Más allá de cuerpos menstruantes

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Paulina Mancebo

Analista de Política Pública

Twitter: @P_Mancebo

Hay un dicho chino que dice que las mujeres sostenemos la mitad del cielo, pero más allá de la metáfora cursi de que somos la mitad de la población, nacer en un cuerpo de mujer implica una serie de desafíos y cuidados, entre ellos los vinculados a la menstruación.

El periodo menstrual en las mujeres comienza alrededor de los 11 años y termina por ahí de los 50 años, siendo la menarquía el momento en que las niñas se convierten en “señoritas” a cuidar porque ya son fértiles y “no se vayan a embarazar”. Entonces, el cuerpo femenino pasa como por arte de magia de la niñez a la responsabilidad sexual.

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De entrada, hay que mencionar la diversidad menstrual, ni todas las mujeres tienen periodo, ni todos los cuerpos que tienen menstruación son mujeres. Por eso, cuando hablamos de productos de gestión menstrual (PGM) no podemos decirles de higiene femenina, porque ni “limpian” ni son sólo para féminas.

Por eso hay que tener claro que México no está exento de la cultura de la suciedad o la vergüenza alrededor de la regla, periodo, Andrés, los días y otras formas de eufemismos que utilizamos para referirnos a este proceso natural. No solo nos enseñan a ocultar a como dé lugar las toallas sanitarias, los tampones y demás, sino que en muchos sectores de la población el acceso es limitado, difícil y oneroso, por no decir imposible.

En el marco de la discusión del presupuesto Menstruación Digna México compuesto por alrededor de 30 organizaciones, busca la gratuidad de los productos para la gestión de la menstruación, eliminación del IVA en estos productos y generación de datos sobre la menstruación en México.

La menstruación de alrededor de 64 millones de personas no es un lujo, es un gasto constante por décadas y de su adecuada gestión se salvaguarda la salud, sexual y reproductiva. Además de los argumentos de salud tenemos los económicos ya que sostener mes a mes el gasto en productos hace que en ciertas comunidades sean inaccesibles o riesgosos o una evidencia más de la desigualdad.

Por eso, el proceso legislativo para la eliminación del IVA, iba por buen camino, pero los diputados de Morena, PES y PT decidieron que no se aprobara ya que 3,800 millones de pesos de potencial recaudación se podrían utilizar en obras de infraestructura, asunto que en realidad está abriendo más las brechas de acceso a productos para la gestión menstrual.

Si la agenda del IVA por ahora no tuvo frutos, hablemos de la información. Por ejemplo, en los Estados Unidos de América las asociaciones de consumidores cuestionaron la transparencia en las declaraciones de productos con los que se elaboran los tampones y toallas. Las consumidoras no tienen claridad sobre los químicos de absorción y los materiales sintéticos con los que se elaboran y se especula que muchos pueden ser dañinos para la salud. En México, mientras tanto, se tardó mucho COFEPRIS en declarar que la copa menstrual no era riesgosa para la salud, ya no hablemos de las toallas.

Asimismo, no tenemos claridad estadística sobre el gasto en productos de gestión menstrual, la estimación se hace con base en el volumen poblacional de mujeres entre los 12 y 49 años. Sería de mucha utilidad conocer información más detallada para la construcción de políticas públicas adecuadas y para ofrecer productos gratuitos en escuelas y centros de salud, no solo condones.

La realidad es que las mujeres sí, somos la mitad del cielo, pero nuestra agenda, aún la mantienen lejos de la discusión política donde los productos de gestión menstrual son tan solo un ejemplo.

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