Ya basta presidente

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Dos joyas repletas de insensibilidad, ceguera y oportunismo:

Una.

Con este apoyo, de la autorización para crear la Guardia Nacional, vamos a avanzar estoy seguro y vamos a serenar al país, duele mucho enterarse y tener noticias como estos asesinatos viles de Minatitlán, todo este fruto prohibido, todo esto que se heredó de la aplicación de una política económica antipopular y entreguista donde lo único que les importaba era saquear, robar….”

Lo dijo López después de dos días de oídos sordos y de desaparecer por arte de magia.

Dos.

“ El presidente va a ir a hablar con la gente, porque tiene que explicarles directamente a las personas, porque los medios lamentablemente están magnificando el drama y favoreciendo una muy mala encaminada política de oposición, destructiva, que ellos en su momento no atendieron esa situación…”

Lo dijo la senadora por Veracruz  Gloria Sánchez Hernández, quién llegó a esa curul al ser la suplente de la tristemente célebre Secretaria de Energía, la “lady adjudicaciones directas”, Rocío Nahle.

Dos joyas que retratan en cuerpo y alma a dos funcionarios públicos ante un Minatitlán que se suma a Ayotzinapa, Villas de Salvarcar ó Tatlaya: uno francamente perverso y otra decididamente con muy poca madre.

Nadie olvida esas promesas de campaña  y esas entrevistas a diestra y siniestra en donde el hoy presidente juraba y perjuraba, sin sustento de ningún tipo, que al día siguiente de asumir el poder, la violencia se terminaría en este lastimado y ensangrentado país.

Bastaba su dicho, su presencia allá en las alturas y la sola voluntad de su dedo para erradicar de golpe y sin porrazo los asesinatos, los secuestros, las extorsiones, las ejecuciones.

Treinta millones de ingenuos le dieron su voto.

Desesperados, unos quisieron creer en los milagros y en que López verdaderamente encarnaba esos poderes sobrehumanos. 

Otros idiotizados, se dejaban seducir por las promesas y palabras que querían oír.

Creyeron a pié juntillas que la patria por arte de magia se transformaría, por medios civiles, en una patria de abrazos y no de balazos.

Que la violencia se elimina por decreto y que el pueblo, ese ente que nadie conoce y del que todos se aprovechan en esencia es bueno y sabio, no mata, no roba, no viola y no asesina.

Creyeron que la realidad iba a sucumbir al tercer día de que el mesías decretara el fin de la guerra y la erradicación de la violencia.

No tardó mucho el México profundo en dejar desnudo al rey que se creía vestido con las mejores ropas de la honestidad valiente.

La tragedia de Tlahuelilpan en Hidalgo, en donde más de 150 personas, niños entre ellos, perdieron la vida se encargó puntualmente de desnudar a López y a ese pueblo bueno.

Eran los días de la guerra contra el huachicol que dejó a medio país paralizado y cuya estrategia ha resultado tristemente fallida.

Personas que robaban artera y alegremente combustible fueron sorprendidas por una explosión mortal.

Sí, López se presentó esa misma madrugada con el rostro compungido y afectado, probablemente por los fallecidos, pero su cara descompuesta era por otra razón: no era posible que su pueblo se estuviera robando la gasolina.

Al día siguiente lejos de condenar el robo, en una estulticia que pasará a la historia intentó minimizar el robo de combustible lanzando una arenga contra las políticas neoliberales y justifico al pueblo bueno diciendo que este fue orillado a delinquir por necesidad y porque “ no tuvo otra alternativa”.

El mensaje entonces fué claro y contundente a todos los que se han empeñado en hundirnos la cabeza en ríos de sangre y violencia:

La impunidad, el  verdadero gran mal de México adquiría ahora desde Palacio Nacional, una renovada patente de corso.

Él, al que tantos le creyeron que no se iba a prestar a malas mañas y malos juicios, que era de las aves que cruzan mil pantanos sin mancharse.

Él, el único ejemplo vivo en México de austeridad y honestidad.

Él, el de los doscientos pesos en la bolsa y el del austero jetta.

Él, el que se rasgaba la vestiduras diciendo que nada ni nadie por encima de la ley y que juró respetar y hacer respetar la Constitución, mostró al fin, su verdadera cara, el López real.

Ese López  tan real que hoy viernes llega a Minatitlán custodiado por doce camionetas de lujo  olvidándose que a él sólo el pueblo lo protege.

Ese López que se olvidó del pudor, la mesura y la congruencia y que así como exoneró a huachicoleros, ungió a Napito como senador y ya le fabrica una central obrera a modo para que siga en esa lucha tenaz de defensa del trabajador aunque les haya escamoteado 55 millones de dólares.

Ese López desmemoriado que devolvió esta misma semana todas las propiedades y recursos, que no la dignidad, a Elba Esther Gordillo.

Ese gobierno que ha entregado cerca del 80 por ciento de las licitaciones públicas bajo la vía de adjudicaciones directas.

Un López que se ha burlado de mandatos constitucionales, con el aval de senadores y diputados arrastrados y menesterosos, al presentar y re-presentar a las mismas personas en diferentes ternas para la Comisión Reguladora de Energía y ha amenazado la libertad de expresión haciendo responsable al pueblo de las consecuencias que pueda sufrir quién se atreve a cuestionar sus dichos y ocurrencias.

Y como un rey despótico, desde el trono instalado sin austeridad ni pudor alguno en Palacio se atrevió a conminar al pueblo :… “si tienen que escoger entre la ley y la justicia, no lo duden, escojan siempre la justicia …”

Él, el primero que tendría que exigir y exigirse el cumplimiento absoluto de la ley en un estado que ha ido perdiendo el derecho y la vida poco a poco.

Por eso son inadmisibles los dichos de López y de la idiota senadora.

Porque al perdonar a corruptos y hacer arreglos en lo oscuro, ese pueblo bueno se empodera para seguir en la ruta del dinero fácil.

Porque ve que en lugar de reforzar con mallas eléctricas, alambres de púas y mayor seguridad la zona y los ductos donde sucedió la explosión de Tlahuelilpan se edificará un memorial a las víctimas del huachicol.

Un memorial que más que recordar a los muertos será un monumento a la vergüenza y a la impunidad.

Y es entonces cuando los asesinos, los malparidos, los sin madre, pueden llegar a una fiesta en Minatitlán y disparar a quemarropa y en un festín de sangre y dolor obligar a los vivos a ver como rematan a los muertos y a dispararle tres veces al cuerpo inerte de un bebé de un año.

Y seguir la ruta de sangre en Veracruz asesinando a la alcaldesa de Mixtla y a su esposo ó al presidente municipal de Nahuatzen, en Michoacán.

Así que no presidente y no senadora. No sean idiotas y nos tomen por idiotas.

No es el neoliberalismo el que pone la pistola en la boca de un bebé y lo remata con tres tiros.

No es el Reforma el que magnifica cada tragedia que nos llena de sangre el día a día.

Es la impunidad de los que se saben intocables.

Es esa parte perversa del pueblo que sabe que es más fácil estirar la mano que trabajar.

Que es más fácil subirse a una moto y asaltar en un semáforo, que pagar impuestos.

Que es mucho más sencillo cobrar derecho de piso que emprender un negocio.

Porque saben que un gobierno timorato y cobarde no los tocará ni con el pétalo de una rosa.

Porque se da cuenta que se perdona a huachicoleros, que se cede ante la extorsión criminal de los supuestos maestros de la cnte, que observa como quienes nos robaron disfrutan de ese dinero mal habido mediante pactos perversos y convenientes y que escucha que durante este gobierno las fuerzas del orden jamás reprimirán de modo alguno a esa parte del pueblo que un día sí y otro también asesina a mansalva y sin escrúpulo alguno.

Que celebra en el colmo de la desvergüenza, el robo impune de combustible y le levanta un memorial.

De la senadora Sánchez queda muy poco por decir, un deseo sí, de que jamás le toque el infortunio de un “drama” y que si por azar ó destino le sucediera que no haya alguien tan imbécil como ella que se atreva a minimizar esa tragedia calificándola como ella la calificó.

Y de López sería pedirle que asuma con seriedad la responsabilidad que buscó por años.

Que ya basta de ocurrencias y cinismo.

De faltarnos al respeto.

Y decirle que los muertos que van en cuatro meses, aunque quiera esconder la cabeza y culpe al neoliberalismo, a la prensa fifí, a los conservadores, al cochinero que le dejaron, a todos menos a su administración, son suyos presidente.

Porque esa es su responsabilidad y así responsabilizó sin pudor ni medida alguna, a los anteriores.

Así que basta de ocurrencias y evasivas con periodistas a modo que le preguntan por Juan Gabriel evitando así Minatitlán.

Lo menos que merecen los muertos, entiéndalo, es respeto.

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