Bipolaridad política: síntoma de una democracia enferma

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Por Israel Navarro

Twitter @navarroisrael

El 6 de enero del año pasado, Estados Unidos vivió uno de los capítulos más vergonzosos en su historia democrática. Un grupo de seguidores del entonces presidente Donald Trump tomaron el Capitolio, sede del Congreso donde llevaba a cabo la certificación de los votos del Colegio Electoral, el último paso para declarar a Joe Biden como el presidente número 46. El saldo: 7 personas muertas.

Un año después, la justicia estadounidense sigue deslindando responsabilidades y tiene en la mira al expresidente Trump por la instigación a la sedición, y además, por tener la intención de impedir la juramentación de Biden, bajo el pretexto de supuestos fraudes electorales, de lo cuales nunca presentó una sola prueba. Afortunadamente, actores políticos clave de su mismo partido, como el Vicepresidente Mike Pence y el líder del Senado Mitch McConnell asumieron una postura institucional, lo que puso fin a las absurdas pretensiones de Trump por amarrarse a la silla presidencial.

Por si no viste:

Sin embargo, aun cuando las aguas han vuelto a su cauce, la herida de la polarización fue demasiado profunda, y al día de hoy esa división persiste, tanto en la política, como en la sociedad. De acuerdo a las encuestas, hay un 40% de estadounidenses que cree que Biden no ganó la elección de manera legítima. ¡40%! Pero el problema no es que tengan esa creencia, sino que ésta haya sido sembrada sin evidencias y más aun que esto comprometa la gobernabilidad actual, porque no hay gobierno sólido sin credibilidad.

Y para colmo de males, la clase política aviva cada vez más el radicalismo. Los políticos que tienen discursos conciliadores, de unidad, y de centro cada vez son más escasos. Pareciera que Estados Unidos está inmerso en una espiral de polarización que se vuelve más fuerte porque nadie está dispuesto a ceder en términos de reconocimiento a la postura del otro. Un síntoma claro de una democracia enferma.

Vienen elecciones otra vez en noviembre de este año: la intermedia en la que se renovarán 435 curules de la Cámara de Diputados, actualmente con ligera mayoría Demócrata; y 34 de 100 escaños en el Senado en donde los Republicanos tienen el control. Generalmente, esta elección la pierde el partido en el poder, en este caso los Demócratas, por lo que podría haber un revés para Biden, que con 42% de aprobación rema contra corriente para remediar los efectos de la pandemia y su antecesor.

Una democracia puede funcionar con un sistema bipartidista, pero no cuando es bipolar. Por ello, hay que asumir este escenario como un ejemplo del riesgo que representa el radicalismo, porque bien dicen: cuando veas las barbas de tu vecino rasurar, pon las tuyas a remojar. 

Israel Navarro es Estratega Político del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica.