Giselle

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Para Cristina. Fuerza amiga querida.

En agosto dos mujeres en playas de Costa Rica fueron abusadas sexualmente y asesinadas sin piedad alguna. Arantxa y María, española y mexicana. Una salió a correr en los senderos de selva y ya no regresó a desayunar con su esposo. Otra apareció muerta en una playa del pacífico.

Al final del texto escribí un: ni una más, nunca más.

Soy un ingenuo y un idiota.

Giselle Garrido Cruz una niña de 11 años de San Lorenzo Chimalhuacán salió por la mañana de su casa ubicada en la calle de Pino el 19 de enero pasado, iba a un café internet para hacer ó jugar algo, terminó y luego le mandó un mensaje a su mamá en donde le decía que saldría a esperar a su papá en la esquina de avenida Central y acompañarlo como todos los sábados a dar unas vueltas y compartir en el autobús de pasajeros del que él era chofer.

Cursaba el sexto grado en la primaria Constitución de la República, era buena estudiante y tenía muchas amigas.

Estaba aprendiendo a tocar guitarra y su pasión era el futbol.

Jugaba en el equipo femenil Argentina y portaba el número 33.

Su sueño de grande, según lo dijeron entre lágrimas sus compañeras de equipo y escuela, era ser jugadora profesional.

Nunca más volverá a patear un balón, ni a tener sueños, ni a acompañar a su padre en el trabajo, ni a tocar la guitarra.

Giselle no salió de noche sola , no era una niña casi adolescente provocativa y ese día no llevaba una minifalda. No se metió a una página de ligues por internet, ni se tomaba selfies comprometedoras.

Era una jovencita como existen millones en el planeta.

Era jugadora de futbol. Como tu hija ó la mía.

Tocaba la guitarra, como tu hermana ó tu sobrina.

Acompañaba a su padre y veía cómo se ganaba el dinero con el que, seguramente irían a comprar esos tacos nuevos, ese balón nuevo y al hacerlo se convertía en los miles de niñas más que como ella, al tomar la mano de su padre se sienten protegidas, valoradas y respetadas.

Al llegar al café internet, se sentó en la máquina número cinco, hizo lo que tenía que hacer y ya no se le volvió a ver.

No llegó con su papá.

Desesperados  sus padres iniciaron su búsqueda y aunque en la Fiscalía de Justicia de la entidad mexiquense les brindaron asesoría psicológica y legal, transcurrieron más de seis horas en atenderlos e iniciar la carpeta de investigación.

Las cámaras de seguridad de la zona en la que desapareció, el barrio de San Lorenzo Chimalco, no funcionaban  y aunque los protocolos de la misma fiscalía establecen que la alerta Amber debe emitirse de inmediato, esta se produjo casi 24 horas después.

El 22 de enero la búsqueda se hizo viral mientras seguían las investigaciones, la familia publicó fotos de Giselle en redes sociales y el 26 vecinos, amigos y organizaciones civiles marcharon por la avenida Reforma de la Ciudad de México para exigir al presidente y a las autoridades el apoyo para encontrarla.

Cinco días después, el jueves, su cuerpo fue encontrado en un camino hacia Pueblo Nuevo , colonia Coatepec en el municipio de Ixtapaluca en un terreno baldío.

Giselle estaba desnuda , con signos de abuso y por el estado en el que fue encontrada, se tuvo que recurrir a los exámenes de ADN para poder reconocerla.

El domingo, su cadáver fue entregado a sus padres.

El lunes,  rotos de dolor y exigiendo justicia los padres de Giselle sepultaban a la pequeña futbolista.

Haber entrado al café internet a usar una computadora para mandarle un mensaje a su mamá por facebook, fué su pecado.

Ahí , un tipo Roberto “N” de 51 años al que las autoridades después de días y pesquisas lograron atrapar y confesó haberla violado y luego temeroso de que pudiera denunciarla, la mató, se le hizo fácil ofrecerle un refresco a la pequeña, bajó la cortina del negocio y sabiéndose en posición de fuerza y ventaja decidió tomar el cuerpo de Giselle para satisfacer su instinto perverso y luego de consumado el abuso se le hizo más fácil asesinarla y deshacerse del cuerpo en un lote baldío seguro de que la impunidad en la que vive nuestro país lo protegería.

En el colmo de la estulticia, el criminal reabrió el cibercafé y tuvo el descaro de recibir a los padres de la menor quienes le preguntaron desesperados si la había visto.

¿En qué momento un hijo de puta decide tomar por la fuerza la vida, ilusiones, sueños y dignidad de una niña, violentarla con una saña desmedida, saciar su perversidad y luego abandonarla?

Tengo la certeza de que no fué a las 11 de la mañana de ese día fatal.

Roberto “N” el depredador de Giselle, como tantos otros que convierten un día normal en una jornada de horror inenarrable, se han alimentado por años de ese desdén por la vida y se han sentido “hombrecitos” a fuerza de violentar cotidianamente con acciones y palabras a quienes ellos consideran más débiles y vulnerables.

No es cuestión de clase social ni de dinero. Ni de nacionalidad.

La violencia existe en todos los ámbitos y a veces logra disfrazarse de broma ocurrente ó intentamos justificarla con  “que así son los juegos de niños, ó hágale así mijo para que se convierta en macho que se respete”.

Detrás de cada depredador infame hay una madre ó un padre, una familia , una sociedad que fué permisiva y volteó la cara para no ver los  abusos en contra del más débil, la discriminación al que no es igual y que aplaudió y festejó lo mismo  una valentonada estéril ó el orgullo de saberse impune.

Seamos claros , el tal Roberto “N” es responsable de cada herida que le infringió a Giselle.

Y no habrá paz ni perdón posible para él en ningún lugar de esta tierra ni en los infiernos que por derecho se ganó.

Y hoy nos indignamos y lloramos por la muerte violenta de una pequeña, pero seguimos insistiendo de forma cotidiana dándole al hombre una posición de poder y superioridad sobre las mujeres .

Seguimos insistiendo en que ellas son las que tienen que cuidarse tal y como lo expresó con absoluta ignorancia la diputada de morena por el estado de Veracruz Ana Miriam Ferráez al proponer que para evitar más feminicidios se estableciera un toque de queda para mujeres a partir de las 10 de la noche.

Esa violencia tiene su origen en la consagración diaria de los estereotipos y los pequeños actos de abuso y sometimiento : esos en los que las niñas le sirven, porque es la costumbre, la cena a sus hermanos; ese en el que no alzamos la voz cuando el más fuerte abusa del débil y cuando callamos con un desprecio absoluto la voz de nuestra compañera alegando “ que de eso no entiendes “ ; ese mensaje cínico de que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos cuando la brecha salarial sigue marcando diferencias; cuando se nos hace ocurrente intimidar a una jovencita en la calle tocándole las nalgas ó gritándole “mamacita” y cuando insistimos a nuestras hijas a cuidarse en vez de enseñar a nuestros hijos que abusar, violar y degradar no son derechos adquiridos por el simple hecho de haber nacido hombre.

Así, Roberto “N” y los miles de pervertidos “N” que existen en el mundo se saben impunes, se saben poderosos y usan ese poder para seguir abusando.

Porque esos aparatos de justicia anquilosados y machistas, apáticos, serán su cómplice perfecto en la mayoría de los casos ya que cada mujer que llegue a denunciar, vejada y cansada, con el alma rota y la dignidad en las manos importará más para la estadística cruel que para una justicia que en muy pocos casos logrará aparecer.

De acuerdo con la Red por los Derechos de la Infancia en México, ser niño, niña ó adolescente en México representa un 30 % más de probabilidades de ser víctima de desaparición ú homicidio.

En 2018 se tienen documentados 110 feminicidios en el Estado de México y apenas el primero de enero se reportó el caso de una menor de 9 años, Camila, que también fue violada y estrangulada en el Valle de Chalco.

Al preguntar durante el funeral a las compañeras de Giselle como se sentían, muchas de ellas rebasadas por el llanto alcanzaban a decir que profundamente tristes y conmovidas, que la iban a extrañar mucho.

Una de ellas, con la voz casi inaudible musitó : con miedo.

A  ellas y a sus once años apenas, violando y matando a Giselle , Roberto “N” se encargó de que el miedo se les metiera como un frío inclemente hasta la médula de los huesos.

Miro las fotos en las que Giselle está viva, vital, con el uniforme puesto , jugando futbol, muestra una sonrisa y en ella el puñado de sueños que ya no podrán ser .

Luego, detengo la mirada en la ficha que se emitió para encontrarla, me mira de frente con el pelo cayendo sobre su cara, blusa blanca y un sweater escolar guinda; entonces un sudor frío me recorre el cuerpo de punta a punta y un dolor agudo se clava en mi corazón al imaginar que el rostro de Giselle puede ser cualquier mal día , cualquier mala hora , el rostro mismo de mi hija, de mi sobrina, de mis primas, de mi esposa ó de mis amigas y siento miedo.

Mucho miedo.

Y así con el alma rota, debo regresar a aquello que escribí en estas mismas páginas hace siete meses.

Tengo que volver a pedir, a suplicar, a implorar : ni una más.

Nunca más.