¿Y tú qué estratega necesitas?
No todos los estrategas sirven para todo.
Y no todos los momentos requieren lo mismo.
Pero lo que nadie dice es que muchas veces se busca a un estratega sin tener claro para qué. Se confunde un asesor político con un creativo de contenido. Un vocero con un diseñador de narrativa. Un operador digital con alguien que piensa la ruta completa.
Y entonces viene la frustración.
No porque el estratega no funcione… sino porque no era el que se necesitaba.
Hay estrategas de crisis, de campaña, de posicionamiento, de reputación, de comunicación interna, de marca, de guerra sucia, de reconstrucción. Hay quienes brillan en la urgencia, y quienes construyen en el largo plazo. Hay quienes te acompañan en la narrativa, y quienes hacen mapa y brújula.
Lo que nadie dice es que antes de contratar a alguien para “hacer estrategia”, hay que pensar en qué es lo que se necesita. ¿Dónde estás? ¿Qué necesitas resolver? ¿Qué estás dispuesto a cambiar? Porque sin eso claro, el estratega será adorno o verdugo.
¿Cómo saber qué tipo de estratega necesitas?
- Si estás en medio de una crisis mediática, como una denuncia pública o una filtración incómoda (¿alguien dijo #TelevisaLeaks?), necesitas alguien que sepa contener daños, leer medios, cuidar el lenguaje y anticipar reacciones. Necesitas a alguien que entienda la narrativa del riesgo. No necesitas un diseñador de postales para redes sociales.
- Si estás en pre-campaña, empiezas a recorrer territorio sin poder pedir voto, necesitas alguien que te ayude a construir relato, voz, tono y conexiones emocionales con la audiencia. Necesitas a quien sepa posicionar sin decir “soy candidato”. No necesitas a quien solo haga reels divertidos.
- Si ya tienes exposición, pero no credibilidad (muchos influencers lo viven al intentar brincar a la política), necesitas un estratega de reputación. Alguien que sepa alinear lo que dices con lo que haces, que construya confianza paso a paso. No necesitas a alguien que escriba boletines.
- Si estás reformando una institución desde dentro, como una dependencia pública en transición o una empresa en crisis interna, necesitas un estratega de comunicación organizacional. Alguien que entienda estructuras, resistencias y cambio cultural. No alguien que solo haga campañas bonitas hacia fuera.
¿Y qué pasa si eliges mal?
- Puedes terminar con una campaña viral… que no genera votos.
- Con una buena imagen… sin narrativa ni propósito.
- Con un plan de medios… con exposición pero sin control de daños.
- O peor: con alguien que expone más de lo que protege, que improvisa en vez de analizar, que te dice lo que quieres oír, no lo que necesitas saber.
Elegir al estratega equivocado no solo cuesta dinero: cuesta tiempo, credibilidad y control narrativo. Y a veces, ya no hay margen para corregir.
📌 Lo que sí podríamos hacer:
- Dejar de pedir «un estratega» como si fueran todos iguales.
- Preguntar por casos similares, no solo por seguidores.
- Clarificar objetivos, tiempos y márgenes.
- Saber que lo más caro no es el honorario: es contratar al perfil equivocado.
- Entender que la estrategia es acompañamiento, no espectáculo.
Porque lo que nadie dice es que no todos los estrategas te sirven en todos los escenarios. Pero el adecuado, en el momento correcto, te cambia la historia.
Por Ana Celia Casaopriego Padrón

