El gobierno del presidente Donald Trump aceleró la construcción del denominado «muro inteligente» en la frontera entre Estados Unidos y México, un proyecto que combinará infraestructura física con tecnología de vigilancia avanzada mediante una inversión de 46 mil millones de dólares aprobada por el Congreso.
La estrategia contempla la instalación de nuevas barreras de acero de hasta nueve metros de altura, además de sistemas de inteligencia artificial, sensores terrestres, cámaras de alta resolución, radares y torres autónomas capaces de monitorear grandes extensiones del territorio en tiempo real.
La administración estadounidense sostiene que este modelo permitirá fortalecer la seguridad fronteriza y optimizar el trabajo de los agentes de la Patrulla Fronteriza.
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Una frontera vigilada con inteligencia artificial
Durante años, amplios sectores de la frontera estuvieron protegidos únicamente por cercas de alambre. Ahora, el proyecto busca transformar esa infraestructura mediante un sistema tecnológico capaz de detectar movimientos sospechosos, analizar imágenes con inteligencia artificial y alertar automáticamente a las autoridades.
El comisionado de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), Rodney Scott, aseguró ante el Congreso que no se trata únicamente de levantar una barrera física.
«Es un muro inteligente. No es solo una barrera. Nos permite aprovechar mejor a nuestro recurso más importante: los agentes», explicó.
Además de las torres de vigilancia, el plan contempla cables de fibra óptica enterrados que detectan movimientos bajo distintas condiciones del terreno, sensores terrestres y cámaras instaladas en rutas frecuentemente utilizadas por migrantes y contrabandistas.
Avanza la construcción del proyecto
El muro ha sido una de las principales promesas políticas de Donald Trump desde su primera campaña presidencial y ahora recibe uno de los mayores presupuestos destinados al control fronterizo.
La CBP informó que actualmente construye alrededor de 10 kilómetros de muro por semana. Desde mediados de junio de 2026 ya se habían edificado 119 kilómetros adicionales y se prevé levantar varios cientos más durante los próximos meses.
Sin embargo, aproximadamente 861 kilómetros de los cerca de 3 mil 200 kilómetros que conforman la frontera no tendrán muro físico debido a las condiciones geográficas. En esos puntos se instalarán sistemas tecnológicos de vigilancia y detección.
También se modernizan cientos de kilómetros de infraestructura existente con iluminación, caminos para patrullaje y nuevos equipos de monitoreo.
En los tramos donde el Río Grande separa a ambos países, las autoridades continúan colocando boyas flotantes de gran tamaño para impedir el cruce de migrantes y traficantes.
Crecen las críticas por el impacto del proyecto
Aunque el gobierno estadounidense sostiene que la tecnología permitirá una vigilancia más eficiente, organizaciones civiles consideran que el proyecto representa una expansión sin precedentes de los sistemas de monitoreo en la frontera.
La Southern Border Communities Coalition advirtió que estas herramientas obligan a los migrantes a buscar rutas más peligrosas y generan afectaciones a la privacidad de quienes viven en la región.
Ricky Garza, asesor de la organización, afirmó que la expansión tecnológica ha incrementado la vigilancia sobre las comunidades fronterizas y denunció que algunos residentes han encontrado sensores instalados dentro de sus propiedades sin autorización.
Una de ellas es Nayda Alvarez, propietaria de terrenos junto al Río Grande, quien aseguró haber encontrado cámaras dentro de su propiedad y una torre de vigilancia a pocos metros de su vivienda.
«¿Estamos esperando una guerra o algo así? No me hace sentir más segura», expresó.
Por su parte, la Electronic Frontier Foundation advirtió que la incorporación de inteligencia artificial en la vigilancia fronteriza también plantea riesgos relacionados con errores, sesgos tecnológicos y afectaciones a las libertades civiles.
El costo del muro también genera debate
Además del impacto social, el elevado presupuesto del proyecto ha sido cuestionado por organizaciones dedicadas al análisis del gasto público.
Taxpayers for Common Sense pidió una revisión más estricta sobre la eficiencia de las tecnologías adquiridas para evitar repetir experiencias anteriores, como el fallido «muro virtual» cancelado en 2011 durante la administración de Barack Obama por problemas técnicos, retrasos y sobrecostos.
La organización considera necesario evaluar el desempeño real de los nuevos sistemas antes de continuar destinando miles de millones de dólares al proyecto.
Big Bend queda fuera del muro de acero
Uno de los cambios recientes anunciados por la CBP ocurrió en la región de Big Bend, al sur de Texas, donde finalmente no se construirá un muro de acero de nueve metros debido al rechazo de autoridades locales, ambientalistas y habitantes de la zona.
En su lugar, el gobierno instalará caminos de patrullaje, barreras para vehículos y sistemas tecnológicos de vigilancia.
Sin embargo, organizaciones como No Big Bend Wall mantienen su preocupación por los posibles efectos ambientales, especialmente por la iluminación prevista, que podría afectar la observación del cielo nocturno, uno de los principales atractivos turísticos de la región.
Con el avance del llamado «muro inteligente», la frontera entre Estados Unidos y México entra en una nueva etapa donde la tecnología y la inteligencia artificial serán piezas centrales de la estrategia migratoria impulsada por la administración de Donald Trump, mientras continúa el debate sobre su costo, eficacia y consecuencias para las comunidades fronterizas.
Con información de El Financiero.
AS.

