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PRIMERO LOS NIÑOS

Por Alfonso Malpica Olvera

A favor de la decencia

En la sociedad tan efímera y cambiante en la que nos ha tocado vivir, uno de los retos de mayor calado es preservar nuestra integridad en lo público y lo privado, es decir, ser dignos de confianza para la comunidad y también un ejemplo a nuestros hijos e hijas. 

Y con esto me refiero precisamente a la facilidad con la cual se puede acabar con la reputación de cualquier persona. Justo uno de los fenómenos asociados con el uso de las tecnologías y el internet es la llamada “cultura woke”, la cual consiste en lanzar mentiras desde la impunidad que provee el anonimato de las redes sociales, con el único objetivo de dañar a quien es sujeto del ataque, sin embargo, este hostigamiento no se queda en la esfera virtual del individuo sino que trasciende a su vida real. 

Cualquiera que tenga acceso a la red puede acusar a alguien falsamente y es sumamente fácil que se tome por cierto y adquiera un tinte de veracidad por aquello de que “una mentira repetida 1000 veces se convierte en realidad”, hasta el punto de que las víctimas injuriadas por este medio tengan que verse dando explicaciones por las acusaciones realizadas en las redes que nada tienen que ver con la realidad, pero que han colocado sobre ellas la sombra de la duda y con ello atentando contra su imagen y la confiabilidad de esas personas.

Hay que tener bien claro que este tipo de actuaciones son violencia en el ámbito cibernético y cualquiera de nosotros somos víctimas potenciales. Este tipo de agresión tiene su punto más álgido en la difusión ilícita de imágenes íntimas, es decir, en la práctica de compartir contenido audiovisual de carácter sexual sin el consentimiento de una persona, contra lo cual en México ya se ha dotado de diversas reformas legales de las cuales la más conocida es la denominada “Ley Olimpia” promovida justamente por una sobreviviente de esta forma de violencia a quien tuve la oportunidad de conocer recientemente. 

Por supuesto, no es menor el daño que se hace cuando esos ataques van específicamente dirigidos a destrozar la vida personal y familiar de las víctimas. Presentar a alguien como una mala persona frente a su gente más allegada, calumniando su comportamiento y emitiendo falsedades además de ser constitutivo de delito es un acto cruel y violento. 

Querer hacer creer a los niños y niñas que sus padres o madres son delincuentes o agresores es muy nocivo, especialmente para esos hijos e hijas que ven socavada la más inquebrantable de sus verdades que es que sus progenitores los aman como buenas personas que son.

Por todo ello, creo que es muy importante que la sociedad y todos nosotros como integrantes de ella tengamos especial cuidado en evitar este tipo de actuaciones y en ser implacables en denunciar y señalar a quien falsa e injustamente acusa a otro sólo para sacar un provecho personal, dañando incluso a los más inocentes que son nuestros niños y niñas. 

Intentemos todos y todas, desde nuestro ámbito cotidiano, convertirnos en auténticos muros de contención contra quienes creen que todo se vale desde identidades virtuales o escondidos tras nombres colectivos que se convierten en instrumentos de azote, tanto para grandes como para chicos, con mentiras. 

Para ello, se vuelve indispensable recobrar a este mundo urgido de decencia, los valores de la honestidad, rectitud, dignidad, probidad y honorabilidad decisiones de conducta que no pasan de moda en una educación eficaz, finalmente no son las tecnologías las que están pervirtiendo a nuestra sociedad sino la conducta de las personas en ese ámbito que afortunadamente están adquiriendo consecuencias jurídicas inmediatas. 

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