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PRIMERO LOS NIÑOS

Por Alfonso Malpica, presidente de @Procuramemx

¿Por qué escuchar a niñas y niños en los juicios? No es un favor, es un derecho

En los procesos familiares, los adultos hablan, los abogados argumentan y los jueces deciden. Pero muchas veces, la voz más importante queda excluida: la de niñas y niños. Escucharles no es un gesto de buena voluntad: es un derecho fundamental protegido por tratados internacionales y por la legislación mexicana.

El artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño reconoce el derecho de todo menor a expresar su opinión en los asuntos que le afectan y a que esta sea tomada en cuenta. En México, la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes obliga a jueces y autoridades a garantizar su participación efectiva en los procesos judiciales.

Escucharles no solo es un deber legal, también es clave para decisiones centradas en su bienestar. Niñas y niños pueden aportar información valiosa sobre su entorno familiar, sus miedos, sus deseos y necesidades. Ser escuchados les da sentido de dignidad, reduce su ansiedad y fortalece la confianza en las instituciones.

Sin embargo, aún se cometen errores: descartar su opinión por edad, interrogarles en entornos inseguros, manipular lo que dijeron o dar valor a su voz solo cuando coincide con lo que los adultos esperan.

Escuchar no significa interrogar. Significa brindar un espacio protegido, sin presión, con acompañamiento emocional y técnicas adecuadas. Un niño no es un testigo más: necesita personal capacitado y tiempo para expresar su perspectiva de manera auténtica.

En Procúrame creemos que la justicia empieza por escuchar. Defendemos que niñas y niños no son sujetos pasivos: tienen derecho a participar, a ser escuchados y a que su visión sea tomada en cuenta.

Cuando realmente les escuchamos, podemos protegerles mejor.

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