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PRIMERO LOS NIÑOS

Por Alfonso Malpica, presidente de @Procuramemx

La presión emocional en los hijos: cuando sienten que deben elegir entre sus padres

En medio de un conflicto familiar hay experiencias que los niños viven en silencio. Una de las más difíciles es la sensación de que deben elegir entre sus padres, aunque nadie se los diga directamente. Muchas veces no existe una orden clara ni alguien que les diga que deben escoger. Basta con el ambiente, con algunos comentarios o con ciertas reacciones para que el niño perciba que hablar bien de uno puede incomodar al otro, o que mostrar cariño hacia uno podría provocar molestia.

Para un adulto puede parecer algo pequeño dentro de una separación o de un desacuerdo entre padres. Sin embargo, para un niño esta situación puede convertirse en una carga emocional muy grande. Los hijos aman a ambos padres de forma natural. No entienden el amor como una competencia ni como una disputa. Para ellos, mamá y papá forman parte de su historia, de su identidad y de su sensación de seguridad en el mundo.

Cuando un niño empieza a sentir que debe medir lo que dice, evitar contar lo que hizo con alguno de sus padres o esconder lo que siente, algo cambia dentro de su vida emocional. La naturalidad con la que antes compartía sus experiencias se transforma en cautela. Empieza a pensar más antes de hablar, a observar las reacciones de los adultos y a tratar de no empeorar el conflicto que percibe a su alrededor.

Con el tiempo, esa presión puede convertirse en culpa. Algunos niños llegan a sentir que querer a ambos padres es una forma de traición. Otros creen que deben proteger emocionalmente a uno de ellos evitando hablar del otro o guardándose cosas que en realidad fueron momentos felices. Sin darse cuenta, comienzan a cargar con responsabilidades emocionales que no corresponden a su edad ni a su lugar dentro de la familia.

Pero ese no debería ser el lugar de los hijos. Los conflictos entre adultos pertenecen al mundo de los adultos. Los niños no deberían sentirse obligados a tomar partido, ni a convertirse en mediadores, ni a cargar con el peso emocional de una disputa que ellos no provocaron. Su lugar sigue siendo el de hijos: personas que necesitan cuidado, estabilidad y la libertad de amar a ambos padres sin miedo.

En Procúrame lo vemos con frecuencia. Cuando los adultos logran separar sus diferencias de la relación con los hijos, los niños recuperan algo muy importante: la tranquilidad de poder relacionarse con cada uno de sus padres sin sentirse responsables del conflicto. Esa libertad les permite volver a vivir sus afectos con naturalidad, sin miedo a causar enojo o incomodidad.

La infancia debería ser un espacio donde los niños puedan amar a ambos padres sin miedo. Esa libertad no solo protege su bienestar emocional hoy, también les da las bases para construir relaciones sanas a lo largo de su vida.

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