De despedidas y otras muertes

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Plumas Invitadas Homoseriocomic Daniel Arias De despedidas y otras Muertes El Tecolote Diario

El adiós, la despedida y la muerte tienen algo en común y esto es la extirpación de uno de los tiempos en el ser, me refiero al futuro, que más que tiempo es ilusión, es perspectiva y sobre todo es creencia de trascendencia, de llegar más allá de la existencia efímera del presente, de pensarse con el universo y no en el universo, el futuro es una mentira que se cuenta a si mismo una persona al encarar la precariedad del presente e cualquiera de los sentidos, es lo que fue “El dorado” para los conquistadores, un momento, un espacio en donde todo estará mejor.

El pasado, por otro lado, es el refugio de lo ideal y el recuerdo, son los ojos que se quedaron un tiempo lejano ya y que siguen mirando las mismas situaciones, buenas o malas, pues el trauma es innegable en la condición humana, pero siguiendo con una línea melancolía, es un hecho que esta emana del recuerdo inalcanzable que se sigue reproduciendo cada vez más ideal en nuestro ser y que enmarca en el rostro una triste sonrisa al recordar.

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El pasado es eso que no volverá, el futuro, la promesa de que sí o hará y el presente el contenedor del ser que se encuentra de pie en un espacio, haciendo contexto y repensando el tiempo sin lograr desprenderse por completo de su comprensión lineal y única, la angustia del ser humano posmoderno radica en su incapacidad para asumirse en el instante y siempre vivir añejándose en recuerdos o desgastándose en perspectivas futuras.

Pero retomando el primer punto de este pequeño escrito, la despedida, el adiós o la muerte, es la extirpación del ser de un tiempo, este es arrancado de su certidumbre cultural espacio y temporal y lo elimina de cualquier perspectiva a futuro, pasa de “ser” a “no ser”, incompatible en el presente y por ende futuro de un ser humano que forzosamente requiere de “ser” para tener espacialidad y temporalidad, es por eso que la muerte y las despedidas tienen tanta afinidad, pues aunque en una el “ser” continúa siendo, éste ya no se encuentra con nosotros, se encuentra en otro espacio, en otro tiempo y nos deja en un luto metafísico que tiene más que ver con la muerte que con la lejanía espacial y es que a pesar de que la perspectiva a futuro continúa, esta es una perspectiva excluyente y quebrada, perspectivas a futuro independientes que difícilmente se volverán a cruzar en una línea convergente, si, personales, pero unidas en el camino y en el mismo tiempo.

El adiós y las despedidas son una muerte diferente, pues es una muerte que se comparte con la persona que se murió, que eres tú y ella al mismo tiempo, extirpados de cualquier perspectiva a futuro juntos, al menos en un futuro real y no ese futuro que es albergue de la ilusión, que para el caso son lo mismo, pues ambos involucran un tiempo siempre inexistente.

Lidiar con las despedidas es como lidiar con la muerte, con un tiempo de luto y de silencio, de recluirse en el pasado para poder volver al presente, el pasado, en ese sentido, se vuelve purgatorio del ser que debe reducirse a su expresión mínima a través de las llamas de la memoria, para poder regresar a ser por completo en el presente, pues de lo contrario, nos hacemos muertos metafísicos con un físico funcional, vivientes solo a través de los recuerdos que no terminan por alcanzar nuestra temporalidad física, el arder del ser, el quemarse, el matarse en el pasado para poder aceptar un futuro en el que de nuevo, nuestra existencia se encuentra de frente a la inmensa incertidumbre y vacío, es necesario, para poder volver.

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