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Nadie quiere tener un centro de datos propio

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Nadie quiere tener un centro de datos propio El Tecolote Diario

Cuando comenzó la digitalización de los procesos empresariales, allá por la década de los 70-80, las compañías que podían permitirse dar este salto (grandes bancos, operadores de telecomunicaciones, gobiernos…) implantaron gigantescas máquinas en sus propias sedes corporativas o en naves habilitadas para tal uso. Algunos de estos sistemas, como los históricos mainframe de IBM, siguen en funcionamiento en muchas de estas compañías.

Poco a poco, estos sistemas fueron reduciendo su tamaño y complejidad, de modo que era posible desplegar muchas máquinas y conectarlas en un mismo centro para centralizar así toda la actividad digital de la empresa y proveer de muchos más servicios a las filiales o delegaciones territoriales. Surge así el concepto de centro de datos al uso, donde están alojados los datos y aplicaciones críticas de cada entidad.

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Esa premisa se ha mantenido estable hasta nuestros días, conforme más y mejores servidores se iban desplegando para dar respuesta a las crecientes estrategias digitales de las empresas. Y, con el despegue del Big Data y la presumida explosión de información que iban a tener que procesar las organizaciones, muchas de ellas hicieron ingentes inversiones en centros de datos de última generación.

Hablamos de instalaciones muy costosas, con montantes de inversión superiores a las decenas e incluso centenas de millones de euros. Y es que, no solo hay que contar el precio de los propios equipos informáticos, sino también de las redes de conectividad asociadas, la relación con el suministro eléctrico (y los sistemas o baterías de respaldo) y el despliegue de los sistemas de refrigeración que permiten mantener operativo el centro de procesamiento de datos (CPD) en sí mismo. A ello, hay que añadir en muchos casos los costes del terreno y de la construcción propiamente dicha del edificio. No es moco de pavo, precisamente.

Las empresas que dieron este paso fueron vanagloriadas por analistas, inversores y la prensa. Estaban encarando con fuerza la gran ola digital y tenían preparadas sus infraestructuras para responder mejor que sus rivales a los desafíos tecnológicos del Big Data o la irrupción de la inteligencia artificial y los análisis de información a gran escala.

Pero solo fue un espejismo, o al menos una realidad que tenía nombre y fecha de caducidad. Porque con lo que no contaron los CIO que diseñaron estos despliegues de centros de datos es que, a finales de los 2000, iba a surgir una tendencia en el mercado que haría inútiles todos estos esfuerzos previos: el cloud computing.

La premisa es realmente simple: los grandes proveedores de servicios digitales (como Amazon, Alibaba, Google o Microsoft) necesitan desplegar grandes infraestructuras físicas para prestar soporte a sus propias aplicaciones. Pero como todas ellas experimentan picos de carga, tienden a sobreponderar las necesidades de sus CPD. De este modo, presentan habitualmente un exceso de capacidad —tanto de procesamiento como de almacenamiento que pueden comercializar a terceros.

De este argumento base surge todo un mercado en el que estos actores aprovechan su economía de escala, experiencia operativa y dispersión geográfica para ofrecer todas las capas de la informática empresarial (infraestructura, plataforma y aplicaciones) como un servicio. De este modo, la empresa final solo tiene que pagar una cuota mensual y dar un par de clicks para acceder a las capacidades que antaño requerían años de diseño de un centro de datos y millones de euros en inversión.

Entre los candidatos a la compra, efectivamente encontramos proveedores habituales de centros de datos de colocation, especializados además en trabajar con distintos actores del mundo cloud, incluyendo los grandes nombres antes mencionados. En concreto, los tres mejores posicionados son Brookfield, Digital Realty y Equinix, esta última presente en nuestro país tras la reciente compra de Itconic.

Esta venta confirma la mala idea que fue para Telefónica abrir su propio centro de datos ante una competición cloud en la que no podía ganar. Si a ello le unimos las alianzas de esta misma entidad con Microsoft, Google e IBM para comercializar sus servicios digitales en lugar de los propios de Telefónica, corroboramos que el rol de la ‘telco’ en la arena cloud es el de un mero integrador o distribuidor.

A nivel de números, las pruebas también constatan el error de cálculo de Telefónica. Si la venta se produce efectivamente por 500-600 millones de euros, eso apenas cubrirá el doble del coste estimado por el proyecto total del CPD de Alcalá. A falta de datos exactos sobre la inversión realizada en el resto de centros de datos a escala internacional, resulta complicado que la empresa española pueda amortizar (ya no rentabilizar) todo el gasto realizado en esta arena.

Telefónica puede argumentar, eso sí, que el intento de ser un actor relevante en el mundo cloud fue algo compartido por todos los operadores de telecomunicaciones en el mundo. Pero eso esconde una pequeña trampa: salvo excepciones como T-Systems (la exitosa filial de consultoría TIC de la alemana Deutsche Telekom), el resto de ‘telcos’ abandonaron sus centros de datos mucho antes que Telefónica: Verizon se deshizo de sus 30 CPD en 2017 y AT&T hizo lo propio el año pasado.

Similar pero no igual es la situación del BBVA. Este banco, uno de los dos emblemas junto al Santander del sistema financiero español, fue una de las pioneras en el mundo a la hora de construir un centro de datos Tier IV. Fue en 2012 cuando estas instalaciones, ubicadas en Tres Cantos (Madrid) y con respaldo en La Vaguada, vieron la luz.

En este caso, se trata de un CPD con cerca de 10.000 procesadores de alta gama, capaz de gestionar alrededor de 45 millones de transacciones diarias de distintos tipos y canales de procedencia. Estas instalaciones también prestan la mayoría de los servicios digitales internos de BBVA, incluyendo las capacidades que necesitan 40.000 empleados, a sumar las áreas de mercados y las unidades de negocio globales que también operan con este centro.

Con información de Hipertextual

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