Trata a tus hijos como a los colaboradores de una empresa

0
58
plumas-invitadas-5-d-vida-adriana-garcia-trata-a-tus-hijos-como-a-los-colaboradores-de-una-empresa

Todas las semanas leo artículos que tratan acerca del bienestar de los trabajadores en las
empresas. Desde aquellos que proponen cómo motivarlos, ya sea con incentivos económicos,
reconocimientos o incluso haciéndolos parte de proyectos especiales. Otros que hablan acerca de cómo dar retroalimentación de manera constructiva, porque entienden que la mayoría de las
personas reaccionamos mal ante las críticas y en lugar de utilizarlas para la mejora personal, lo
más seguro es que se establezca un precedente negativo. Incluso las empresas cuentan con cursos y talleres para aprender a dar retroalimentación, en donde si la crítica será positiva, se puede dar frente a otros colaboradores, mientras que, si será negativa, tendrá que ser uno a uno.

Las empresas buscan constantemente entrenar a sus colaboradores para que adquieran
habilidades y conocimientos que les permitan comprender a la organización y finalmente sentirse parte de esta. Incluso muchas empresas trasnacionales llevan a sus nuevos colaboradores a la cede de la empresa aún cuando se encuentre fuera del país para que las personas sepan cual fue el origen de la misma y aprendan la misión, visión y valores a través de los cuales la empresa se rige. Después del entrenamiento, el trabajador pondrá en práctica los conocimientos adquiridos, pero será el tiempo y “la práctica” lo que permita que la persona domine esas nuevas habilidades.

Muchas organizaciones buscan la manera de ofrecer beneficios que otras no otorgan, esto es un gran diferenciador que puede atraer a posibles candidatos cuyas habilidades y conocimientos favorezcan a la organización.

Ahora bien, así como las empresas buscan el bienestar continuo de sus colaboradores, los padres deberíamos de hacer lo mismo por nuestros hijos y por nuestra familia.

Por qué desde que nace el bebé escuchamos frases como: “no lo cargues, se va a hacer de
brazos”, “te va a tomar la medida”, o, “déjalo que llore, que aprenda que no siempre se saldrá con la suya”, o “ese niño es mal educado porque no le dieron una nalgada a tiempo”.

Los bebés nacen con un impulso vital, dependiendo por completo de los padres para cubrir sus
necesidades básicas. Un bebé, no se “hace” de brazos, necesita los brazos de mamá y papá para sentirse amado, seguro, confiado, protegido y bienvenido en el mundo al que acaba de llegar. Los bebés no son “mañosos” sino que requieren del contacto físico para nutrir su parte emocional.

Cuando pensamos en los bebés, queremos que no lloren, que duerman por lo menos 6 o 7 horas seguidas, que tomen la leche de mamá o la primera fórmula que probemos, esperamos que al enseñarlos una vez cómo ir al baño, en esa primera vez lo entiendan y sino, de “cochino” no lo bajamos, no importa frente a quién se lo decimos.

Si un niño de 3, 4 o 5 años decide no compartir sus juguetes, muchos papás en lugar de
comprender que el niño posiblemente no esté listo para compartir, se enojan, lo regañan frente a todos y lo obligan a que comparta porque “no queremos que sea envidioso cuando sea grande”. Ajá yo quisiera ver a qué adulto le quitan su smartphone y le dicen: comparte y que se quede muy quietecito mientras que alguien más lo usa.

Así como las empresas buscan ofrecer a sus colaboradores beneficios, tomarlos en cuenta cuando se discuten proyectos y se les premia con diversos incentivos, de igual manera es importante ponernos en el lugar de los pequeños y comprender que están descubriendo el mundo, que lo hacen a través de nosotros, que van a tener que practicar mucho antes de entender sus emociones y luego controlarlas.

Pensemos que si a nosotros como adultos nos cuesta trabajo dominar nuestros impulsos después de 20. 30 o 50 años, no podemos esperar que un niño se domine a la primera. Es un proceso, que se debe dar con amor, con paciencia, con motivación, incentivos y muchos beneficios.

Lo más important es que comprender que los niños, al igual que los adultos, merecen respeto. El hecho de que sea un bebé o un niño no implica dejar de respetarlo. No porque yo “soy la mamá” puedo y debo gritar, pegar, manipular y despojar al niño de toda autoestima para ver si así me obedece. ¿En qué momento decidimos que para que los niños entiendan y obedezcan, primero es necesario hacerlos sentir mal? ¿A poco a un colaborador lo haces sentir inútil, lo criticas, le faltas al respeto y a partir de eso hace mejor su trabajo?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here