Doña Victoria

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Vic. Doña Victoria. Victorita cuando de sus manos se escapaba algún plato, vaso o florero y este terminaba hecho añicos en el piso.

Llegó a casa por ahí de 1995 y nos siguió por las tres mudanzas que tuvimos durante casi 15 años.

Abrazó y cuidó de mis hijos con un cariño excepcional y las salsas molcajeteadas que se fabricaba eran tesoro nacional.

Esforzada desde chiquita, era por ese destino infame y porque así le tocó, madre abandonada con dos hijos. Nunca se quejó. El trabajo y su actitud compensaban cualquier inconveniente e injusticia de vida. 

Su sonrisa borraba cualquier adversidad.

Llegaba y era un torbellino, subía, bajaba, consentía y salía hecha un cohete para llegar al segundo trabajo por la tarde y de ahí irse a preparar alimentos y poner a raya a sus dos hijos adolescentes.

Los sábados, no importando qué tan tarde nos hubiéramos acostado, llegaba a las siete de la mañana porque a las doce mediodía salía disparada y emocionada a recibir clases de náhuatl porque era una manera de respetar el legado de sus padres. Se gradúo y de vez en vez la casa se llenaba de palabras dulces como huitzitzilín (colibrí ) o papatzoa (que derivó en la palabra más linda del castellano: apapacho ó acariciar con el alma).

La presencia de Victoria en nuestra casa y nuestro entorno nos enriquecía, nos ponía una dosis de realidad a veces necesaria y nos refrescaba el alma.

Un día  mayo de 2009 nos dijo que necesitaba hablar con nosotros.

Seria y con lágrimas en los ojos nos contó de un proyecto que la tenía muy entusiasmada y que la obligaba a renunciar en parte a nuestra relación laboral.

En la colonia donde Victoria vivía en la delegación Tláhuac de la Ciudad de México, varias vecinas y conocidas se habían organizado desde hacía meses para inscribirse al programa de Estancias Infantiles de la Secretaría de Desarrollo Social que lanzó el Gobierno de Felipe Calderón para ayudar a madres trabajadoras con una red de cuido adecuada y segura para sus hijos.

El programa había resultado tan exitoso que en 2008 recibió un premio en la Cumbre Global de Mujeres celebrada en Hanoi al considerarlo un programa que genera oportunidades en beneficio de las mujeres y promueve el desarrollo social y económico de México.

Emocionada nos contó que metieron los papeles y que con ayuda de los vecinos lograron acondicionar la casa de una señora que ya no tenía hijos que cuidar y que generosamente se las había ofrecido con una renta muy baja y el argumento de que prefería tener la casa llena de risas a oír sólo el ruido del radio.

Habían cumplido con todos los requisitos y algunas de ellas se habían capacitado en talleres y la Sedesol les había asignado a dos educadoras y una psicóloga jovencísimas que estaban ilusionadas de poder trabajar.

Victoria se haría cargo de la limpieza, supervisaría la cocina y sería responsable de comprar los insumos para los alimentos. Otras harían labores de cocina, unas más estarían de ayudantes de las educadoras y un par de señores, uno jubilado recientemente y un joven desempleado se harían cargo de la seguridad y vigilancia.

Con los ojos emocionados, nos dijo que si la aceptábamos, ella feliz podía seguir ayudándonos los sábados pero más temprano todavía porque seguía con sus clases de Náhuatl.

Nos ganó la risa y aceptamos el trato con una abrazo memorable.

La estancia infantil de Victoria en Tláhuac abrió sus puertas en agosto de 2009 recibiendo a 9 niños y 7 niñas desde los 4 meses de edad.

De ocasión nos hacíamos presentes y constatábamos que la limpieza del lugar era estilo Victoria. Impecable y meticulosa. También Victoria nos preguntaba si no teníamos ropita que ya no usáramos de los niños y llegábamos la siguiente vez con bolsas grandes que varios amigos nos juntaban.

Los pequeños aunque en asientos y cunas modestas, encontraban calidez y cariño. La red de cuido funcionaba bien.

Los apoyos del gobierno llegaban a tiempo y la aportación de los padres permitía comprar más materiales para el proceso educativo y otorgaba un salario a las personas que hacían de esa estancia un lugar seguro y productivo.

La fórmula estaba funcionando.

Victoria quizá ganaba un poquito menos pero estaba sin duda más tranquila, más cerca de su casa y con la certeza en el corazón de que estaba haciendo algo por su comunidad.

Lo veía en las caras de las mamás que llegaban con una sonrisa y la confianza en el rostro. Se lo decían las vecinas. La felicitaban.

Tenía también más tiempo para sus hijos y la disminución de su ingreso lo compensaba por las tardes y noches haciendo limpieza en casas más cercanas y costura por las noches.

Logró darles carrera técnica y universitaria a sus dos hijos.

Uno es funcionario bancario y el otro se tituló de arquitecto. Éste último fue residente en uno de los proyectos que tuve la fortuna de proyectar y construir en aquellos años.

Victoria nunca estiró la mano para pedir caridad por ella ni sus hijos .

Nunca se victimizó.

Nunca declaró a sus hijos como ninis.

Victoria solo creyó en su voluntad y el poder de sus manos.

Victoria solo trabajó.

El jueves siete de febrero de 2019 el señor que nos receta una homilía insoportable cada mañana desde Palacio Nacional comete una atrocidad que además de rayar en la estupidez trae una carga de resentimiento y venganza nunca antes vista.

Suelta el resentimiento y dice que no habrá recursos gubernamentales para las estancias infantiles ó para cualquier organización de la sociedad civil pues ahora será su gobierno el que otorgue personalmente la ayuda.

El recorte es de más de 2000 millones de pesos que obligaría al cierre de la gran mayoría de estas estancias.

Sin probar absolutamente nada, ni demostrar nada, fiel a su costumbre de acusar y no encontrar culpables justifica su decisión asegurando que esta decisión se debe a la corrupción que prevalecía en muchas de estas organizaciones que condicionaban los apoyos o no los distribuían correctamente.

Que todo eso ya desapareció.

Y en vez de investigar, evidenciar y castigar a las que presumiblemente incurrieron en actos de corrupción y cerrarlas y transferir a esos niños a otras y condenar a los culpables, al mejor estilo del huachicol, decreta con el recorte grosero, el cierre de la mayoría.

Días más tarde, el triste secretario de Hacienda, Carlos Urzúa dándole vuelo a la hilacha de la tontería se avienta esta declaración:

“Hay alrededor de 350 mil niños y niñas que están dados de alta y hay alrededor de un poco menos de 10 mil estancias dónde ellos iban y van. El gobierno lo que hace es dar el dinero a las estancias infantiles. Tengo entendido que lo que está diciendo la secretaría es en lugar de dar dinero a les estancias ‘pos’ se le da a los papás y que los papás se lo den a las estancias o a lo mejor hagan otra cosa porque a lo mejor con eso se puede ayudara la abuela que va a cuidar quizás mejor a los niños y niñas que las propias estancias infantiles”

Alguien le tendría que haber avisado al rupestre secretario cavernícola que estamos en el siglo 21 y que sus declaraciones ahondan más los estereotipos y prejuicios y que quizá los abuelos pudieran estar un poquitín cansados después de haber trabajado toda su vida, que muchos de ellos todavía trabajan, son productivos, nos regalan experiencia y sí, aunque no lo crea el secretario, tienen vida propia y derecho a hacer con ella lo que les venga en gana.

De ese tamaño la estulticia.

Dos meses antes, el uno de diciembre el día de la consumación de su lucha obsesiva por alcanzar el poder, el día de su asunción como presidente de la República en plena plancha del zócalo, con la multitud enfebrecida y enseguida, lleno de humo de incienso y copales, con lágrimas en los ojos y rodilla al piso, recibiendo un bastón de mando de forma soberbia y prepotente y rasgándose las vestiduras repitiendo “primero los pobres”, el señor Líopez decretó su ideario en 100 puntos que fueron aclamados y vitoreados por ese pueblo bueno, sabio, confiado e ingenuo.

El tercer punto lo leyó con voz admonitoria y amenazante, contundente:

Se mantendrán las estancias infantiles de la antigua Secretaria de Desarrollo Social y se regularizarán los CENDIS promovidos por el partido del trabajo; ambos programas tendrán recursos garantizados en el presupuesto y pasarán a formar parte de las secretarías de Bienestar y Educación pública.”

El presidente que no quiere ser presidente le mintió en su cara al pueblo bueno y sabio, bastaron 60 días para evidenciar lo que sabíamos desde hace años, que es un  tipo perverso, mentiroso contumaz y resentido.

Manda al carajo un programa premiado mundialmente, que atiende a 350 mil niños.

Un programa que no es intermediario, que sale de las mismas comunidades y para las mismas comunidades.

Un programa que ha incrementado en 35 % el ingreso de la madres trabajadoras.

Un programa que atiende más niños que las guarderías del IMSS y el ISSSTE juntas y que permitió que comunidades tan remotas como Chenalhó en los Altos de Chiapas por primera vez tuviera un lugar de cuidados infantiles.

Un programa del que 99 % de las madres reconocen que es un lugar seguro para dejar a sus hijos y que la atención y educación que reciben va de buena a muy buena.

Un programa excepcional en suma, pero que tiene un gran pecado que es imperdonable y es la razón fundamental de la furia desatada de Líopez y su ánimo vengativo:

Fueron concebidas en el gobierno de Felipe Calderón.

De ese tamaño el resentimiento.

Hace unos días, Victoria fue a curarse los dientes con mi hermano.

Él me llamó y me la puso en videollamada.

Cariñosa como siempre preguntó por mis hijos, “su niña y su niño” y yo hice lo mismo por los suyos.

Pero no encontré el torbellino al que me había acostumbrado.

Su mirada era triste y se le veía cansada. 

No brillaba.

Nos dijo que la directora de la estancia con una funcionaria del gobierno las había reunido y les advirtió del posible cierre de la estancia que ahora atendía a cerca de 40 niños y niñas.

También del recorte de personal que se tendría que hacer y del desempleo en el que caerían muchas de sus vecinas y amigas.

Del desánimo que lo contaminaba todo.

Don Gera – me dijo-,  ¿usted sabe lo que es que nos tiren a la basura 9 años de trabajo?

-Yo, aunque mis hijos me dijeron que no lo hiciera, voté por el señor Obrador.

-Usted que lee mucho Don Gera explíqueme: ¿por qué nos está haciendo esto?

No atiné a decir palabra y preferí el silencio a seguir haciendo más profunda su herida con mi rabia y explicaciones.

Entonces después de un silencio que lo dijo todo, con los ojos vidriosos y apenas conteniendo el llanto, Victoria, mi Victoria, la leal siempre, la decente, la cariñosa, la respetuosa, la mujer que ha trabajado toda su vida explotó en la pantalla de mi celular y dijo:

-¿Sabe qué Don Gera? ya estuvo bueno, yo lo único que orita ya le deseo al señor obrador es que se vaya mucho a la chingada.

La abracé en silencio y a la distancia.

No pude estar más de acuerdo.