Desde Washington y Nueva York, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró haber obtenido una victoria en el conflicto contra Irán y sostuvo que la operación militar está próxima a cumplir sus objetivos. Sin embargo, advirtió que, en caso de no alcanzarse un acuerdo, ordenará bombardear a la república islámica y afirmó que la hará retroceder “a la Edad de Piedra”. Estas declaraciones las realizó en un mensaje televisado a la nación, con el objetivo de recuperar respaldo público y visibilidad política ante recientes reveses y una caída en su aprobación.
Trump señaló que muy pronto podrían concretarse todas las metas militares de Estados Unidos. También afirmó que se destruyó la capacidad misilística de Irán, además de debilitar su fuerza naval y aérea, y aseguró que su capacidad nuclear fue eliminada. No obstante, lanzó una nueva amenaza al advertir que, si Teherán intenta reconstruir su programa atómico, responderá con fuerza para impedirlo.
El jefe de la Casa Blanca reiteró que tocará a otros países asegurar que el estrecho de Ormuz quede abierto para los buques petroleros, ya que Estados Unidos “no necesita” el crudo de Medio Oriente. De hecho, festejó que con el éxito militar de la operación contra Venezuela, la potencia ahora cuenta con millones de barriles extras, además de la producción nacional.
El discurso estaba destinado esencialmente al público de Estados Unidos, donde esa guerra ha derivado en incrementos a los precios de la gasolina (siempre kriptonita política para cualquier gobernante en ese país) y cada vez más ansiedad y confusión sobre las metas de un conflicto no provocado y acerca del cual el gobierno nunca explicó claramente su intención y razones.
Piden retirada “lo antes posible”
Dos tercios de los estadunidenses opinan que Washington debería buscar la manera de retirarse de ese conflicto lo antes posible, aún si eso implica no cumplir con las metas anunciadas, registró una encuesta de Reuters el martes.
Sectores de las bases electorales de Trump fueron convencidos por su promesa de campaña de no abrir nuevas guerras “innecesarias” y dejar de intentar promover cambios de régimen en el mundo, y ahora expresan preocupación de que este gobierno no está cumpliendo. También hay cada vez más alarma, incluso entre republicanos, de que una guerra prolongada implicará el despliegue de fuerzas militares en territorio de Irán, “las botas en el terreno”.
Al comienzo de la llamada operación militar, Trump pronosticó un conflicto breve y exitoso con Irán, “como el de Venezuela”; sin embargo, después de 33 días de guerra los costos económicos, militares y políticos para su gobierno siguen aumentando.
Con la erosión del apoyo que nunca fue mayoritario para esa guerra, Trump y varios funcionarios de su gobierno han insistido en que ya casi han logrado su misión.
Anoche, Trump repitió que Estados Unidos negocia con Irán, afirmación repetidamente rechazada por el gobierno de Teherán durante los días pasados.
El jefe de la Casa Blanca justificó la guerra como “necesaria por la seguridad de Estados Unidos y del mundo libre”, y repitió que la república islámica representaba una amenaza nuclear que podría haber borrado a Israel y a todo Medio Oriente, culpando a sus antecesores de no hacer lo necesario para eliminar ese riesgo. Esa afirmación nunca fue compartida por los expertos en la comunidad de inteligencia estadunidense ni con sus aliados europeos.
Como siempre, Trump elogió las operaciones militares que ordenó como algo que “el mundo jamás ha visto antes”.
Pero la guerra no es el único frente en el que el republicano no está logrando sus objetivos. Esta semana hubo otro fallo judicial en contra de su agenda, obligándolo a frenar la construcción de su magna sala de baile a un costado de la Casa Blanca. Mientras, el Congreso –a pesar de estar bajo control de sus aliados subordinados– no ha logrado aprobar legislaciones en apoyo a varias de sus prioridades, ni en autorizar fondos para solucionar la crisis de los agentes federales de seguridad de transporte, que genera enormes filas en los aeropuertos.
Y continúan los pronósticos –aún más nutridos por estos reveses– de que el partido del presidente enfrentará una elección intermedia potencialmente desastrosa, incluso con la posibilidad de perder el control de mayoría de una o ambas cámaras del Congreso.
Presume la economía más fuerte
El mandatario insistió en que “hemos construido la economía más fuerte en la historia” y pronto continuará su auge; así lo afirmó como parte de su intento de proclamar que Estados Unidos bajo su mando nunca ha estado mejor. Aseguró que los precios de gasolina pronto bajarán y que la mercados bursátiles se dispararán.
Los asesores de la Casa Blanca alabaron una decisión por el liderazgo republicano de la Cámara baja de aceptar una propuesta para reactivar al Departamento de Seguridad Interna –el encargado entre otras cosas de la vigilancia en los aeropuertos– financiando todas sus actividades con excepción de su sector de control migratorio (los demócratas condicionan eso a cambio de modificar las operaciones contra extranjeros) después de casi dos meses de una clausura parcial.
El discurso de anoche también fue programado a sólo horas del lanzamiento de la misión espacial Artemis II, que llevará a cuatro astronautas para rodear la Luna por primera vez desde 1972. De hecho, Trump inició su discurso con ese tema, calificando la misión de algo que “nunca se ha hecho antes”.
Pero es posible que lo declarado sobre la guerra contra Irán y otros conflictos, como misiones lunares, son trucos asociados con los engaños tradicionales de este primero de abril, April Fools, que es el equivalente al Día de los Inocentes en otros países.
Con información La Jornada.

