De los movimientos de América Latina o América Latina en movimiento

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Plumas Invitadas Daniel Arias Homoseriocomic 2 El Tecolote Diario

La capacidad de rebelión y el derecho de resistencia es la ultima ratio de una sociedad que ha agotado las instancias institucionales previas, y estas han dado una respuesta poco clara o mediocre a las exigencias del soberano moderno que es el pueblo. La capacidad de resistencia es anterior al derecho positivo, es la capacidad intrínsecamente humana de oponerse al establishment cuando se considera que una ley o norma es injusta, esto de igual forma se puede entender de forma extensiva y analizarse desde el hecho de que el sistema por completo es injusto. Esto en ocasiones es difícil de entender para algunas personas que relacionan al “derecho” y “ley” con “ético” o “bueno”, de hecho, el derecho y ley tienen más que ver con lo moral que con lo ético y es que esta simple diferencia conceptual es la que termina construyendo todo un aparato legal que define el actuar humano en determinada sociedad, es decir, la moralidad es la expresión de la creencia de lo que es “correcto” para una sociedad, sin embargo, esta expresión no es universal, ya que la moralidad está en constante cambio, este cambio a su vez está sujeto a las élites que definen los intereses en juego y para ello hacen uso de la justificación teórica y práctica. Lo que es legal y los derechos otorgados o extirpados son la justificación teórica, mientras que el aparato represivo e ideológico es la justificación práctica.

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En otras palabras, la legalidad emana de la cultura y de los hábitos, es por ello que en algunos países es legal estar casado civilmente con más de una persona, o recurriendo a un ejemplo temporal, es por ello que la esclavitud era algo legal en siglos pasados en el corazón de la que se dice ser la sociedad más justa y libertaria como lo es Estados Unidos, la legalidad de ninguna forma es un sinónimo de “bueno”.

A pesar de lo anterior, los derechos en su generalidad se han conseguido mediante un constante enfrentamiento entre el circulo dominante y el circulo dominado, la obtención de derechos humanos y derechos civiles y políticos son un ejemplo de ello, enmarcados a grandes rasgos en los movimientos sociales y mundiales experimentados en la década de los sesentas y setentas de siglo pasado que puso en tela de juicio al sistema, la respuesta de este último fue pragmática: Hacer las concesiones necesarias para garantizar la perpetuación del sistema, o dicho de forma burda, liberar presión de una olla que de lo contrario terminaría por explotar, sin embargo, este cambio no hace que el sistema sea un sistema justo, al contrario, lo hace un sistema pragmático y egoísta que vela por su propia salud y sí para conseguirla es necesario salvar de la precariedad política a algunos sectores, entonces lo hará.

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El derecho último a la resistencia es uno que existe esté inscrito en el sistema legal o no, pues es una capacidad natural humana el poder discernir entre lo que está bien y lo que está mal, más allá de los dictados de la legalidad y moralidad producto de la cultura gestionada desde las clases gobernantes, es por ello que la resistencia siempre ha estado presente en la historia humana, la capacidad de oposición y de negación desde los distintos niveles, ya sean ideológicos o mentales, hasta las más evidentes como lo son las ocupaciones militares de un país a otro o la instauración de sistemas de gobierno que atentan contra la justicia o contra la libertad humana.

El propio concepto de “resistencia” se suele asociar popularmente con el concepto de “violencia”, vaciando al propio concepto de todo contenido categórico y creando en el imaginario colectivo una imagen en la que los grupos resistentes o disidentes son persecutores del caos, anarquía (igualmente desentendida y entendida a través de las definiciones propagandísticas políticas), violencia o desorden por el solo gusto al desorden.

Sin abordar casos particulares, es de sumo interés observar los estallidos de protestas y movimientos sociales en América Latina, pues estos no son más que la expresión de una podredumbre sistémica y es que el sistema ordenador y conductor que establece las normas bajo las cuales se debe regir un Estado, trasciende las divisiones fronterizas, es por ello, que los movimientos sociales de América Latina a pesar de darse el interior de un Estado-nación, están vinculados a pesar de la distancia espacial, estos movimientos forman parte de un solo movimiento, el problema es sencillamente que se continúan abordando como movimientos diferenciados, pues a pesar de que las motivaciones que las sociedades han tenido para oponerse a ciertos aspectos de su gobierno, o al gobierno en general, estos gobiernos forman parte de una sola lógica ideológica y práctica, que es la del capital.

El párrafo anterior se justifica de la siguiente manera: Los gobiernos latinoamericanos, a pesar de tener características propias, no dejan de ser gobiernos y “democracias” que se dejaron moldear por los preceptos de Europa y Estados Unidos, preceptos que emanaron tanto de la Revolución francesa como de la independencia y revolución de Estados Unidos, sus sistemas de gobierno y su enmarcación legal, se rige por los estatutos y tratados internacionales que ayudaron a construir al nuevo mundo globalizado y capitalista, es decir, Estados fundados para reproducir una nueva forma de explotación regulada por la ley y no por los dictador personalistas del soberano en turno, dicho de otra forma, los movimientos sociales contemporáneos de América Latina son una oposición al sistema mundial, no obstante, mientras no exista una vinculación social entre las distintas formas de oposición, estos movimientos están en peligro de perecer en cuanto los gobiernos realicen las concesiones necesarias para su perpetuación como gobierno, y a través de ellos, la perpetuación del sistema mundial en esta región continental.

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