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PRIMERO LOS NIÑOS

Por Alfonso Malpica, presidente de @Procuramemx

La cultura del litigio en México: cuando ganar se vuelve más importante que cuidar

En el sistema judicial mexicano, los juicios familiares muchas veces se viven como batallas. Cada parte busca ganar: tener la custodia, obtener mejores condiciones, demostrar que el otro es “el malo”. Pero en ese afán por imponerse, se pierde lo más importante: el cuidado de los hijos. Cuando el juicio se convierte en guerra, la infancia paga el precio.

Cuando ganar importa más que cuidar
En muchos juicios familiares, el objetivo de los adultos es “ganar”: tener la custodia, demostrar que el otro está equivocado, conseguir ventaja. En ese proceso, los hijos a veces se usan como herramientas, sin que nadie piense en su bienestar emocional o estabilidad.

El conflicto como norma
En lugar de buscar acuerdos o soluciones en conjunto, el sistema fomenta la confrontación. Los juicios largos, la falta de mediación y la ausencia de protocolos que cuiden a los niños refuerzan este modelo.

Cuando cuidar deja de ser la prioridad
El deseo de proteger a los hijos puede perder fuerza frente a la necesidad de “tener la razón”. Se difama, se manipulan pruebas y los niños quedan atrapados en un ambiente de tensión constante. Esto afecta su salud emocional y debilita la confianza en quienes deberían cuidarlos.

Opciones para un cambio
La justicia puede ponerse al servicio del cuidado, no de la victoria. Algunas herramientas que ayudan son:

  • Mediación centrada en derechos de infancia.

  • Procesos colaborativos con apoyo psicológico y familiar.

  • Decisiones que fomenten vínculos saludables entre padres e hijos.

  • Protocolos que eviten usar a los niños como instrumentos de presión.

La propuesta de Procúrame

En Procúrame creemos que es posible una justicia que cuide a los niños. Nuestro enfoque busca que el sistema judicial no declare ganadores ni perdedores, sino que facilite soluciones que protejan el bienestar emocional, afectivo y psicológico de las niñas y niños.

Porque cuando el cuidado se pone en el centro, la justicia deja de ser una guerra y se convierte en protección real.

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