El Mundial que México no está sabiendo contar
Por Ana Celia Casaopriego
Todos entendemos que un Mundial es una gran oportunidad para un país. No sólo por el fútbol. Es una vitrina global para decir quién eres y hacia dónde vas. México hoy tiene esa oportunidad. Pero lo que se escucha en la calle no es entusiasmo. Es duda.
La gente ve tráfico, obras interminables, aeropuertos saturados y una sensación creciente de dinero mal invertido. Y entonces la conversación cambia: “¿Estamos listos?”“¿Vale la pena?”“¿No es un gasto innecesario?” El problema no es el Mundial. Es lo que está evidenciando.
Un país rebasado. Una operación que no termina de explicarse, y una narrativa que nadie está conduciendo.
Los cierres viales en torno al Estadio Azteca, las obras poco claras, el colapso de los aeropuertos y los anuncios sin contexto no solo generan molestia: generan interpretación.
Y la interpretación ya se está instalando: Que esto va a ser un caos.
Lo que nadie dice es que México tiene en el Mundial una oportunidad única para redefinir cómo lo ve el mundo. Pero no basta con organizarlo. Hay que narrarlo.
Porque afuera, México sigue cargando con una imagen reducida, simplificada, muchas veces injusta. Y este es el momento para romperla. Para mostrar un país moderno, capaz, vibrante. Un país que construye, que recibe, que proyecta futuro. Pero esa historia no está ocurriendo.
En su lugar, estamos dejando que la conversación se llene con tráfico, molestias y desorden. No porque eso sea todo México. Sino porque eso es lo único que hoy se ve. Y en comunicación hay una regla de oro: lo que no se comunica, no existe. No estamos perdiendo la organización. Estamos perdiendo la oportunidad de redefinir quiénes somos.
📌 Lo que sí podemos hacer y todavía hay margen para hacerlo es diseñar una estrategia y decidir qué historia queremos contar.
Explicar el beneficio, hacer visible el legado. Conectar cada obra, cada inversión y cada molestia con un propósito mayor. Pero sobre todo tomar el control de la narrativa y así evitar las dudas y las angustias.
El Mundial puede salir bien, pero si no corregimos la comunicación, ya lo estamos perdiendo donde más importa. Porque en estos eventos hay algo que muchos olvidan: El partido dura 90 minutos. La narrativa toda la vida.

