¿Destinados a ser o no ser?

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El destino, ¿Qué es?, A lo largo de la historia de la humanidad se nos ha presentado esa pregunta y con la misma frecuencia hemos intentado darle una respuesta, atea, científica o religiosa, pero respuesta al final, siempre hallándonos una vez más en la misma disyuntiva que al comienzo, con pensamientos un tanto más pulidos, pero con más preguntas que certezas sin lugar a dudas y es que a pesar de la gran cantidad de respuestas que se le da a esta pregunta, no quedamos satisfechos, quienes quieren creer en el destino refutan a esos que dicen que no existe y viceversa, una histórica danza humana en la que ninguno de los emparejados cede ¿El destino existe?

Primeramente, no podemos hablar de destino sin hablar de tiempo, ambos son conceptos humanos, con esto me refiero a que son creaciones que facilitan el entendimiento de la realidad para el ser humano, hace de todo algo más sobrellevable e incluso, empleado por las personas incorrectas, estos conceptos pueden ser empleados como mecanismos de dominación y adoctrinamiento.

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El tiempo para la física es lineal, no hay retorno, siempre va hacía el frente (utilizo esta palabra para ilustrar el concepto, pues en realidad no hay una dirección concreta en lo que se refiere al tiempo), esto se debe al principio de entropía que impera en nuestro universo, el cual tiende al desorden, cada segundo que pasa el universo es un poco más desordenado, por ello, tenemos un recuerdo del pasado, pero una ignorancia total de futuro, suponiendo que exista un universo en donde lo que impere fuera la tendencia al orden, probablemente los seres pensantes que existieran en el pudieran tener un recuerdo del futuro, pero una ignorancia total del pasado.

El tiempo de esta forma no es más que una unidad de medición, cuya finalidad más existencial es darle un poco de sentido a nuestra estancia en el mundo, hacer que nos percatemos de nuestra propia mortalidad y por tanto de nuestra existencia, la cual, lejos de ser una cosa sencilla de lograr, es una de las cuestiones más complicadas de lograr para un ser humano inmerso en la sociedad de la inmediatez.

A pesar de la física y de su concepto de tiempo lineal ante el cual no hemos encontrado una respuesta que contradiga su unidireccionalidad y por lo tanto no existe en la humanidad contemporánea una máquina del tiempo capaz de romper esa cadena física que nos ata a un determinado tiempo, a pesar de ello, los filósofos y en general los científicos sociales trabajan con unidades de tiempo diferentes, desde la medición decreciente que llegada a cero comienza a hacerse ascendente al referirnos a los tiempos previos y sucesores a Cristo, hasta conceptos más trabajados como la dialéctica hegeliana, el eterno retorno de Nietzsche, la misma mitología griega refuerza todo esto con historias como la de Sísifo condenado llevar a cuestas una roca y tener que volver a comenzar antes de llegar al final o la propia mitología prehispánica que concebía al tiempo como una cuestión cíclica.

Marx decía que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como comedia, esto se debe, quizá, a la constante repetición histórica que conlleva la dialéctica de dominadores y dominados, las cuales culminan con las eventuales revoluciones que no hacen más que posicionar a una nueva clase en el poder cuya razón de existir se encuentra en aquellos quienes la sostienen y quienes la sostienen tienen sus razones en los que son sostenidos, de esta forma se reproduce toda una tragicomedia histórica cuyos diversos actos parecen ser una copia maquillada de la anterior.

Es esta conjunción de tiempo físico y tiempo filosófico lo que da origen al concepto de destino, pues el ser humano se niega a pensar en si mismo como una criatura fugaz, en parte debido al gran ego que cargamos con nosotros, emanado de nuestro autoposicionamiento superior forjado a imagen y semejanza de un ser divino, pretendemos que el universo tiene un plan para nosotros, realidad o mentira, no lo sabemos. El destino no se entiende sin tiempo y el tiempo no se puede entender sin la muerte, en realidad toda gran lucha social que se hace se está haciendo por la emancipación de nuestro tiempo, pues es en el tiempo y no en otro concepto en donde podemos hallar una verdadera libertad, libres de las ataduras que significa el encadenamiento del tiempo por parte de otro ente generalmente igual de abstracto, el tiempo debe pertenecerle a los conceptos abstractos humanos como las corporaciones, el Estado y las instituciones en su generalidad y no al humano mismo pues esto significaría que tendría tiempo para pensar en libertad, lo que indudablemente llevaría a hacer libertad.

El tiempo, sin ir más lejos, está condicionado a horarios predeterminados, se duerme ocho horas, se trabaja ocho horas, se come cada cuatro, todo esto se encuentra sujeto a una rigurosidad industrial las cuales son la cara más visible y evidente del sistema capitalista, el tiempo se conquista con luchas sociales que hicieron de jornadas laborales de dieciséis horas, jornadas de ocho y algunos países comienzan a implementar horarios laborales de seis, independientemente de la evolución social e histórica de esos países industrializados y bendecidos por las facilidades del primer mundo, pioneros en la reducción de la jornada laboral, es un gran avance humano que debe de derramarse por el resto del mundo.

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El destino es entonces la respuesta más evidente de un ser que se hace consciente de su mortalidad y que tiene la capacidad de hacer planes estructurados y complejos a futuro, es aquí cuando se debe mencionar que el destino no es solo un concepto humano, sino que también es antropocéntrico, pues la meta final, al menos en el imaginario del ser, está diseccionada del bienestar mundial y no me refiero a un sentido puramente filantrópico en el que se ayuda al semejante, sino que el destino, en su generalidad se concibe como una meta humana y no interespecie, me refiero a un concepto que admita en si mismo el destino mismo de las especies que el ser humano extingue por el continuo esfuerzo de lograr encontrar su destino, ya sea individual o colectivo.

Finalmente debemos abordar una cuestión poco comentada al momento de hablar de destino, este concepto es una herramienta eficaz de control, ofrece algo en lo cual creer a ciertas sociedades, generalmente sociedades desarrolladas con proyectos de nación establecidos, el ejemplo más conocido es Estados Unidos y su concepto social de “destino manifiesto”, una creencia la cual dicta que ellos y solo ellos son la nación elegida para instaurar la democracia, libertad y civilización en el mundo ¿Cómo? No lo menciona, pero la práctica ha dado una respuesta clara, es esta creencia generalizada la que legitimó a muchas de las empresas intervencionistas que Estados Unidos arrancó en el siglo pasado, un destino compartido de una nación que muy probablemente acabó con el concepto de destino que personas y naciones enteras tenían.

México mismo, durante el siglo pasado con el proyecto de nacionalismo que emprendió a cargo de José Vasconcelos, pareciera que empezaba a construir un esbozo de destino social con “La raza cósmica”. El destino de las naciones, como se ha observado, es la cara metafísica de un proyecto de nación concreto y tangible.

Este ensayo no pretendió dar una respuesta a la pregunta humana de sí el destino existe, quizá, como Milán Kundera escribe en su novela “La insoportable levedad del ser”, todo no es más que un conjunto de casualidades que se encuentran y nosotros cargamos de significado, o si, al contrario, existe un plan predeterminado para todo lo que existe. Filosofía, ciencia y religión, cada una a su manera, indaga en la problemática que trae consigo ser humano.

José Daniel Arias Torres
Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana Puebla, escritor y ganador de diversos concursos literarios, invitado a eventos y encuentros artísticos con experiencia en el medio radiofónico y en el área de investigación de derechos humanos. Correo electrónico: danatjose@gmail.com