México enfrenta un problema creciente por la presión sobre sus reservas de agua subterránea. De acuerdo con información de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en los últimos años el país ha mantenido más de un centenar de acuíferos en condición de sobreexplotación, es decir, zonas donde se extrae más agua de la que puede recuperarse naturalmente mediante la recarga.
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El problema resulta especialmente preocupante debido a la dependencia que existe del agua subterránea para abastecer ciudades, actividades agrícolas e industrias. La explotación intensiva puede provocar disminución de los niveles de agua, hundimientos del terreno, deterioro de su calidad y, en zonas costeras, favorecer la entrada de agua salada a los acuíferos.
La situación no es igual en todo el territorio. Las mayores presiones históricamente se han registrado en regiones del centro y norte del país, donde la disponibilidad natural de agua es menor y existe una alta demanda para actividades productivas y consumo humano.
Datos de Conagua muestran además que el problema se ha intensificado durante las últimas décadas: mientras en 1975 se contabilizaban 32 acuíferos sobreexplotados, posteriormente la cifra superó los 100 y se ha mantenido en ese rango.
El desafío para México no solo consiste en garantizar agua para la población actual, sino en evitar que la extracción continúe superando la capacidad natural de recuperación de las fuentes subterráneas, haciendo necesaria una gestión más eficiente, mayor vigilancia de las extracciones y políticas que permitan proteger las reservas para las próximas generaciones.
Con Información de Diario de México
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