… A sus órdenes jefe …!

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Ubicado en un asiento de puerta de emergencia en el cual no deben sentarse las personas mayores de sesenta años.

En el cual se debe estar apto y capacitado físicamente para auxiliar en una emergencia y en donde es necesario hablar inglés para que se puedan entender las instrucciones que gire el personal de cabina o pilotos en el idioma oficial de la aerolínea.

Con un cubrebocas por vez primera en todo lo que va de la pandemia, López Obrador inicia un viaje mentiroso e innecesario a Washington.

Disfrazado de firma y encubierto con la entrada en vigor del nuevo tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, el presidente va a hacerle el caldo gordo al impresentable inquilino de la Casa Blanca.

Insiste en que lleva la autoridad moral y la dignidad intacta engañándose y tratando de engañar a quién se deje de la manera más burda.

Trump le exigió al gobierno mexicano la presencia de López para intentar rescatar una popularidad y votos perdidos en el último año gracias a una pésima gestión de la pandemia, una ira social desbordada por los discursos nacionalistas y de odio y una economía que no pasa por su mejor momento.

Los favores se cobran caros y eso no parecieron entenderlo ni López ni miembro alguno de su gabinete.

En vez de aportar un poco de dignidad a la investidura que le fue otorgada y la representación de un país entero, López decide irse en vuelo comercial, aislándose de nueva cuenta por varias horas justo igual que cuando viajó a Oaxaca y no se enteró que Culiacán estaba siendo sitiada.

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La cara de desconcierto e ignorancia que mostró al salir del aeropuerto y fue cuestionado por los reporteros acerca de la violencia que estaba sucediendo en Sinaloa quedará siempre en la memoria como la del tipo al que el país le pasa de lado.

José José hizo su último viaje desde Miami a la Ciudad de México en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana.

A Evo Morales lo sacaron por la puerta de atrás de Bolivia también en un avión del gobierno mexicano.

Los aviones del gobierno de México sirven para que las cenizas de un cantante sean repatriadas, para que un dictador en apuros escape graciosamente pero no para que un presidente viaje de forma digna, segura y protegida.

Así las cosas con el viaje obligatorio de López Obrador para tratar de salvar del despeñadero a Donald Trump.

Más de uno se ha referido a este viaje como una locura, como un error histórico e histérico, como la absurda necesidad de ir a hacerle el caldo gordo a un tipo despreciable, racista, misógino y mentiroso.

El tío de Beatriz (si, la no primera dama, la de yo no soy médico…ande mejor atiéndalos usted…) ex diplomático y esposo de la embajadora de México en Estados Unidos, Agustín Gutiérrez Canet fue lapidario y calificó de error histórico la visita a Trump en estos momentos.

No nos hagamos.

Trump está pasando la factura de aquellos 300 mil barriles que la inepta Secretaría de Energía se negó a reducir de nuestra producción de petróleo; el costo de haberle bajado dos rayas al cobro de aranceles y varios favores más.

Trump quiere a López al lado para agenciarse el beneplácito de la comunidad mexicana en estados tan decisivos como Texas o Florida.

Trump necesita los votos de los mexicanos, aunque estos sean, según su óptica, criminales, violadores y gente mala.

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México no es mediocre, presidente.

A López Obrador se le olvidaron de repente los agravios, los dichos, los insultos y los niños migrantes que siguen detenidos, alejados de sus padres en jaulas acondicionadas del otro lado de la frontera.

Le tenemos noticias presidente :  quizá usted como acostumbra, prefiera voltear la cara y evadir la responsabilidad. Prefiera como lo hacen usted y su señora con los niños con cáncer, ignorarlos y tacharlos de agentes del conservadurismo.

Argumentar otros datos y otras realidades.

Pero habemos quienes no.

Existen mexicanos que, como yo, no olvidamos el desprecio de aquél con quien hoy se sentará a la mesa y compartirá en el mejor de los casos, una copa de vino neoliberal, acompañado por empresarios mexicanos que encajan perfectamente en la categoría de mafia del poder según sus dichos y convicciones.

Le ruego que al sentarse a la mesa no pida sus tamales de chipilín y jugo de caña recién exprimido del trapiche; suficientes sus ridículos constantes en las mañaneras como para que ahora sean acciones de exportación.

Quizá le baste un pequeño recordatorio de que no todo se soluciona con voltear la cara o engañarse y timar a la gente afirmando que entre los dos países existe una buena relación y que Trump respeta a los mexicanos :

“México no es nuestro amigo”.

“México manda a su gente pero no manda lo mejor. Está enviando gente con un montón de problemas (…). Están trayendo drogas, el crimen a los violadores”.

 “No quiero nada con México más que construir un muro impenetrable y que dejen de estafar a Estados Unidos”. 

“México tuvo una gran noche en los Oscars – y como no – si están acostumbrados a arrebatarnos lo nuestro más que ninguna otra nación”. 

“México no se aprovechará más de nosotros. No tendrán la frontera abierta. El más grande constructor del mundo soy yo y les voy a construir el muro más grande que jamás hayan visto. Y adivinen quién lo va a pagar : México”.

Ahora que se dice presidente, López Obrador decidió archivar los insultos en el cajón de las ocurrencias, justo al lado de los panes y las flores y encimita de las estampitas milagrosas.

No así en el 2017.

En ese año, buscando los votos que lo llevarían al poder, publicó un libelo llamado “Oye Trump en donde por lo bajo comparaba los discursos llenos de fervor nacionalista y teñidos de supremacismo blanco de Trump con la retórica fascista que encumbró a Hitler”.

Denuncia, con indignación fingida, la construcción del muro como una agresión y un vehículo perverso para agenciarse votos.

Aquí algunos párrafos de lo que en ese entonces escribió López Obrador:

“Enrique Peña Nieto, carente de autoridad moral y política o bien debido al chantaje que habrían podido ejercer sobre él diversas dependencias de Washington, ha permitido la insolencia y el ultraje del mandatario de Estados Unidos contra nuestros connacionales.”

“La subordinación del presidente Peña Nieto a los dictados estadounidenses equivale a una total ausencia de gobierno en México”. 

“La actual campaña contra migrantes en los Estados Unidos no es sólo un asunto de carácter económico sino fundamentalmente de interés político. Un grupo está sacando provecho de un sentimiento nacionalista”.

Leer esto que escribió López hoy mismo que aterriza en Washington es de una esquizofrenia grave y raya en la locura por no decir que se sostiene en las peores definiciones de la hipocresía y el cinismo.

Afirmar que sólo se va por el interés económico que representa la firma del nuevo tratado de libre comercio es una mentira vil y un atisbo de la nula dignidad del gobierno mexicano.

Trump exigió la presencia de López para levantar una campaña de reelección que lo tiene postrado y muy preocupado.

La cancillería hizo intentos desmedidos para que, en la foto de mañana no aparecieran sólo Trump y López. Suplicaron a Justin Trudeau que les hiciera la tercia. Que no los dejara solos con el sátrapa impresentable.

La respuesta del Primer Ministro canadiense no tiene desperdicio alguno:

“Decidimos no asistir a la reunión con Trump y López Obrador porque no podemos reunirnos con un gobierno que nos tiene amenazados con aranceles, además de que es época electoral y tenemos que poner el ejemplo de la aplicación de las medidas para evitar el contagio del Covid-19”.

Más claro, imposible.

Lejos de asumir una postura digna y soberana, López y su gobierno se ponen de tapete y a las órdenes de Trump.

No había necesidad de este viaje.

No había la necesidad de estrechar la mano de quien nos ha insultado y agraviado.

Ayer lunes, Trump, sin coincidencia alguna y con toda la perversidad posible filtró en su cuenta de twitter fotografías frente al muro que se levanta en la frontera con México.

Hoy anuncia una nueva embestida contra los jóvenes que nacieron en Estados Unidos hijos de padres inmigrantes sin papeles ( los dreamers ) intentando bloquear a cualquier costo la vigencia y aplicación de la Dream Act.

Así, con las manos atadas, con dos agresiones en menos de 24 horas, sometido, con un viaje que no quería hacer, en vuelo comercial, chiquito, con un solo par de zapatos y un traje de presidente que le queda grande, con un cubrebocas puesto sólo para la foto, hospedándose como el tío pobre que viene de ocasión a la gran ciudad llega López Obrador a enfrentarse al racista, misógino, perverso e impresentable presidente de los Estados Unidos.

No sé qué sucederá en lo privado y tarde nos enteráremos de lo público.

Trump, hipócrita,  se deshará en elogios a su “amigou” Andrés diciendo que es un gran gran presidente mientras con la mano izquierda seguirá levantando muros, persiguiendo migrantes, ensalzando la supremacía blanca y los discursos de odio.

López, calladito, seguirá poniendo 27 mil efectivos de la Guardia Nacional a perseguir migrantes centroamericanos y reforzar la frontera sur.

Se darán los abrazos de rigor seguidos de los balazos de siempre.

López tratará de vendernos la ilusión de dignidad, respeto y soberanía.

Trump se morirá de la risa y cauto agradecerá que López le haya ido a hacer el trabajo sucio, que como Peña Nieto en su momento haya asumido el rol servil de tapete para satisfacer su afán reeleccionista.

El de mañana, ese López Obrador de vuelo comercial, de austeridad ridícula, de facha triste y andar cansado, de retórica vieja y demagoga, de impostura, ese López mentiroso y sordo ante los insultos de Trump es la representación junto con la de Peña Nieto, más triste y penosa de un gobierno que ha pisado suelo norteamericano.

Peña le abrió las puertas del país a un candidato impresentable y esa visita fue oxígeno puro para que ganara la presidencia meses más tarde.

López, el que se dice digno, recicla ese tanque de oxígeno y además le da respiración de boca a boca.

¿Cuál López será el que se plante frente a Trump: el echado para adelante que escribió el libelo y el de los discursos en donde prometía como machito de cantina que lo pondría en su lugar ó el servil y sumiso que así, chiquito, poca cosa, mediocre se presta a salvarle el día y la reelección?

En varias escenas de la película “El gendarme desconocido” de 1941 se muestra al genial Cantinflas diciendo la frase “a sus órdenes jefe…”.

Hay una en la que se asoma por el hueco de una pared semi destruída por una explosión.

Con la ropa hecha jirones, caminando a tumbos, maltrecho, apenas a alcanza a balbucear frente a la cámara un inaudible y último… “A sus órdenes jefe…”.

Es imposible no hacer el símil  de esa escena con la farsa a la que se prestó López Obrador el día de hoy.

La visita, ese error histórico quedará resumido en una sola imagen y en una sola frase con otros protagonistas :

…”A sus órdenes, jefe…”

Lo que argumente López, las justificaciones, lo demás, como siempre, serán las versiones edulcoradas, los pretextos, las razones, las excusas, los otros datos.

La realidad no miente.

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