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NASA quiere volver a la Luna en 2028, pero una maniobra clave podría retrasarlo todo

La NASA ya tiene la mira puesta en regresar a la Luna en 2028 con una misión tripulada que marcaría una nueva era espacial. Tras el éxito de Artemis II, la agencia confirmó que el siguiente gran paso dependerá en gran medida de empresas privadas como SpaceX y Blue Origin.

El plan no solo busca volver al satélite natural de la Tierra, sino establecer las bases para una presencia humana sostenida en el futuro. Sin embargo, el calendario es ajustado y existen desafíos técnicos que podrían retrasar la misión.

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De visitas breves a estancias prolongadas en la Luna

Durante las históricas misiones Apolo, los astronautas permanecían apenas unos días en la superficie lunar. Eran viajes cortos enfocados en demostrar capacidad tecnológica.

Ahora, la meta es muy distinta. La NASA pretende enviar hasta cuatro astronautas durante varias semanas, con la visión de construir una futura base lunar. Esto exige sistemas mucho más avanzados, nuevas estrategias logísticas y una colaboración estrecha con la industria privada.

Dentro del programa Artemis, el esquema será diferente al de los años sesenta. Ya no dependerá de un solo cohete como el Saturn V, sino de varios lanzamientos y vehículos especializados.

SpaceX y Blue Origin tendrán un papel decisivo

Una de las mayores novedades es que la cápsula Orion llevará a la tripulación hasta la órbita lunar, pero no será la nave encargada de descender a la superficie.

Para eso entran en escena los módulos desarrollados por SpaceX y Blue Origin, vehículos que la propia NASA considera entre dos y siete veces más grandes que los usados en el programa Apolo.

Esto permitiría transportar más equipo científico, aumentar la autonomía de los astronautas y facilitar estancias más largas. Pero también incrementa la complejidad de la misión.

El repostaje espacial, la gran prueba pendiente

El mayor reto técnico será repostar combustible en órbita, una maniobra esencial para que estos enormes módulos puedan viajar hasta la Luna.

Debido a su tamaño, necesitarán ser abastecidos en el espacio mediante varios lanzamientos adicionales. En otras palabras, no bastará con despegar una sola vez: se requerirá una cadena precisa de misiones perfectamente sincronizadas.

Si uno de esos pasos falla, toda la operación podría verse comprometida. Por eso expertos consideran este sistema mucho más potente, aunque también más vulnerable.

La carrera lunar también es geopolítica

El regreso de la NASA a la Luna no ocurre en solitario. China también trabaja en su propio programa tripulado y busca enviar astronautas antes de 2030.

Eso ha generado presión dentro de la agencia estadounidense, donde algunos analistas advierten que perder tiempo podría significar ceder liderazgo en la nueva carrera espacial.

Para cumplir la fecha de 2028, antes deberán completarse varias pruebas críticas:

  • – Demostrar el repostaje en órbita
  • – Enviar un módulo lunar sin tripulación
  • – Realizar acoplamientos complejos en el espacio
  • – Validar todos los sistemas de seguridad

Mucho más que una misión espacial

Lo que está en juego no es solo volver a pisar la Luna, sino transformar la exploración espacial en una operación permanente.

Si todo sale según lo previsto, la Luna podría convertirse en una extensión de la actividad humana y en una plataforma para futuras misiones a Marte. Pero si los plazos se rompen o la tecnología falla, el regreso podría aplazarse durante años.

Esta vez, el objetivo no es solo llegar. Es quedarse.

Con información de la Revista Muy Interesante.

AS.

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