Los responsables de Superauto.pl, empresa operadora del Estadio de Silesia, donde el artista Ye —anteriormente conocido como Kanye West— tenía previsto presentarse el 19 de junio, anunciaron la cancelación del concierto debido a “cuestiones formales y legales”. Así lo informaron este viernes a través de un comunicado difundido en Facebook, firmado por el director del recinto, Adam Strzyzewski.
Esta decisión llega después de las críticas vertidas por la ministra de Cultura del Gobierno polaco, Marta Cienkowska, que calificó de «inaceptable» la «decisión de organizar» un concierto de Kanye West en el país.
«Estamos hablando de un artista que ha expresado públicamente posturas antisemitas, ha restado importancia a crímenes y se ha lucrado con la venta de camisetas con esvásticas. Esto no son controversias. Se trata de un cruce deliberado de límites y de la normalización del odio», afirmó la ministra el pasado jueves a través de X.
También hizo hincapié en el pasado de Polonia, «un país marcado por la historia del Holocausto», para incidir en que no se puede «fingir» que «esto es simplemente entretenimiento». «La libertad artística no significa dar vía libre a todo. La cultura no puede ser un espacio para quienes la explotan para propagar el odio», concluyó Cienkowska.
A la cancelación en Polonia, se suma a la decisión anunciada este miércoles por West de cancelar su concierto en Marsella (Francia) previsto para el 11 de junio tras la advertencia del ministro del Interior del país galo amenazase de prohibir el evento. «Después de un larga reflexión, es mi propia decisión posponer mi concierto en Marsella hasta nuevo aviso», manifestó el artista.
Además, el pasado 7 de abril, Reino Unido bloqueó la entrada del rapero estadunidense tras sus mensajes en favor de del dictador alemán, Adolf Hitler. «Alguien que se ha jactado de ganar decenas de millones de dólares vendiendo camisetas con esvásticas y que lanzó una canción llamada Hail Hitler hace unos meses, evidentemente no sería beneficioso para el bien público», sentenció el primer ministro de Reino Unido, Keri Stamer, en un artículo publicado en el periódico The Sun.

