Qatar y el lavado deportivo

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Por Israel Navarro

Twitter @navarroisrael

Cuando un país autoritario y con restricciones de derechos humanos tiene la intención de abrirse al mundo, por un interés político o monetario, necesita limpiar su imagen internacional. Para ello, hay una estrategia de relaciones públicas llamada “lavado deportivo”, la cual consiste en organizar un evento de alto perfil como un partido, carrera, torneo o llevar a algunas estrellas de algún deporte para mostrar al mundo las bondades del país por encima de los abusos de poder que ocurren en él.

Para ello, se necesita algo simple: dinero. En el caso de Qatar abunda. De hecho, ellos no necesitaban la derrama económica que deja el Mundial. Por ello, se animaron a comprar la anfitriona de la Copa del Mundo. La pregunta es si este evento alcanzó para cambiar la percepción internacional sobre el país.

Por si no lo viste:

Por un lado, se vio la capacidad de ejecución que tiene el pueblo catarí. Construir 8 estadios en 12 años, además de infraestructura turística, no es cosa fácil. Pero que el turista esté cómodo tiene un precio. Muchos de los trabajadores que construyeron estas obras son migrantes que, de acuerdo a organizaciones como Humans Rights Watch, fueron explotados, literal hasta la muerte.  

Y por otro lado, se confirmaron las evidencias de corrupción en la designación de Qatar como sede de la Copa del Mundo. Si bien 11 de los 22 miembros participantes en la votación han sido multados, suspendidos o encarcelados, el Mundial del 2022 comenzó marcado por el sello de los sobornos.

Posteriormente, vinieron las quejas por las restricciones de Qatar en cuanto a derechos humanos, libertad de expresión y consumo de alcohol. Si bien, los turistas tienen que acatar las reglas del país que visitan y la FIFA una vez que autoriza la sede tiene que aceptar la cultura del país organizador, el choque de las civilizaciones no fue menor en el 2022.

De ahí que algunas selecciones protestaran, como la inglesa, la alemana, la danesa y la americana porque la FIFA les prohibió usar el brazalete de la campaña OneLove a favor de la comunidad LGBTI, so pena de ser amonestados.

Qatar mandó una señal clara al mundo: hay dinero para hacer que las cosas pasen, pero sus reglas no son flexibles. Si esa es la imagen que buscaban, la Copa del Mundo fue un éxito, pero si querían sensibilizar al mundo, creo que evidenciaron que en su país se acentúan los vicios de las estructuras de poder que operan a nivel internacional. Y la FIFA, fiel al servicio del mejor postor. Nos vemos en México, Estados Unidos y Canadá. ¡Y felicidades a mis cuates argentinos!