Amor verdadero

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Cuando tenemos 20 años, soñamos con que la vida en pareja sea largos paseos en la playa tomados de la mano o cenas románticas a la luz de la luna o creer que con quien estamos es nuestra “alma gemela”. Creo que para empezar nadie sabe qué es eso del alma gemela pero ahí vamos todos a creer que es esa otra mitad que nos hace falta, como si para empezar hubiéramos nacido incompletos; porque eso es lo que hemos visto en las películas y leído en las novelas románticas.

Al pasar los años y las parejas vamos aprendiendo que el amor y la vida en pareja no es como lo pintan, y no es que sea malo, pero dista mucho de la visión romántica que todos queremos creer.

Hoy en día conocer a alguien y enamorarse al parecer no requiere de mucho tiempo, conoces a alguien en línea, quedan de verse en algún lugar, salen a 3 o 4 citas, de pronto se sienten listos para tener sexo y cuando menos lo esperan, ya son “una pareja”.

Hoy no nos damos tiempo para conocer verdaderamente a las personas, no sólo a la pareja, tampoco a los amigos o a los compañeros de trabajo; bueno, ni siquiera a nuestros hijos. Y lo que entiendo de eso es que: no se puede amar a aquello que no se conoce, con todo lo bueno y todo lo malo que eso conlleva.

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Amar verdaderamente a una persona, implica haber experimentado momentos grandiosos de compartir, de reír, de contarse historias, de quedar fascinado con las diferentes caras y actitudes que muestra en diversas situaciones. Pero también implica haber conocido cómo es esa persona cuando se enoja, cómo te trata, cómo trata a otras personas, a su familia, o personas que encuentra en la calle. Entender cuáles son las cosas que le molestan y cómo reacciona ante estas.

Un punto igual de importante es conocerse uno mismo, muchas de las decepciones que sufrimos a lo largo de nuestra vida, tienen que ver con el hecho de que no nos conocemos realmente y, por lo tanto, vamos por la vida esperando que nos den “likes” por las cosas en las que vamos complaciendo a la otra persona. Por ejemplo, a él le gusta correr en la montaña y espera que a ti también te guste el ejercicio, cuando tú muestras que te gustan las mismas cosas, vas ganando “palomitas” en la mente de esa persona, porque significa que tienen puntos en común y entre más puntos en común tengas con esa persona, más fácil parece haber encontrado a tu media naranja. Pero ten en cuenta que una vida en pareja es mucho más que tener aficiones en común, una vida en pareja es hacer equipo, es entender que las cosas en las que la otra persona es más fuerte o tiene más experiencia que tú, son aquellas que te ayudarán a ti a crecer, porque, el fin último de tener una pareja, según mi punto de vista, tendría que ser crecer como persona, para aprender de uno mismo y de la otra persona.

Casi nunca tenemos esto en mente, lo que pensamos es: “qué guap@” a ver si me hace caso y cuando logramos tener su atención, ya no sabemos qué hacer con eso, y entonces, mentimos, escondemos quiénes somos en realidad porque no nos gustamos y mucho menos nos queremos, pero eso sí, esperamos que la otra persona sí nos quiera, sí nos considere, sí nos conozca realmente. Somos tan contradictorios como es posible y luego nos preguntamos cómo es que no tenemos éxito en el amor.

¿Por qué no, en lo que llega esa persona especial con la que queremos compartir nuestra vida, vamos sanando las heridas que tenemos? ¿Por qué no nos conocemos realmente y nos damos chance? ¿Por qué no nos perdonamos todos los errores que hemos cometido y empezamos a analizar qué es lo que hemos aprendido de todo esto?

Recuerden que lo malo de estar buscando al príncipe azul, es que probablemente él está buscando a la princesa del cuento.

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