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Lo que nadie dice

Cuando la narrativa no aguanta lo viral

Cuando la narrativa no aguanta lo viral

 

Una empresa con décadas de historia controla su imagen con precisión hasta que un archivo de 5 terabytes lo rompe todo.

Un medio niega manipulación pero los hilos virales muestran otra cosa.

Una filtración en Telegram alcanza Twitter, TikTok e Instagram antes de que alguien en la oficina de comunicación siquiera reaccione.

Una marca intenta minimizar el escándalo pero su silencio solo lo multiplica.

¿Te suena familiar?

Los llamados #TelevisaLeaks reventaron el ecosistema digital como un caso de manual: alguien filtra documentos internos que revelan estrategias de desinformación, ataques coordinados y campañas sucias. El relato construido durante años se resquebraja en horas. No porque lo anterior fuera mentira, sino porque lo que se ocultaba pesaba más que lo que se decía.

Puedo asegurar que antes de la filtración ya se habían encendido varias alertas: periodistas cuestionando coberturas sesgadas, usuarios detectando patrones de ataque en redes y expertos señalando el uso de bots y narrativas orquestadas. La conversación existía, pero se ignoró. Y lo que se minimizó como ruido, terminó estallando como escándalo.

Hoy es común hablar de storytelling: contar historias para conectar, emocionar y movilizar. Pero cuando se usa para encubrir prácticas contrarias a los valores que se promueven, se cruza una línea peligrosa: el relato ya no construye reputación, la falsea. Eso es “storywashing”.

He trabajado en crisis digitales. Sé lo que es tener que reaccionar cuando el escándalo ya es tendencia. Pero también sé que los vacíos narrativos los llena la indignación colectiva. Y que lo viral no se apaga con negación, sino con estrategia.

En el caso de Televisa:

  • No hubo reacción inmediata ni posicionamiento claro.
  • La narrativa institucional apostó por desacreditar al filtrador, sin explicar los hechos filtrados.
  • El relato se centró en la forma (“una filtración ilegal”), no en el fondo (“lo que la filtración revela”).
  • No se habló con el público, se habló sobre el público. Eso nunca funciona.

 

Cuando el relato no está preparado, el escándalo lo cuenta por ti.
Cuando la narrativa no tiene sustento, lo digital la desarma.

 

📌 Lo que sí podríamos hacer:

– Diseñar relatos que resistan contrastes, no solo que suenen bien.

– Tener protocolos de crisis digital con voceros entrenados y escucha activa.

– Responder con hechos, no con frases vacías.

– Entender que en el mundo digital, la verdad no es lo que se dice: es lo que se prueba.

 

En plena era de la hiperconexión, el prestigio no se construye con campañas, sino con coherencia. Y cuando el relato colapsa, lo que queda al descubierto no es el escándalo: es la estrategia que nunca existió.

 

 

Ana Celia Casaopriego

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