Soy el dueño de mi silencio

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Lo repitieron como evangelio una y otra vez.

Se cansaron de decirlo.

De llenarse la boca con flores y espuma de colores.

De supuestamente abrir los brazos mientras se preparaba un golpe artero para asestarlo directo a la boca de aquellos con los estómagos vacíos.

Que se crearía un plan de “ocupación” del sur por parte de los centroamericanos que huyen o migran de su región.

Trabajarían depredando la selva con el tren maya, se capacitarían para construir una refinería sobre manglares y ayudarían a revivir un tren transítsmico que sería detonante de inversión y productividad y que nos llevaría a que daneses y noruegos nos tuvieran una canija envidia.

El 17 de enero con Doña Olga en pleno paso fronterizo el gobierno recibió con una sonrisa a centenares de centroamericanos. Sólo tenían que registrarse para tener un permiso de estancia de un año, sin ninguna restricción.

Los migrantes gritaban :  ¡Viva México! con justificada razón.

Empezaron a exigir transporte y se les dio. Contrario a lo que ingenua o estúpidamente esperaban las autoridades, las caravanas se multiplicaron y no se quedaron en el sur esperando un trabajo que nunca llegaría.

No.

Como era obvio, la esperanza no estaba en un territorio del sureste mexicano que brindaba apenas un poco más de seguridad y alimento. No.

El objetivo era el norte. El sueño americano.

Y así llegaron a la Ciudad de México en donde se instalaron en campamentos en la ciudad deportiva, llegaron los caracoles e inciensos oportunistas de siempre, cantantes y políticos los usaron para tomarse la foto y una vez la selfie de rigor, que Dios los acompañe porque ellos por supuesto que no.

Arribaron finalmente a Tijuana y como era lógico, el norte endureció la vigilancia y el problema se quedó de este lado de la frontera. Sin lugar para que pudieran permanecer y ser atendidos surgieron los conflictos con los locales que, también con justa razón, vieron invadida su vida y trabajos.

La migración escaló de forma exponencial y nuestra secretaria de gobernación no atinaba una.  Los locales se volvieron más violentos y los migrantes también sacaron lo suyo. Aumentaron las deportaciones, las desapariciones, los accidentes, los muertos y los heridos.

Como brillante idea contra los violentos se decidió sacar de quién sabe donde millones de pesos para ayudarlos a cruzar el territorio con la esperanza de que lograran cruzar la frontera y el problema se quedara por fin, del otro lado.

Se gastó dinero de forma inútil y sin estrategia llegamos a junio de 2019 cuando el otro imbécil que gobierna desde la Casa Blanca, viendo que la campaña por la reelección empieza a asomar, en otra de sus amenazas recurrentes nos amaga con cobrar aranceles a todas las importaciones mexicanas  hacia los estados Unidos de forma progresiva y empezando en un 5 por ciento hasta llegar a un temible 25 por ciento en octubre de este año, si no se hacía algo radical para contener a los miles que cruzan la frontera sur de México.

Sin entender que el problema no era comercial sino de migración, nuestro payasito mañanero, a pregunta expresa sobre que opinión le merece que trump haya dicho que : “México necesita a Estados Unidos y no Estados Unidos a México”  sólo atina a extender los brazos, hacer en cada mano la señal de amor y paz y ante la insistencia de la reportera, atina a esgrimir una sonrisita burlona y balbucear un grosero, prepotente, arrogante, desdeñoso, idiota y miserable :

“Soy dueño de mi silencio”.

De ese tamaño la soberbia.

De ese nivel nuestro gobierno.

De ese nivel el grado profesional de la idiotez.

Mientras, en Washington, la comitiva encabezada por el carnal Marcelo llegaba con cuatro días de antelación  y era forzada a esperar dos días en una clara muestra de desprecio y grosería.

El tono de la amenaza arancelaria subía y de este lado del río nuestro escapista que no estadista, sacaba de la chistera un mítin en Tijuana disfrazado de acto de unidad nacional contra las amenazas y en busca de la amistad entre gringos y aztecas.

Presurosos, los secretarios y diputados lamesuelas corrieron presurosos a comprar sus boletos de avión y reservar sus cuartos de hotel para estar presentes en el acto convocado por el campeón del humorismo nacional.

En Washington por fin recibían a nuestra comitiva y una vez que el vocero de la secretaría de relaciones exteriores, Lord Cacahuates, Roberto Velasco, se terminaba las botanas de la casa blanca en una muestra más de la ignorancia sobre el protocolo y la seriedad de las reuniones bilaterales, se pudieron exponer nuestros mas profundos temores , miedos y recelos.

Fueron un par de días tensos en los que muchos esperábamos que la posición de México fuera finalmente entendida, que se mantuviera una dignidad sin sometimiento, que se le plantara cara a un golpeador contumaz y que no se mandaran al carajo el millón de dólares por minuto que se comercian día con día entre dos países que comparten mucho más que tres mil kilómetros de frontera.

No sucedió.

Ebrard llegó al mítin de Tijuana con un entusiasmo exultante . Le robó el show a López.

Delatado en su manera de expresarse, sus palabras no reflejaban la poca emoción de su cuerpo, con la cara de un niño que pasa al pizarrón y voltea a ver al maestro buscando la aprobación ante la suma que acaba de hacer, dijo :

“No hay tarifas, presidente y salimos con la dignidad intacta”.

Creo que Ebrard y yo y algunos más tenemos una clara discrepancia del concepto dignidad.

¿A qué dignidad se refería el canciller ?

¿A la suya ? ¿A la de López ? ¿Quizá a la de Noroña? ¿A la de los diputados, senadores y secretarios lamesuelas y besamanos?

Seguramente a la de ellos y la de algunos millones más que se están acostumbrando a simplemente estirar la mano y recibir un dinero que no merecen.

Porque es claro que no hablaba de la dignidad de los migrantes que esperan detenidos en algún puesto sur de Chiapas ó del norte en Tijuana ó de los agricultores mexicanos que prometieron salvar y empoderar con aquellas, ahora tristes, muy tristes declaraciones que le sirvieron para amarrar más votos usando los ojos y las manos cansadas de tantos miles de campesinos que una vez más, volvieron a creer esperanzados, en apoyos e incentivos que nunca llegarán.

Al tiempo que los aplausos sonaban, seis mil efectivos de la nueva Guardia Nacional serán trasladados a  militarizar la frontera sur siguiendo instrucciones claras y precisas de trump y sus secuaces.

La frontera sur de México obedece desde el viernes 7 de mayo órdenes que salen del 1600 de Pennsylvania Avenue.

Y México todo será el muro de trump. Así de claro.

El templete que era parte de una acto de campaña de un gobierno en funciones todavía no era retirado cuando el idiota del norte garantizaba que las importaciones mexicanas de granos, comestibles, cerdo y soya aumentarían de forma significativa beneficiando a los agricultores norteamericanos y a la planta sindical gringa.

Tal parece que trump en un gesto de amistad y solidaridad con López, demostrando que entiende la idiosincrasia del mexicano , hizo suyas las palabras del infumable taibo y les dijo a los negociadores nacionales, de frente y sin anestesia : … “se las metimos doblada, camarada”… para luego irse tranquilamente a jugar golf a Miami.

No, no hubo dignidad ni ganancia en esa negociación.

Que el agente naranja haya calmado sus impulsos momentáneamente no significa absolutamente nada. Ya encontró la fórmula y sabe que ésta obedece al miedo. Y así se manejará.

En el acto matraquero y populachero de Tijuana la única voz, y eso porque al volar en una línea de bajo costo no le pudieron servir sus whiskies, fue créalo ó no querido lector, la de muñoz ledo aunque al final tuvo que someterse al besamanos aplaudidor  :

“Lo que en mi criterio es inmoral e inaceptable, es el doble rasero entre la frontera norte y la del sur. Por una parte exigimos que nos abran las puertas y por el otro sellamos el paso de los centroamericanos para hacerle un favor a los Estados Unidos. La migración es un derecho humano que debe ser respetado.

La vía que hemos encontrado es la mejor y quiero felicitar a los negociadores encabezados por Ebrard y Bárcena que tuvieron una actitud paciente y que jamás se dejaron chantajear … ( sic )…”

Don Porfirio, no se engañe eso se llama chantaje barato de cantina y es algo de lo que usted es un especialista consumado. Tanto por la cantina como por el chantaje.

Imagine lector si esta “negociación” hubiera sucedido en los gobiernos anteriores.

Las marchas, los mitines, la exigencia de renuncia, las piedras sobre la embajada de los Estados Unidos, Noroña desgarrándose las vestiduras en pleno Reforma, los gritos de traidores y vendepatrias, los llantos lacrimógenos lamentando la virginidad y soberanía perdidas, estarían hoy en boca de todos los que mansamente y cobardemente aplauden a rabiar a López.

Se les engañó y mintió a los migrantes.

Se traicionó a aquellos que se les juró y perjuró : “Vamos a producir en México TODO lo que consumimos. Ya no vamos a comprar al extranjero lo que se está consumiendo de alimentos en la actualidad…”

A seis meses de la promesa del cambio se traiciona impunemente a campesinos y agricultores.

El campo queda una vez más lleno de palabras y promesas rotas, sin semillas, sin infraestructura, con precios de garantía que desincentivan la productividad.

Y los estantes de los comercios inundados de productos gringos.

De nueva cuenta, ¿Primero los pobres?

El acto de Tijuana, la negativa a asistir al G20 y la respuesta mañanera de López donde se ufana de ser dueño de su silencio exhiben una vez más la soberbia y el mediocre destino que nos espera con un gobierno que se niega a salir al mundo y plantarle cara a los imbéciles.

Esta era la oportunidad de decirle a Trump y a sus masas ignorantes que sí, que podrán creerse los amos del mundo y que las armas y su dinero los hacen sentirse invencibles pero que sin nosotros no existen.

Que 36 millones de mexicanos sí hacen la diferencia en la economía estadounidense.

Que de éstos, 11 millones de indocumentados pagan 11,600 millones de dólares en impuestos municipales y estatales.

Que cerca del 14 por ciento de la población actual de Estados Unidos nació en el extranjero.

Que los inmigrantes son responsables del 28 % de las patentes de alta calidad y que pagan más impuestos que lo que reciben en servicios del gobierno cuando se les compara con los trabajadores nativos.

Y que los hispanos son el mayor mercado minoritario del país y el gasto global de los consumidores estadounidenses impulsa cerca del 70 % del PIB de Estados Unidos y que según el Selig center de la Universidad de Georgia, el poder de compra de los hispanos superó los 1.8 trillones de dólares en 2017, cerca del 15 % del total de Estados Unidos.

Pero no.

A nadie se le ocurrió mencionar que sin la mano mexicana los campos de jitomate y algodón , las cosechas de naranjas y fresas, la construcción, las fábricas de automotores, los servicios y cientos de cosas más se colapsarían dejando con un palmo de narices a millones de norteamericanos.

Nadie pensó en dar cifras, en argumentar que la violencia en México tiene relación directa con el consumo de drogas y con lo que se meten millones de gringos cada día.

Nadie tuvo el valor de decir que la única manera inteligente de frenar el flujo migratorio es  con inversión y responsabilidad y no cortando la ayuda y cerrando los ojos ante una realidad que existe y sigue ahí.

No.

El gobierno prefirió hacer una celebración grosera, una reverencia al chantaje y nuestro presidente decidió hacer la señal de amor y paz y ser dueño de su silencio cuando tendría que haber apretado los puños, amarrado el pantalón y exigir a toda voz, con argumentos irrefutables, respeto.

Prefirió el silencio cobarde y al hacerlo traicionó, una vez más, su palabra.

Una vez más.

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