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Lo Que Nadie Dice

Matar a Rubiales o matarse solo

Rubiales no perdió por el beso… perdió porque quiso jugar sin estratega

Luis Rubiales, exfutbolista y expresidente de la Real Federación Española de Fútbol, pasó de dirigir el fútbol español a convertirse en símbolo de abuso de poder, mala gestión y torpeza comunicacional tras el beso no consentido a Jenni Hermoso.

Su caída no fue producto de un solo gesto, sino de una cadena de decisiones y discursos que él mismo detonó. Y con su libro “Matar a Rubiales”, intenta una remontada que confirma que sigue jugando un partido que ya perdió.

Rubiales quiso ser jugador, entrenador y narrador al mismo tiempo. Y en comunicación —igual que en el fútbol— eso siempre termina en desastre. Cada reacción suya fue un autogol: negó, atacó, exageró y se victimizó, sin estrategia y sin lectura del contexto.

La presentación de su libro fue otra prueba. Su propio tío irrumpió en el evento y le lanzó tres huevos frente al público. Un símbolo inevitable: cuando pierdes el vestidor, pierdes el partido. Y él lo perdió hace tiempo.

Mientras el mundo hablaba de consentimiento, él hablaba de complots.

Mientras las instituciones pedían calma, él gritaba que no dimitiría.

Cuando la selección pedía respeto, él levantaba el puño. En el campo de la opinión pública, esa desconexión es tarjeta roja directa.

El mayor error estratégico de Rubiales fue no entender el tiempo del partido. Llegó tarde a todo: a reconocer, a disculparse, a retirarse. Y hoy, dos años después, su narrativa sigue atrapada en un pasado que ya no existe.

La Federación intentó blindarlo, pero un equipo no puede salvar a un capitán cuando falla en algo evidente. Lo inevitable ocurrió: el árbitro social marcó la falta y el público dejó claro que no quería verlo más en la cancha.

Rubiales no cayó por el beso. Cayó por no leer el contexto, por no escuchar y por no comunicar. Cayó porque fue su propio estratega… y perdió el juego más importante.

📌 Lo que sí podemos hacer (versión fútbol)
• Ninguna final se gana improvisando.
• Leer el partido antes de mover la pelota.
• Hablar con honestidad.
• Recordar que pedir disculpas te devuelve al partido.
• Entender que si no juegas tú tu narrativa, otro lo hará por ti.

Rubiales cayó por su propio autogol comunicacional. Y en crisis —como en el fútbol— el que no lee la cancha, la cancha lo deja fuera.

 

Por Ana Celia Casaopriego

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