Israel lanzó ayer un asalto terrestre a la ciudad de Gaza, cumpliendo con una amenaza que había anunciado desde hace meses. Autoridades israelíes reconocieron que la ofensiva busca derrotar a los combatientes de Hamas, estimados en unos 3 mil, y que las operaciones podrían prolongarse durante varios meses. El ministro de Defensa, Israel Katz, aseguró que “Gaza está ardiendo” mientras las Fuerzas de Defensa de Israel intensificaban los ataques.
El saldo humano ha sido devastador. En las primeras horas del asalto, fuentes médicas en Gaza reportaron más de 40 muertos, cifra que después ascendió a por lo menos 104. Entre las víctimas había mujeres y niños que quedaron atrapados bajo los escombros de edificios residenciales destruidos por los bombardeos. Testigos relataron escenas desgarradoras, como cuerpos de menores sacados de entre ruinas y familias enteras que quedaron sepultadas.
Los ataques han reducido a escombros mezquitas, torres residenciales y barrios completos, mientras miles de palestinos intentan huir hacia el sur y el oeste en condiciones precarias. Residentes denunciaron que la ofensiva no sólo destruye infraestructuras clave, sino también la memoria y la vida de generaciones enteras. Hamas negó que use edificios civiles para fines militares, como justifica Israel, y acusó al gobierno israelí de difundir “mentiras descaradas”.
El asalto ocurre pese a las advertencias de líderes europeos y de voces internas en Israel que advirtieron que una operación de esta magnitud podría ser un error costoso. Estados Unidos, por su parte, expresó un respaldo tácito. El secretario de Estado, Marco Rubio, acompañó al primer ministro Benjamin Netanyahu y advirtió que, aunque Washington preferiría un fin diplomático, está preparado para escenarios más violentos.
La comunidad internacional reaccionó con fuertes críticas. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Turk, condenó lo que calificó como una “carnicería” y pidió el fin inmediato de la ofensiva. Países como Gran Bretaña, Alemania, Canadá, Suecia y Países Bajos se pronunciaron en contra, mientras que Cuba reiteró su denuncia de genocidio contra Israel. Paralelamente, en Tel Aviv, manifestantes exigieron a Netanyahu un alto al fuego y un acuerdo que ponga fin a la violencia.
Las cifras de víctimas en Gaza continúan creciendo. De acuerdo con la relatora de la ONU Francesca Albanese, los ataques podrían dejar hasta 680 mil muertos si continúan al ritmo actual, cifra muy superior a las estimaciones previas. A casi dos años de ofensiva, las autoridades sanitarias locales contabilizan al menos 65 mil muertos y más de 65 mil heridos, incluidos cientos de niños fallecidos por hambre y desnutrición.
Con información de La Jornada
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