La calle es de quien la marcha

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Por Israel Navarro

Twitter @navarroisrael

Si la marcha de sociedad civil en defensa del INE hubiera tenido una pobre convocatoria, ¿ustedes creen que López Obrador hubiera tenido la necesidad de movilizar a su base el domingo pasado? La respuesta es clara. La marcha a la que convocó al presidente es una demostración de músculo político como reacción a la toma de las calles por parte de sus opositores que están en contra de su propuesta de reforma electoral.

AMLO dijo que su movilización obedecía a un festejo por el cuarto aniversario de su llegada al poder y que el pueblo sabio le pidió marchar. Pero eso no es más que parte de la narrativa populista que ha sostenido su mandato. La realidad es que el presidente se niega a asumir un rol oficialista y perder ante sus adversarios la plaza pública donde él hizo campaña toda la vida.

Por eso, todos los días los etiqueta, se burla de ellos y los denosta porque su estrategia de gobierno es precisamente dividir y atender solo a la red clientelar que ha podido consolidar a través de los programas sociales que no reducen la pobreza, pero sí reivindican social y moralmente al pobre. Esa fue la base que en gran parte fue movilizada para llenar el Zócalo.

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Ojo, no estoy diciendo que en la marcha de AMLO se haya llenado con puro acarreo. Por supuesto que había un gran sector de ciudadanos que legítimamente creen en el discurso lopezobradorista, pero lo que sí creo es que el presidente se puso en una posición muy difícil, porque hace 4 años, podía movilizar a grandes contingentes solo vendiendo esperanza. Hoy, siendo gobierno, para mostrar fuerza tiene que echar mano de las tácticas jurásicas a través de 1700 camiones que dudo que se paguen con los $200 pesos que licenciado dice traer en la cartera.

Ignoro cuantas personas haya concentrado la marcha del INE y la contramarcha del presidente. El número da igual. Lo relevante es que, si el presidente tuvo que salir a tratar de recuperar el espacio público, sus adversarios no están tan moralmente derrotados como él decía.

Y por otro lado, hay que reconocer que no ha habido una marcha similar de algún otro presidente. Peña Nieto jamás hubiera marchado así, so pena de aguantar una buena rechifla. Ergo, AMLO sigue manteniendo la cercanía y austeridad en su persona como sus herramientas predilectas de trabajo. Esas que le aseguran una aprobación de 60% sin tener un logro tangible en el ocaso de su administración, más allá de ideologizar a quienes creen en su concepto de transformación y “humanismo mexicano”, lo que sea que eso signifique.

Israel Navarro es Estratega Político del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica.