que pudo haber ampliado todavía más su récord. Se lamentó apenas por el penal que falló al inicio del primer tiempo. Quizá fue precisamente ese error el que lo empujó a un estado de concentración y meditación sobre el campo.
La jugada de relojero llegó después. Los atacantes argentinos lograron sincronizarse: Thiago Almada dejó que su compañero, Facundo Medina, le hiciera un túnel para que su centro llegara al pie izquierdo del diez de dieces. ¿Cómo sabía que, al hacerlo, estaba participando en una secuencia destinada a terminar en el gol número dieciocho de Messi? Tal vez el argentino ya había imaginado la jugada mucho antes de que ocurriera, mientras procesaba aquel penal fallado y buscaba la forma de corregirlo.
Para el segundo tiempo seguía en modo de gracia. Hacía lo suyo, como sólo él sabe hacerlo. El balón parecía buscarlo y, en una jugada fortuita, el rebote le cayó prácticamente al pie. Y si algo sale bien, puede salir mejor: Julián Álvarez estaba en una posición inmejorable y recibió un pase de esos que para Messi son sencillos.
Ahora, si algo sale bien, también puede arruinarse. El nueve argentino falló frente al portero austriaco. Pero, como dije, el balón parecía buscar a Messi. Le cayó de nuevo, rebotó en un defensa, pero quiso darle una segunda oportunidad. Y con todas las ganas de marcar, Messi apretó los dientes y se lanzó sobre ella. La recompensa fue agrandar aún más su marca.
Austria jugó al tú por tú contra la selección campeona del mundo. Lo hizo bien; por momentos movía el balón como quien juega al torito. En las nuevas gráficas que, hasta donde sé, la FIFA estrenó para este Mundial, el Match Momentum mostraba un partido parejo. Pero no le alcanzó para empatar el encuentro. Aun así, los austriacos estarán presentes cada vez que se recuerde el día en que Messi rompió este récord.
Habrá que alegrarse por Messi. Yo, particularmente, nunca he sido uno de sus fieles. Soy un hereje, un protestante, un pagano más de los millones que hay de Cristiano Ronaldo. Pero hoy me descubrí celebrando el segundo gol del archirrival de mi héroe. Se le vio contento, joven, sonriente. Y cuando Messi sonríe, el fútbol también.
Con este juego, por poco se me pasa por alto, y creo que a varios también, el silencio político de Messi y su reciente pasividad al ser utilizado como imagen trumpista durante su visita a la Casa Blanca. Incluso ahora recuerdo una publicación de Javier Milei al respecto: «La única zurda que sirve es la de Messi». Y no es que un futbolista tenga la obligación de exponer su postura política, pero, de hacerlo, probablemente lo convertiría en un ídolo aún más completo. O bueno, para algunos. Para los simpatizantes del bando que no eligiera, quizá significaría bajarlo del pedestal.
Supongamos ahora un Mundial intergaláctico, donde cada galaxia elige, entre millones de sistemas solares, a un jugador. Nosotros mandaríamos a Messi. Porque cuando de futbol se habla, Messi es de todos, quieras o no. Si eso pudiera pasar, más vale que se apure el universo: nos queda Messi para un Mundial más. Yo sí lo veo en 2030 jugando su sexto Mundial, a los 43 años.
Por ahora tendremos que aceptar la realidad: Messi se retirará. Nos toca disfrutarlo. Como dicen sus compañeros de selección y de equipo, toca disfrutar cada uno de los partidos que le quedan.
Mbappé probablemente romperá ese récord, incluso en esta misma copa, incluso podríamos darlo por hecho. Pero Messi ya no necesita un récord para ser Messi.
Emiliano Bravo Vazquez

