Doce años Beatriz, doce años

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https://eltecolote.mx/ Gerardo Mercado Todo Personal Doce años Beatriz, doce años El Tecolote MX

Andrés tomó a Beatriz de los brazos y apretándolos con una fuerza inusual volvió a repetir las mismas palabras, esta vez con los ojos un poco más encendidos y estridencia en la voz:

– ¡Doce años, ¿te das cuenta? ¡doce años!

Andrés la soltó y ambos se abrazaron.

Faltaban unos instantes para que entrara por la puerta principal del Salón de Recepciones de Palacio Nacional y recibiera la salutación y los abrazos de sus más cercanos.
Andrés y Beatriz se relajaron en uno de los sillones y él empezó a hablar y recordar:

– No más quemar pozos petroleros ni aceptar imposiciones de nadie, no más bloqueos en Reforma ni improvisadas tomas de protesta como presidente legítimo de una patria que no existe.
Esto es real, esta banda con los colores al derecho como yo quería y que el senado me aprobó es el símbolo de que a partir de ahora las cosas se hacen como digo yo, eso sí, siempre consultando al pueblo sabio y bueno que nos puso aquí.

Beatriz se levantó, se acercó a uno de los balcones que dan a la Plaza de la Constitución y haciendo a un lado la cortina que protegía el salón del ruido y la luz le dijo:

– Ven, mira a plaza está repleta, no cabe un alfiler y con los conciertos de Regina y Silvio esto va a estar a reventar y ni te digo cuando bajes a recibir el bastón de mando de los pueblos indígenas, eso va a ser la apoteosis.

Él se asomó y vio una masa amorfa que no le produjo ninguna sensación de gozo o respeto, más bien infló el pecho para que la banda presidencial se asomara un poco más y sin muestra alguna de emoción cerró la cortina que había abierto Beatriz.

– No mujer, se acabaron los baños de pueblo hasta que vuelvan a ser necesarios -espetó Andrés- fueron años de recorrer el país de arriba abajo y de gastar el dinero que le logramos arrebatar al INE fundando Morena y de ir convenciendo a todos estos de que el país estaba de la chingada como para que ahora que ya somos los machuchones sigamos en las mismas vueltas.
Tienes razón, le reviró Beatriz y mirando hacia la plaza que no la alcanzaba a ver sorprendió a su marido haciendo otra vez la señal de chinguen a su madre, (los famosos caracolitos) cerró la cortina y ambos se quedaron mirando para luego llevarse las manos a la boca y contener el estruendo de las carcajadas.

Todavía se estaban secando las lágrimas de risa cuando César Yáñez, el escudero de mil batallas, recién casado y con una sonrisa digna de la revista Hola! se asomó a la habitación:

– Es hora Andrés

Se acomodó la banda de nueva cuenta, su mujer la alisó los cabellos plateados y le dio un beso, Andrés abrazó a su amigo y le murmuró muy quedo en la oreja derecha : ¡12 años Cesarín, doce años!
El respondió apretándolo aún más y visiblemente emocionado abrió la puerta de par en par.

Por la mañana todo había salido a pedir de boca, aún a pesar de los arrebatos de Noroña que fue captado visiblemente conmovido besándole la mano a Maduro y de la borrachera con la que Félix Salgado Macedonio se presentó en plena tribuna gritando a los cuatro vientos con voz rasposa:

– ¡Y que ningún pinche gobernador se oponga al mandato constitucional o yo mero me los desaparezco, cabrones!

Tuvieron que bajarlo casi a empujones y lo peor fue cuando en el camino de salida se le lanzó encima a Ivanka proponiéndole que lo acompañara a los congales de Acapulco en su moto.

Andrés entró al Congreso y los vítores y las muestras de adoración no se hicieron esperar, los diputados de Morena coreaban delirantes “es un honor estar con obrador”
Sergio Mayer coordinaba con sus asistentes (niñas pendejas las llama) la entrega de tangas de stripper brillantes con la leyenda “Amo la cultura”, a cada diputado y senador mientras el Rey Felipe de España, sin Letizia, gozaba con ese desfile de ocurrencias tan pintorescas del tercer mundo.

Mario Delgado se deshacía en elogios en su intervención en la tribuna y volvía a repetir que no quedaría ni una coma de ninguna reforma que se hubiera aprobado en el pasado .

Los empresarios más camajanes del país sentían el odio profundo de las miradas de algunos diputados e invitados y a pesar de eso sonreían satisfechos porque sabían que en los días anteriores los arreglos y las componendas con la cuarta transformación habían surtido efecto, el famoso “no te pago para que me pegues” de los tiempos de Echeverría y López Portillo estaba más vigente que nunca.

Maduro, Evo, Lenin Moreno y Díaz Canel miraban incrédulos desde sus asientos el fervor que Andrés suscitaba entre los fieles.
Ninguno al inicio había tenido semejante fuerza en sus congresos y al menos dos de ellos habían tenido que recurrir a plebiscitos y consultas para cambiar la constitución respectiva y hacerse de todos los poderes fácticos de sus países, no sin antes haber callado a sangre y fuego protestas y desmadres.
López Obrador lo había conseguido todo con solo adecuar el discurso a lo que el pueblo bueno y sabio quería oír y prometiendo lo que fuera a diestra y siniestra .

– Es un maestro del marketing, se le oyó decir a Nicolás.

El único momento incómodo de la entronización sucedió cuando Peña Nieto se quitó la banda presidencial para entregársela a Porfirio, el saltimbanqui Muñoz Ledo, éste se la dio Andrés y acto seguido el presidente saliente saludó de mano al entrante e intercambiaron el siguiente diálogo:

– Listo Andrés, ya quedamos entonces ni persecución ni pendejadas de ningún tipo, ya tuviste tu transición de terciopelo y ni las manos metí con lo del aeropuerto.

– Tu vete tranquilo Enrique que estos ya se comieron completo el cuento de la amnistía, el borrón, la cuenta nueva y el amor paz.

– De caballeros cabrón, mira que hasta dejé salir a Elba y me vale madres si acabas con la reforma educativa y de paso la energética con tal de que dejes en paz a Duarte, Videgaray, Chayito y no me estés fiscalizando lo de mi nueva casa blanca.

– De caballeros mi Quique pero ya suéltame porque me estás apretando y
no quiero que estos güeyes vayan a pensar que nos arreglamos.

Peña Nieto soltó a Obrador y le prodigó un abrazo más bien seco, una palmada en el hombro y un guiño cómplice, que ninguna cámara registró fueron el final de la novela.
López pronunció un discurso que sonó a lo mismo que repitió durante doce años en cualquier plaza que le prestaran, sonó a cansado y a viejo, volvió a evocar a Juárez, Madero y Cárdenas y a más de uno le ganó el bostezo.
El amor y paz, el no traiciono, no robo y no miento parecían repetirse como disco rayado y con la estática de los años setenta.
Habló de la nueva constitución moral y propuso que el redactor en jefe y corrector de estilo fuera el mismísmo Paco Ignacio Taibo 2 y en un arrebato de pasión emitió su primer decreto exigiendo que la frase inmortal de Taibo:

“O sea, sea como sea, se la metimos doblada, camaradas “

Quede inscrita en letras de oro en los muros del Palacio Legislativo porque esa frase retrata de cuerpo entero el alma y el espíritu de la cuarta transformación.

El público aplaudió de pie igualito que en la Feria Internacional del Libro y Noroña soltó la ocurrencia de la jornada al gritar parado sobre el escritorio de su curul:

¡Qué viva López Doblador!

César abrió las puertas de par en par, Andrés y Beatriz embelesados salieron a recibir los abrazos y felicitaciones de los suyos, en el besamanos desfilaron los dinamiteros de Texcoco, los Bartlett y los Durazo, los militares que bien a bien no saben todavía si son policías ó soldados, el ingeniero agrónomo director de Pemex y la finísima bailarina para caravanas migrantes Layda Sansores, los nuevos luchadores contra la corrupción enfundados con capa y espada , Bejarano y Napito, un sinnúmero más de invitados, embajadores, presidentes, ministros y una decena de ciudadanos de a pie que fueron agarrados de la plaza y puestos en medio del salón para dar el toque democrático y popular que solicitó Andrés .
El tequila Dragones fluía de caballito en caballito y si alguien quería bebidas del imperialismo como un etiqueta azul o una veuve clicquot bastaba con que se acercara a César y éste de inmediato giraba instrucciones al mesero en turno para que esos líquidos capitalistas fluyeran en las copas.

Nicolás y Evo ya entonados con varios tequilas adentro, entonaban estrofas de José Alfredo, “hago siempre lo que quiero y mi palabra es la leeeeeey”.

Andrés dejó un momento a Beatriz y salió al balcón principal de Palacio, recargó los brazos sobre la baranda y miró a la plancha del zócalo donde el pueblo bueno disfrutaba los fuegos de artificio.

Agarró el bastón de mando que instantes atrás le habían entregado los pueblos indígenas y lo sujetó con fuerza en la mano derecha.

Evo y Nicolás lo vieron de reojo, dando tumbos, abrazados se acercaron a él y lo abrazaron. Un poco más recompuestos se recargaron sobre el barandal y sin soltar el caballito con tequila le susurraron a Andrés al oído:

– Te pasaste Andrés, en verdad nos superaste y eres un chingón como dicen ustedes.
Todavía no eras presidente y sometiste a los malosos empresarios, lo de las consultas fue una clase magistral de manipulación y el pinche miedo que le has infundido a los mercados y a los inversionistas fue súper chévere, dijo Nicolás.
– Y lo de cancelar el aeropuerto haciéndoles creer que había un lago y luego
lo del tren en plena selva sin tirar un árbol es genial, es algo que ni a Nico se le hubiera ocurrido y mira que él habla con pajaritos, agregó Evo.

Andrés los abrazó y los tres sonrieron de buena gana.

Fue entonces cuando Maduro soltó la pregunta que infló aún más el pecho de López Obrador:

– ¿Pero ya hablando en plata señor presidente, no crees que seis años son muy pocos?

La pregunta reforzó la inquietud que lo había estado persiguiendo desde el 2 de julio y que les había confesado a medias a Beatriz hacía apenas unas horas.

Mandó llamar de inmediato a Monreal, Batres, Noroña, Delgado, Yáñez y a sus dos hijos mayores; a solicitud de Andrés, Nicolás volvió a formular la pregunta y todos se le quedaron viendo al Presidente con los ojos bien abiertos y en espera de instrucciones.

López Obrador apuró el tequila que le ofreció un solicito César y dijo:

– Ya saben lo que tienen que hacer cabrones.

De regreso en el salón, agarró a Beatriz de la cintura y acercando su boca al oído y justo por encima del arete que adornaba el lóbulo de su esposa murmuró:

Doce años Beatriz, doce años.

Abajo en la plaza la multitud con los ojos entrecerrados y la fe un poco lastimada coreaba los acordes de Silvio Rodríguez:

“ Si miro un poco afuera me detengo
la ciudad se derrumba y yo cantando “

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