El gobierno de Donald Trump presentó un documento de 33 páginas titulado Estrategia Nacional de Seguridad, en el que establece un giro en la política exterior estadounidense con un énfasis particular en América Latina. El texto expone la intención de reforzar la influencia de Estados Unidos en la región y perfilar un papel más dominante, acompañado de una postura más estricta frente a la migración.
El documento inicia explicando que Estados Unidos necesita una estrategia clara y coherente para sostener su liderazgo global. Define que una estrategia debe vincular objetivos y medios de manera realista, priorizar acciones y partir de una evaluación precisa del escenario internacional. Desde esa base, la administración Trump plantea una renovación del enfoque de “Estados Unidos Primero”, alejándose de las tendencias multilaterales de décadas recientes.
La estrategia identifica a China como uno de los principales competidores y señala diferencias con Europa, a cuyos gobiernos acusa de debilidad ante temas como la inmigración. Sin embargo, también se rechaza la idea de que Estados Unidos deba buscar una dominación global permanente, asegurando que no está dispuesto a gastar recursos ilimitados para contrarrestar la influencia de todas las potencias. Pese a esto, el documento subraya que Washington impediría que otros países adquirieran hegemonía en regiones estratégicas.
Uno de los puntos centrales es la reorientación de la presencia militar estadounidense. El texto señala que la prioridad será atender amenazas en el hemisferio occidental, reduciendo despliegues en zonas cuya importancia ha disminuido. Coloca a América Latina como una región clave y retoma la Doctrina Monroe desde una perspectiva modernizada, denominada “Corolario Trump”, con la que se busca impedir que potencias externas, especialmente China, controlen activos estratégicos o establezcan presencia militar en el territorio latinoamericano.
La estrategia declara que Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para recuperar lo que considera su preeminencia en el hemisferio. Esto incluye medidas para frenar la migración ilegal, un tema que ha generado fricciones con México y Centroamérica. De acuerdo con el documento, la seguridad fronteriza es el pilar esencial de la seguridad nacional, y se considera una prioridad contener amenazas como terrorismo, narcotráfico, espionaje y trata de personas.
El texto también analiza la situación europea y responsabiliza su pérdida de influencia al ascenso de China y otras potencias emergentes. Advierte incluso que, de mantenerse las tendencias actuales, Europa podría enfrentar transformaciones profundas en las próximas décadas. La estrategia coincide con posiciones de partidos de derecha en Europa y critica a la OTAN, planteando que Estados Unidos no debe sostener una alianza de expansión indefinida.
En cuanto a Medio Oriente, el documento señala que la prioridad estadounidense se enfocará en garantizar el suministro energético interno, por lo que su atención hacia esa región disminuirá progresivamente. Respecto a Israel, reafirma que su seguridad es un interés estratégico, aunque evita el tono más entusiasta utilizado en la primera administración de Trump.
Sobre China, la estrategia propone fortalecer alianzas en Asia-Pacífico bajo el concepto de una región “libre y abierta”. Mantiene el apoyo al statu quo respecto a Taiwán, pero insta a Japón y Corea del Sur a asumir un papel más activo en su defensa, especialmente frente a la presión de Pekín.
Hacia el final, el documento plantea una crítica a las élites de política exterior que, tras el fin de la Guerra Fría, favorecieron un modelo globalista que, según Trump, no responde al interés nacional estadounidense. En su lugar, propone una política exterior enfocada en estabilidad regional, seguridad económica, protección de fronteras y recuperación de la base industrial del país.
El texto concluye reafirmando el principio de “Estados Unidos Primero”. Sostiene que la fuerza es el principal disuasivo para garantizar la paz y que Estados Unidos impulsará un modelo donde cada nación priorice sus intereses, al tiempo que Washington hará lo propio en un marco pragmático, de objetivos concretos y centrado en la seguridad nacional.
Con información de La Política Online
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