Ingrid y Fátima.

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Ingrid. 

Una joven de 25 años.

En 2009 presentó una denuncia por violencia en la entonces Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México que quedó archivada porque ella, por la razón que fuese, optó por no seguir con el proceso legal.

Decidió darle una segunda oportunidad a su agresor.

Todos hemos necesitado, pedido y otorgado alguna vez en nuestra vida, una segunda oportunidad.

En la madrugada del 9 de febrero los vecinos escucharon gritos y discusiones que venían del departamento en donde vivían Ingrid y su pareja junto con el hijo autista de ella, un menor de 15 años.

Luego, el silencio.

Erik Francisco, pareja de Ingrid apuñaló y mató a Ingrid enfrente de su hijo.

Al ser detenido argumentó que la discusión había sido porque ella le reclamó que tomaba demasiado.

Luego la desolló de la cabeza hasta las rodillas. Mutiló sus miembros y los tiró al inodoro y el resto del cuerpo a la alcantarilla.

Con el cuchillo en mano, sentado en la sala llamó a su ex esposa para que fuera por el hijo de Ingrid.

Los agentes que atendieron el caso, esposaron a Erik y tomaron fotografías del cadáver de Ingrid que luego filtraron a los medios.

A Ingrid la volvieron a matar en las redes sociales al exhibir su cuerpo mutilado.

El machismo y el sexismo la revictimizaron y se justificó al agresor.

Fátima.

Una niña de 7 años.

Acudió a la escuela como todos los días. Se vistió de uniforme. Seguramente desayunó algo ligero y salió de su casa feliz. Llegó a la escuela y seguramente se despidió de su madre con un beso amoroso. Jugó con sus amiguitas.

Esta tarde la madre de Fátima no pudo llegar a recogerla a tiempo.

Después de 40 minutos las autoridades de la escuela primaria Enrique G. Rebsamen en Tláhuac la sacaron para que esperara a su madre en la calle.

Cuando llegó,  su hija ya no estaba.

Esto fue el 11 de febrero entre las 6 y las 6 y media de la tarde.

Las cámaras de vigilancia de la colonia muestran como una mujer se lleva de la mano a la pequeña y en ellas se ve a la mujer voltear nerviosa en varias ocasiones

Cinco días más tarde, el 16 de febrero, Fátima Cecilia fue encontrada a la orilla de un camino de terracería.

Su cadáver estaba desnudo, con evidentes huellas de tortura, mutilado y envuelto en una bolsa negra de plástico y costal.

Se presume que fue víctima de tráfico de órganos.

Fátima, la pequeña Fátima no salió de noche, ni se subió a un taxi.

Traía encima su uniforme escolar y su mochila. No portaba escotes provocativos, ni conoció a nadie por internet, ni se escapó con nadie.

Fátima fue a la escuela como siempre, en un día normal, jugó y aprendió. Seguramente se rió y esperó pacientemente a su madre.

Alguien, alguna hija de pu** decidió que Fátima ya no regresara jamás a casa.

Nadie con dos dedos de frente podría atribuirle estos dos atroces asesinatos a autoridad alguna.

Ellas fueron víctimas de malparidos sin escrúpulo alguno.

De bestias infames.

De alguien que se siente con el poder de tomar en sus manos el destino de una joven de 25 años y de una pequeña de 7 porque simplemente puede y porque sabe que no le va a pasar absolutamente nada.

Alguien que puede pararse tranquilamente frente a una escuela y escoger a placer a la próxima víctima.

Alguien que embrutecido por el alcohol y harto de reproche decide que la única manera de callar esa voz es atestándole varias cuchilladas en el cuello y luego temeroso y cobarde, intenta desaparecer en pedazos ese horror.

Una sociedad que engendra estos actos abominables está condenada.

Está perdida.

El machismo flagrante, el poder intocado del crimen organizado, la apología de la violencia, la ineptitud de las autoridades, el descuido de nuestros jóvenes, la falta de estrategias y la impunidad absoluta engendran estos horrores.

Pero también nuestra indiferencia.

También nuestra displicencia.

También nuestro silencio.

Y también el desprecio de quién nos gobierna.

No. López Obrador y sus políticos no levantaron el cuchillo contra Ingrid y tampoco secuestraron y envolvieron en una bolsa el cadáver de Fátima. No.

Pero sí las volvieron a agredir. Ya muertas.

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En cualquier país del planeta declaraciones como las de López ya hubieran causado el cese fulminante del cargo.

Decir : “…Exhorto a los elementos de la Guardia Nacional a ser respetuosos con los derechos humanos de los delincuentes, porque a pesar de su actuar, son seres humanos que merecen respeto y el uso de la fuerza tiene límites …”, es otorgar una patente de corso a los criminales.

¿Quién secuestró a Fátima y la desnudó, la torturó, la mató y la tiró a la calle en una bolsa de plástico negra, merece respeto señor presidente?

Afirmar : “…el planteamiento de que no nos ocupamos del feminicidio pegaría mucho… pero si todos los días estamos atendiendo el problema… y lo puedo probar…¿qué problema de conciencia puedo tener?… qué es lo que sucede, pues como hay una molestia no es que haya malestar social, la gente está contenta, el malestar es de los grupos de poder, los grupos de intereses creados que se resisten a los cambios…”; atreverse a decir eso es simplemente perverso.

¿En un país donde en 2019 se asesinaron a 35,555 mujeres y niñas, la gente está contenta, señor presidente ?

¿En serio después de enterarse del asesinato de una niña de 7 años puede dormir tranquilo y sin problemas de conciencia ?

¿De verdad cree usted que la familia de Fátima, en Tláhuac, Ciudad de México tiene intereses creados y manifiesta malestar porque es una familia que se resiste al cambio…?

Atreverse a escupir en la conferencia mañanera lo siguiente, después de que México se encuentra indignado por el asesinato de Ingrid:

“…No quiero que el tema sea nada más lo del feminicidio, ya está muy claro, se ha manipulado mucho, se aprovechan de cualquier circunstancia para generar campañas de difamación… así de claro basta ver un periódico como El Universal … si es importante lo del feminicidio pero esa va a ser la nota … hey , el feminicidio ya no… guerra sucia …y no quiero que los feminicidios opaquen la rifa del avión presidencial…” es mostrar una insensibilidad extrema y preferir la ocurrencia diaria a una tragedia nacional.

¿Es digno de un presidente, señor López pedir que la sociedad deje los justos reclamos de lado, entierre a sus víctimas y no se hable más de ello porque lo importante, lo verdaderamente importante es la pu** ocurrencia, la payasada de rifar el maldito avión presidencial?

¿Nos toma por pende***?

¿Tanto desprecio siente por el dolor ajeno?

López Obrador harto, cuestionado, saca de la manga un rosario de buenos deseos y lo autodenomina su decálogo en contra de la violencia contra las mujeres.

El quinto mandamiento de este mamotreto ordena: “ Se tiene que respetar a las mujeres “ y el tercero no es menos contundente: “ Es una cobardía agredir a una mujer “.

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Lo dijo López y seguramente así sí, se va dormir cada noche feliz feliz feliz y con la conciencia tranquila.

Emitió los mandamientos en contra de la violencia contra las mujeres y el pueblo bueno, su pueblo bueno acatará de inmediato el nuevo orden y se acabarán los crímenes de odio, las agresiones al igual que como garantizó que el dos de diciembre los criminales iban a dejar las armas porque éste, a partir de ese día, ya era otro México.

Nada de misericordia, de pena, de estrategias puntuales, de acciones efectivas.

De castigos ejemplares, de mayor luz en las calles, de mayor vigilancia en las escuelas, de dotar de mayores herramientas a la prevención, de educar a los jóvenes, de campañas efectivas contra el sexismo y el machismo. Nada.

Lo afirmó: los hijos e hijas de pu** que mataron y mutilaron a Ingrid y Fátima son los puntuales responsables. Ellos las mataron.

Pero quienes filtran las imágenes, quienes justifican los crímenes, quienes piden respeto a los criminales, quienes afirman que el pueblo está contento, quien dice que el feminicidio es una campaña de desprestigio y lo minimiza prefiriendo hablar de una rifa, escupen de nuevo sobre su memoria.

Las agreden una y otra vez. Y cada palabra es una paletada de tierra que lleva un desprecio brutal sobre lo que fueron sus vidas.

¿Cuántos cadáveres más se necesitan para darse cuenta, ser empático, mostrar dolor y dejar de ser miserable?

¿Cuantos señor presidente? ¿Cuántos más?

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