No me voy a contagiar

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Plumas Invitadas 5 de Vida Adriana García Yo no me Contagio El Tecolote Diario

Al escuchar las noticias de un nuevo virus que afectaba a la población de China pensé, “qué mal, pobres”. Luego dijeron que había casos de contagio en diversas ciudades de Europa y pensé, ojalá que no llegue más lejos. Tras saber que el virus se encontraba ya en México pensé, “espero que no nos contagie”.

He pasado por todos los estados de ánimo desde la primera noticia del Coronavirus y aún cuando en este momento ningún conocido o persona cercana a mi se ha contagiado, lo que sí se ha vuelto una especie de infección es el miedo, la frustración, la impotencia, la desesperanza.

Leo amigos y familiares con ataques de pánico, niños con insomnio, ancianos que no saben si el mañana llegará, y por eso, he decidido que NO ME VOY A CONTAGIAR.

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Que estaré más presente que nunca con todos mis seres queridos, los que están muy cerca y aquellos que están muy lejos, que, en lugar de ser la voz del pánico, la tristeza y la desesperanza, seré la voz del que sabe que esto no es el final, sino tan solo el comienzo de un nuevo mundo y una nueva vida. Que no por ser diferente será mala.

Saldré por la ventana a saludar a mis vecinos, estaré en contacto continuo con todos aquellos que necesitan, aunque sea palabras de aliento y la seguridad de que esto también pasará. Porque la vida sigue, distinta, retadora, incierta, pero sigue.

Me dedicaré a compartir noticias de cambio, de luz, de esperanza, de buenas acciones, de esas que restauran la fe en la humanidad, en la vida, en el futuro.

Porque aún cuando en este momento no lo parezca si hay un futuro, uno en el que tendremos que ser más responsables, más cautelosos, pero también más alegres, más luchones, mejores en todos sentidos.

Allá afuera hay un mundo de gente que ayuda, que coopera que ofrece de todo, su tiempo, su empatía, dinero, ropa, comida, regalos inesperados. Hay milagros sucediendo en cada rincón del planeta.

Hoy tenemos como humanidad el gran reto de mostrar a las generaciones del futuro que nosotros, los que sobrevivimos a este momento, entendemos el incalculable valor que cada vida tiene, que no importa raza, sexo, religión o creencias políticas, nos reconocemos como sobrevivientes y no vamos a parar hasta que nuestros hijos aprendan ese mismo valor.

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Ceguera amorosa.

Y con esto a ver si de una vez por todas nos dejamos de diferencias absurdas, de pensamientos críticos que no le aportan nada a nadie, de sobrevalorar el dinero y las posesiones por encima de ser mejores seres humanos. Esta es nuestra oportunidad de regalar a nuestros hijos un legado de fe, de esperanza, de unidad, de hermandad. Porque ¿de qué diablos nos sirve estar en contra de aquél que piensa diferente si eso mismo nos hace tan iguales? de qué nos sirve criticar, pelear y mostrar a toda costa que tenemos la razón o que somos los poseedores de la verdad si al final, todos vamos al mismo lugar, cualquiera que este sea.

Es momento de levantar el corazón y el espíritu y mostrar nuestra grandeza como raza humana, ayudemos, apoyemos, cooperemos, seamos portadores de amor, de esperanza, de buenas noticias, de todo aquello que nutre el alma. Porque de quejarnos ya tenemos suficiente, de esparcir miedo, tristeza, bajeza y desesperanza ya muchos se encargan.

Por eso YO NO ME VOY A CONTAGIAR y esta vida que hoy tengo la viviré de la mejor manera posible, mejorando cada día, aprendiendo nuevas cosas, aportando, cuidando, trabajando, porque esta, es la única manera de asegurar la supervivencia del alma.

¡No se contagien!

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