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PRIMERO LOS NIÑOS

Por Alfonso Malpica, presidente de @Procuramemx

La extorsión como riesgo para la infancia: cuando la ley se desvía de su propósito

En el complejo tablero donde el Congreso discute la nueva ley de extorsión, solemos perdernos en tecnicismos. Sin embargo, hay una realidad silenciosa que desde Procúrame vemos a diario: la extorsión no siempre pide dinero; a veces, exige la destrucción de un vínculo.

Hoy, herramientas legales diseñadas para proteger a los más vulnerables están siendo utilizadas como armas de presión. Hemos observado casos donde las denuncias de violencia, presentadas sin un sustento sólido, se transforman en mecanismos de extorsión emocional y judicial. En este fuego cruzado, los adultos pelean, pero son las niñas y los niños quienes quedan atrapados en el centro de un conflicto que no les pertenece.

El costo de la manipulación:

  • Menores que repiten guiones que no comprenden.

  • Hijos que cargan con culpas ajenas.

  • Niños que rechazan a un progenitor sin entender el porqué, víctimas de una narrativa impuesta.

Cuando el sistema permite que un proceso legal se convierta en una estrategia de desgaste o que ciertos despachos lucren con la vulnerabilidad familiar, la justicia deja de ser tal. La extorsión también es reputacional y emocional.

Por ello, el debate legislativo es una oportunidad histórica. No basta con definir el delito; se necesita rigor: peritajes especializados, protocolos de detección de manipulación y una evaluación exhaustiva de denuncias sensibles. Legislar con una mirada de infancia no es una opción, es una obligación. Porque cuando una ley se usa para lastimar, el sistema deja de ser parte de la solución para convertirse en parte del problema.

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