Que la libertad no elimine al gobierno

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Paulina Mancebo

Analista de Política Pública

Twitter: @P_Mancebo

El presidente se presume como liberal, como alguien que asume que las acciones individuales responden a una sabiduría personal y que podrá resultar favorable para el bien común. El presidente en ese sentido ha sido congruente, ha “mandado al diablo a las instituciones” así como a las responsabilidades gubernamentales para que por orden natural llegue lo que tenga que llegar.

Su liberalismo es tan grande que es irresponsable, casi criminal. Desde su liberalismo justifica que la gente no use cubrebocas, que la gente no tenga salud universal, que no se transparente la información de las vacunas y mucho menos de su estrategia. Desde su liberalismo se justifica la desproporcionalidad y la discrecionalidad.

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Hacer de la tradición liberal un pretexto para olvidarte de tu responsabilidad es utilizar las instituciones como salvaguardas del patrimonio público, no del bienestar público que es su primera responsabilidad.

Desde distintas tradiciones liberales que han gobernado este país se ha justificado el abuso y la desigualdad. Bastaría hablar de la pobreza, que desde el discurso liberal-capitalista ha mantenido al margen de sus derechos a mujeres, adultos mayores, indígenas, afromexicanos y migrantes.

El discurso liberal fue el que hizo del empleo formal una figura reducida y dejó fuera a más de la mitad de los mexicanos con empleos sin contrato, salario digno y protección social. Hoy, esa economía precarizada es la que bajo la justificación de “viven al día” se les da la libertad de salir a buscar su sustento y con ello que arriesguen su vida y las de sus familiares sin ninguna salvaguarda del Estado.

Los liberales son los que quieren aniquilar al Estado, como liquen se meten en las instituciones para hacer políticas públicas basadas en la “responsabilidad individual”, son los que quieren que los diabéticos no reciban tratamientos “porque comieron mal” y sí, comieron mal porque no había información, tiempo y recursos para comer mejor.

Los liberales son los que culpan a las personas por la falta de oportunidades, los que construyen trenes en la selva para que solo tengan la forma de vida que conocemos los de las ciudades, porque esa es la correcta, la buena.

Desde el liberalismo se hacen las transferencias monetarias sin abatir las causas estructurales de la pobreza y desigualdad, sin hacer padrones de beneficiarios, contraloría social o rendición de cuentas.

Las fallas de mercado es el lenguaje de los liberales, porque las fallas del gobierno les implicaría una responsabilidad. El mercado se regula solo, con que paguen algunos impuestos las empresas basta, por eso no necesitamos órganos reguladores o protección de datos personales. La pandemia y la crisis económica son el recordatorio de que debemos conservar el Estado, conservar la lucha contra la desigualdad, conservar los derechos, la protección social, la idea de que puede haber justicia social y prosperidad para todos. Necesitamos instituciones, liderazgo y responsabilidad social, para que, en aras del liberalismo, no se pierdan las ganas de gobernar.