11 segundos.

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A partir del sábado 14 de marzo el asco se mide en segundos.

El video no miente.

Lo he repasado una y otra vez. La duración la contabilicé con cronómetro en mano.

Acerqué la toma.

El omnipresente y omnipotente estaba de malas. Se le veía harto.

Fastidiado.

Entre gritos y apretujones sus incondicionales, quienes todavía lo siguen viendo como un iluminado, lo estrujaban.

Una señora logró plantar en la mejilla del Mesías un beso sonoro que seguramente le servirá para curar todos sus males.

Con una cara monumental y la mejilla llena de saliva accede a la foto, a la selfie que después la señora presumirá con sus amigas.

Camina unos metros más y un joven intenta abrazarlo para sacarse la foto y abrazarlo. Incómodo, algo balbucea y fastidiado aleja al fiel varón.

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Levanta la mirada en busca de auxilio.

En la toma siguiente se alcanza a ver a uno de sus ayudantes abriendo paso a un señor con su hija en brazos. Es el momento en que el hartazgo de López desaparece.

Intercambia miradas con su ayudantía y le acercan a una pequeñita de no más de 3 años.

La cara le cambia.

Su ayudantía acerca a la niña y López la recibe. La jala del brazo y hace el primer intento del beso.

La pequeña se escabulle en ese instinto maravilloso que tienen los niños cuando intuyen que algo no está bien.

Eso hubiera bastado. Pero no.

La foto no estaba completa. La foto con la pequeña distante no reflejaría en las primeras planas de los periódicos del día siguiente el amor incondicional del pueblo, el vamos requetebién y el no pasa nada.

López mira de reojo a las cámaras, sabe que la toma no está completa y jala de nueva cuenta a la niña.

La somete y pone los labios en forma de beso de trompita.

Quiero pensar que el tlatoani tuvo un rayo de conciencia que le indicó que eso sería un exceso.

Insistió con la mejilla de la pequeña. Con la mirada puesta en el fotógrafo y ordenando con los ojos que no se fuera a perder el momento, siguió terco con el beso en la mejilla hasta que llegó el mordisco.

El labio superior de López muerde la mejilla de la pequeña y permanece allí por segundos interminables.

Satisfecho de la foto y el mordisco. Complacido de que los fieles entreguen a sus hijos como moneda de popularidad, López sigue con los apretujones y extasiado sigue con fotos y abrazos antes de subirse al estribo de la camioneta y saludar de nueva cuenta a la masa.

El acoso a la pequeña duró exactamente once segundos.

Los besos que doy a mis hijos y a mi esposa, a mis amigas, a gente que quiero duran 1 segundo a lo más y quizá hasta dos cuando el afecto por no ver a alguien en mucho tiempo se desborda. Jamás un mordisqueo.

Jamás un beso de once segundos y nunca a una pequeña de tres años.

El asco me sigue revolviendo el estómago por esos once segundos infames, violentos, perversos.

Dejemos de lado la irresponsabilidad con que la se conduce López.

No se asume en el cargo por el que jodió durante más de 18 años.

No entiende y jamás entenderá lo que significa y la gravedad de ser presidente.

Lo suyo es ser el líder de pueblo, al que le llenan plazas, al que le cuelgan flores, al que le entregan niños.

El que por decreto acusa que el coronavirus y su manejo es un complot de los conservadores y la prensa vendida para desbarrancar a su gobierno.

Decenas han escrito de ello y suficiente pero el presidente y su gobierno de cuarta no hacen nada.

En plena pandemia somos el hazmerreír del planeta entero.

Insiste en sus giras populacheras y ajeno a la realidad mundial se refugia en funcionarios verdaderamente serviles que se atreven a lamerle las suelas con frases como la del subsecretario Gattel:

“La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio”

Dios nos agarre confesados. Darth Vader es un pobre imbécil al lado de López.

Pero eso hoy aunque parezca increíble y para esta columna que se escribe con el estómago revuelto es lo de menos.

Quiero ser claro:

Alguien, cualquiera, en cualquier momento, en la situación que sea, en el contexto que se quiera, se atreve a acosar y somete de la manera que hizo López a la pequeña, a mi hija, a las hijas de mis amigos o de mi familia y con guardias de seguridad o no, en el segundo tres hubiera recibido un reclamo, un golpe, un grito, una respuesta acorde a esa agresión.

Porque no nos hagamos ni intentemos disfrazar de popularidad lo que hizo López y justifiquemos ese acoso con cariño desbordado de una masa ignorante hacia su líder.

Los once segundos no mienten.

La carita y la actitud de la pequeña no engañan.

La mirada de López buscando la cámara es contundente.

Y el mordisco a la mejilla de la niña es asqueroso.

Es sucio.

Es impropio en un país en el que 10 mujeres al día son violentadas y asesinadas.

Es incorrecto en un país al que un gobierno le desapareció los refugios para las mujeres maltratadas.

Es idiota en un país de machos irredentos y en un país en el que los acosadores juegan con cartas de impunidad.

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Señor López , lo que usted le hizo a esta niña es impropio.

Da asco y vergüenza.

Y manda un mensaje a los pervertidos, a los acosadores, a los miserables, de que besar así a una pequeña de 3 años es festivo, es una ocurrencia linda, es un gesto que no tiene nada de malo porque si el señor presidente lo hace, entonces está bien hacerlo.

No señor, no, y que le quede bien claro, eso no está bien.

Nunca será correcto.

Fueron once segundos, pero el asco, el estómago revuelto y la indignación durarán mucho más.

Con los niños y niñas así no presidente. Así no.

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