Por mi plagio hablará el espíritu

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Por Israel Navarro

Twitter @navarroisrael

Mientras andaban en las posadas, el pavo, y el ponche, la UNAM entró a uno de los episodios más difíciles de su historia: el escándalo del supuesto plagio de la tesis por parte de la Ministra de la Suprema Corte de Justicia Yasmín Esquivel. ¿Y por qué es una crisis mayúscula? Pues porque sea cual sea la salida que se le dé al caso, la UNAM no va a salir bien librada en términos de imagen o de costo político. Voy por partes.

Resulta que, aunque el presidente López Obrador lo niegue, tenía sus fichas puestas en Yasmín Esquivel para que fuera la sucesora de Arturo Zaldívar. ¿Por qué ella? Pues, primero, porque fue propuesta por AMLO para ser ministra desde el 2019; segundo, porque ha sido una de las ministras que más ha votado a favor de los asuntos del presidente; tercero, porque es esposa de José María Riobóo, uno de los contratistas favoritos del presidente; y cuarto, porque teniendo una relación así de cercana es más fácil meter mano en el Poder Judicial.

Por si no lo viste:

Con lo que no contaban es que le iban a salir acusaciones de haberse fusilado una tesis que se publicó un año antes de su examen profesional de licenciatura. ¿Qué implica esto? Que si se dictamina que la Ministra Esquivel cometió plagio, tendrían que retirarle el título de abogada y su cédula profesional. Por lo tanto, no podría ser ministra, y además se tendrían que revisar todas las sentencias que emitió.

La ministra ha salido a defenderse con supuestos testimonios notariados del alumno que publicó la tesis en cuestión previamente, y hasta la Fiscalía de la Ciudad de México ha tratado de certificar que no hubo piratería. Pero la decisión final no está en ningún notario, perito o autoridad judicial, sino en la UNAM. Y aquí viene la parte fea.

Si la UNAM falla que sí hubo plagio, el presidente no va a estar nada contento en que le toquen a una ministra cercana. La universidad tendrá que soportar el embate presidencial y las etiquetas que acostumbra poner a cualquier organización autónoma que le signifique oposición a su ideología o planes. “Derechista”, “conservadora”, “neoliberal” serán los calificativos más suaves que le pondrá a la UNAM desde el púlpito de la mañanera. Y si dice que no hubo plagio, perderá credibilidad ante sus graduados y la opinión pública porque las coincidencias en los textos y los tiempos en los que se presentaron apuntan a un claro fusil, por lo que la gente ya ha formado su propio veredicto. Ergo, la UNAM se está jugando su prestigio con esta decisión y está pagando el ganso, perdón, el pato del juego de polarización y el autoritarismo que usa el presidente para cooptar las instituciones y poderes que no están bajo su control.