No hablen en mi nombre

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No hablen en mi nombre El Tecolote MX

Pedro Garfias, escritor salamantino da vida al poema Asturias el 20 de octubre de 1937 tras la caída de la provincia a manos de la dictadura franquista.

El jueves 20 de noviembre de 1975 a las 5:20 de la mañana Francisco Franco, Dictador de España, muere en Madrid.

Agosto – Noviembre de 1975.

Tras la derrota de no haber logrado acceder al sueño de mi madre de seguir estudiando la preparatoria en el Centro Universitario México y de alguna manera evitando a toda costa seguir algunos pasos familiares, contando con la complicidad de algún paciente de mi padre, llegó finalmente al Instituto, Luis Vives, Colegio Español de México.

Mixto, republicano, solidario, plural y absolutamente diferente a lo vivido en toda mi infancia, significó una de las épocas más felices, libres y abiertas de mi vida.

Sólo quién ha pasado por colegios religiosos donde entre cada misa de los lunes y los sermones inacabados en donde las mujeres representaban la peor de las tentaciones y ser inquisitivo era motivo de la caída de la tapa del escritorio de madera sobre tus manos, entenderá lo que significaba aquella brisa de aire fresco que me golpeaba de frente y en la cara.

El universo que me rodeaba era diverso. Hijos de exiliados españoles, refugiados chilenos que escapaban de Pinochet y argentinos que intuían el golpe de estado de Videla del 76, profesores que habían salido de la España franquista y otros como yo que empezábamos a descubrir la mezclilla, el pelo largo, el cuestionar y ser cuestionado y que nos reconocíamos en algo nuevo y lindo llamado solidaridad latinoamericana.

Haciendo uso y abuso de la memoria creo haber llegado al día siguiente y haber encontrado una escuela diferente. Un alma distinta. Una sonrisa que no se quitaba de muchas caras y una jornada festiva donde los maestros urgían las noticias y en los pizarrones la tiza dejaba el mensaje contundente:

¡Franco ha muerto!

Era una época en donde los malos eran más fácilmente reconocibles y en donde las noticias corrían con el suficiente tiempo para digerirlas y donde de algún modo, el abrazo era un poco más solidario.

Al abrazar al mundo uno se abrazaba.

Alguien en algún momento de lucidez decretó que ese día nos fuéramos temprano, no había ánimo para estudiar la historia de la mano de la Lola ó la física con Don Luis.

Del patio subí por la escalera y apenas entrar al salón de clase donde había dejado mis apuntes frené los pasos y callé la voz.

Ahí estaba, recargada sobre la mesa y con las manos abiertas, envuelta en lágrimas grandes que corrían liberadas después de haber sido guardadas por décadas y recitando quedito los versos más sentidos que he oído a nadie pronunciar jamás.

Doña Aurora Molina, valenciana emigrada y profesora de estéticas estaba en ese momento de vuelta en España y abrazando sus recuerdos.

Alguien, mujer también, entró y la abrazó. Le dijo con voz firme:

“Vamos Aurora, hagámoslo afuera”.

Abrazadas salieron por la escalera principal y junto a varios entrañables maestros comenzaron a decir los versos de Asturias.

Los que estábamos ahí, pasando ya para irnos, quedamos al pié de la escalera, escuchando palabra a palabra aquel poema de amor a la tierra emocionados hasta la médula sin saber y comprender (quince años en ese entonces no bastaban) la importancia de poder decir aquellos versos, ya liberados y ya con el pequeño gramo de justicia que la vida, más tarde que temprano, había otorgado al fin a la lastimada pero sobreviviente, República española.

Desde ese día, las dictaduras, sus dictadores y yo no nos llevamos bien,

El 20 de mayo de 2018, Nicolás, el hombre que viaja al futuro y habla con pajaritos, el iluminado devenido en dictador de Venezuela desconoce a la Asamblea Constituyente legalmente establecida y nombra una alterna que le organiza una elección a modo que resulta en un fraude descomunal y es usada para seguirse perpetuándose en el poder hasta 2025.

El martes, el pueblo venezolano, sale a las calles y proclama al presidente de la Asamblea que desconoció Nicolás como presidente electo según las leyes y constitución venezolana y es reconocido por la gran mayoría del continente con excepciones de Bolivia, Cuba, Nicaragua y México además de un puñado de países caribeños.

El gobierno de México se deshace en explicaciones, invoca doctrinas de hace 88 años nacidas en contextos y situaciones locales que buscaban salvaguardar intervenciones extranjeras sobre los gobiernos post revolucionarios de México y asume una posición cobarde que resulta cómplice del fraude electoral del 20 de mayo evitando reconocer Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y otorgando el apoyo tácito a la dictadura de Maduro.

En las conferencias mañaneras, donde más de la mitad de los presentes tienen lagañas en los ojos y el gabinete aguanta estoicamente de pié las valentonadas y ocurrencias del redentor en el más puro estilo “aló presidente “, López invoca y se envuelve cual niño héroe en la bandera de la no intervención:

“México no romperá relación ni desconocerá al gobierno de Venezuela, no queremos confrontación ni pleito, queremos una relación de amistad con todos los pueblos y gobiernos del mundo. En momentos difíciles, para no equivocarnos lo mejor es ceñirnos a los que establece la Constitución y poder conjugar en armonía, reiteramos el principio de no intervención“

Es decir, les importan un pepino las violaciones sistemáticas de la dictadura de Maduro a los derechos humanos y que el proceso electoral haya sido una burda farsa casi casi como las consultas ciudadanas para decidir futuros de aeropuertos ó trenes mayas.

Y convenientemente ignoran la historia:

Lázaro Cárdenas, Tata Lázaro, uno de los cinco que adornan el logotipo de la cuarta transformación y ante cuya imagen se arrodilla nuestro tlatoani cada vez que se necesita rompió relaciones con España cuando Francisco Franco tomó el poder en 1939. Proporcionó 2 millones de dólares de aquella época en ayuda y asistencia material que incluía 20 mil fusiles, cartuchos y un pequeño número de aviones de fabricación estadounidense a los republicanos.

Tata Cárdenas recibió a miles de refugiados de la guerra civil incluyendo en 1937 a 456 menores de edad, hijos de republicanos conocidos como “Los niños de Morelia ó niños de la Guerra” a petición del Comité Iberoamericano de ayuda al pueblo español.

El telegrama del Presidente Azaña agradeciendo a Cárdenas es contundente:

“Con viva satisfacción leo su telegrama participándome feliz arribo expedición niños españoles que por gentil iniciativa damas mexicanas reciben cariñosa hospitalidad. Tomándolos bajo su protección Estado Mexicano continúa actos generosos de auxilio y adhesión causa libertad de España que este pueblo agradecido nunca olvidará”

¿No intervención canciller Ebrard y señor López? ¿Seguros?

Aún más, casi 34 años después, otro de los presidentes de México al que la cuarta transformación le rinde culto en plegarias y acciones, Luis Echeverría, en abril de 1973 no reconoció y condenó la dictadura de Franco:

“A pesar de las décadas transcurridas desde entonces México sostiene y sostendrá la legitimidad de la república Española y el compromiso solemne de no reconocer a un régimen impuesto por la intervención extranjera“

Y un par de años después, el 28 de agosto de 1975, a raíz de la ejecución de 2 militantes de ETA y 3 de las FRAP, Echeverría no tuvo problema alguno para pronunciarse así de la dictadura franquista:

“México une vehemente, su convicción y su voz a la comunidad internacional en su condena por las graves y repetidas violaciones a los derechos humanos que ha cometido el régimen dictatorial, que desde la destrucción de la república, ofende al pueblo español “

De nuevo la pregunta: ¿no intervención?

En 1979 mi casa en una colonia de clase media al sur de la Ciudad de México se volvió habitación, centro de acopio, sala de noticias y refugio temporal de muchos jóvenes nicaragüenses, y otros no tanto, que luchaban por derrocar una dictadura de más de cuarenta años de los Somoza.

La mitad de mi sangre por herencia paterna, los buñuelos y el pan de mi abuela cocinera y la complicidad de mi abuelo se mezclaban con las pláticas y las anécdotas que llegaban a casa.

Hice mía la revolución y tuve oportunidad de que la piel se me volviera a enchinar como aquella mañana de noviembre al pié de la escalera del Vives.

Mi infancia feliz de los veranos y los diciembres en la tienda de mi abuelo en Masatepe me obligaban a abrazar los ideales, luego trastocados, de una revolución que contaba en ese entonces y como ninguna otra, con la solidaridad mundial.

Cada noche esperábamos las noticias como lluvia de mayo, recibíamos algunos partes de lo que estaba sucediendo por algunos dirigentes que llegaban a descansar los pies y a calmar el hambre con lo que mi madre, cual mago magnífico, sacaba de la cocina.

Mi padre curaba dientes, regalaba medicinas, sanaba almas y ponía algunos pesos en los bolsillos de los que una vez reconfortados, volvían al campo de batalla ó a los esfuerzos para ganarse más solidaridad y recursos entre los países para lograr derrocar una dictadura sanguinaria e infame.

Cedía mi habitación a jóvenes y funcionarios del movimiento sandinista y asistíamos a los conciertos de solidaridad en la Sala Nezahualcóyotl en donde Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina nos emocionaban.

La solidaridad se sentía en la ciudad y en el continente.

El presidente de esa época era otro López, Portillo, y con toda su ineptitud tuvo los arrestos para ponerse del lado correcto de la historia.

A raíz del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, director del diario La Prensa el gobierno mexicano decidió intervenir de manera frontal contra la dictadura somocista. A través del comandante Tomás Borge y la dirección nacional priista se ofrecieron a la guerrilla sandinista casi un millón de dólares para “gastos de viaje“, y la oportunidad de hacer propaganda de su causa en la capital del país.

Así mismo, la embajada de México en Managua se convirtió en centro de conspiraciones anti somocistas y lugar de reunión de dirigentes de oposición albergando casi 430 asilados y destacados miembros del grupo de los doce.

El día 20 de mayo, López Portillo se entrevista con el presidente de Costa Rica, Rodrigo Carazo y escucha de viva voz lo que ocurría en Nicaragua y decide romper relaciones con Somoza de inmediato.

La ruptura tenía como base el el genocidio y la violación de los derechos humanos del pueblo nicaragüense y se basaba en documentos ampliamente respaldados por el Informe de la Comisión Interamericana.

¿No intervención?

En marzo de 1980 el canciller Jorge Castañeda escribió:

“El país necesita cambiar su tradicional actitud defensiva frente al mundo. El exterior no es ya, inexorablemente, como pensábamos en el pasado, sólo fuente de males sin nombre que no podemos remediar. Claro está que el salir de casa representa riesgos. Pero encerrarnos pasivamente en ella, no sólo nos impediría defenderla adecuadamente, sino que además nos asfixiaríamos”.

El 19 de julio de 1979 el frente Sandinista de Liberación Nacional hizo su entrada triunfal en Managua. Esa noche la nueva junta de gobierno dejó Costa Rica y voló directo a Managua en el avión presidencial que López Portillo puso a su servicio, el Quetzalcóatl.

Se estima que entre 1979 y 1981 el apoyo material y económico de México a la revolución sandinista llegó a superar los 500 millones de dólares.

¿Insistimos en la no intervención ó le seguimos jugando a la conveniente desmemoria e hipocresía?

Al reconocer al dictador que viaja al futuro y habla con pajaritos, el gobierno que pide permisos a la madre tierra valida las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, las detenciones arbitrarias, los juicios sumarios y desconoce a la Asamblea Nacional del país que fue elegida democráticamente.

Se vuelve cómplice y alcahuete de un dictador y a nosotros nos embarra con su cinismo e hipocresía y nos deja llenos de vergüenza.

La paupérrima defensa basada en la Doctrina Estrada olvida que ésta fué para mantener la integridad territorial de un país que salía vulnerable de un conflicto armado.

Repetir como dogma No intervención muy temprano cada mañana no sirve más que para lavarse apenas la cara, mostrarse del lado impresentable de la dictadura y dejar en ridículo a millones de mexicanos.

Por eso, por mi historia y convicción, por Doña Aurora Molina, por mis abuelos, por los jóvenes que lograron derrocar a Somoza, por las condenas que México ha hecho de dictaduras feroces y sanguinarias del cono sur, porque ya basta de alcahuetear imbéciles les prohíbo señores Ebrard, López, Noroña, Ramírez y demás que hablen en mi nombre.

Yo no solapo dictaduras, ni de derecha ni de izquierda.

Que su poca vergüenza y desmemoria, su indignante salida fácil y su valemadrismo internacional hable por ustedes y no por millones de mexicanos que hoy tenemos que bajar la mirada apenados por su estupidez.

Así de claro.