México no es mediocre, presidente.

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Me doy.

No puedo más.

No acepto una sola palabra más en donde se condene a México al fracaso, a la mediocridad, a pensar chiquito, a no salir de la finca tabasqueña, a conformarse.

No voy a hablar ya de las mentiras diarias. Del vamos requetebién o del aquí no pasa nada.

De la simulación absoluta en la lucha anticorrupción. De los personajes oscuros que siguen medrando del erario con la complacencia directa de quienes tendrían que perseguirlos y refundirlos en la cárcel más sórdida.

De las promesas rotas que en su tiempo le valieron el enfebrecido apoyo de millones al afirmar sin un solo recato verbal que el ejército regresaría sí o sí a los cuarteles.

Ni tampoco voy a profundizar más en la agresión de haber condenado a las estancias infantiles, desaparecido el seguro popular y cerrado de un plumazo los comedores también populares que representaban dos comidas al día para los que menos tienen.

Ni de las ocurrencias. Ni los detentes. Ni del saludo a la madre del asesino, ni de la rendición de Culiacán a las manos del Cártel. Ni del avión. Ni del desabasto de medicinas y el criminal desdén a los pequeños con cáncer.

No.

Eso me daría cuartillas y cuartillas. Volvería sobre algo que ya he escrito y documentado en muchas de mis columnas y escritos.

Y no puedo seguir en esa espiral de rabia y enojo por cada acción ridícula y cada discurso hipócrita y lleno absolutamente de patrañas demagógicas.

Son las declaraciones y hechos de las últimas dos semanas de los que me tengo que ocupar y preocupar porque llevan a la Patria, a mi queridísimo México, a un estado en el que corre el peligro de perderse, de sentirse cómodo, resignado y asumir como destino fatal la mediocridad que nos ofrece López.

Con esto no puedo.

México siempre ha sido, con todas nuestras desgracias, provocadas y aceptadas, con nuestra indolencia y conveniente solidaridad, con nuestros miedos y atavismos, con nuestras falsas redenciones y con miles de sueños rotos, un país excepcional.

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Con millones de personas en el límite pero siempre buscando ir para adelante a pesar de nosotros mismos, a pesar de las traiciones flagrantes de quienes han jurado en vano sobre la Constitución, buscar el bienestar de su gente.

Aún en las horas más grises hemos encontrado siempre un color, una sonrisa, un abrazo.

Con voluntad indómita. Reconociendo a quienes nos tienden la mano. Exhibiendo siempre con orgullo la maravilla que es haber nacido con una herencia multicultural.

Y nos llenamos de Patria en cada olor, en cada sabor y en cada color que no pueden pertenecer a otro lugar más que éste.

Y así cada día. A base de esfuerzo que nadie regala, millones desde su lugar de trabajo buscan lo mejor para sí y los suyos. Una mejor educación. Un ascenso. Un mejor puesto.

Una casa más amplia. Una ventana más grande. Un poco más de comida en el plato.

Una mejor atención médica para los nuestros que sufren. Una vejez tranquila.

Una esperanza de que el futuro será siempre mejor.

Así hemos sido y así nos reconocemos.

Cierto, muchas veces nos ha seducido tomar el camino  incorrecto y el más corto.

Y muchos se han perdido en la ambición desmedida, en la soberbia y en el desprecio.

Pero los más, hemos seguido pese a todo y aún a pesar de los que se perdieron, arrastrándonos con ellos.

Pero nadie nunca desde un púlpito improvisado y lleno de repudiables evangelios moralinos e hipócritas nos había puesto como meta la mediocridad.

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De rodillas

Basten cinco estampas para hacer el retrato perfecto del desprecio a la ciencia, la tecnología, la educación, a la economía, a las aspiraciones legítimas :

“ Si ya tenemos zapatos ¿ pues para que más… ? si ya se tiene la ropa indispensable… sólo eso…si se puede tener un vehículo modesto para el traslado… ¿ porqué el lujo…? claro somos libres… pero ya no es el tiempo en que como te veían te trataban…

“ En vez de hablar de crecimiento de debe hablar de desarrollo y en vez de hablar de PIB, hablar de bienestar. En vez de material pensar en lo espiritual…”

“ Ahora es otra cosa… la gente está participando como nunca, escribiendo, manifestándose mostrando su inteligencia… así como a los ingenieros les cuesta trabajo aceptar de que la gente pueda hacer una camino sin ellos a los arquitectos también les cuesta el que la gente, una familia pueda hacer una casa sin ellos… así a los periodistas así a los columnista, a los expertos les cuesta muchísimo aceptar que la gente tiene un instinto certero y que es más inteligente que nosotros porque se despreciaba  al pueblo… el pueblo no existía… uuuuy! tiempos del neoliberalismo… los técnicos se creían científicos… se elevó la técnica a rango supremo y ahí si la economía asunto de los economistas como si fuese algo tan complejo… inalcanzable… ¿ como le hace la gente para estirar su presupuesto…? esos si son buenos economistas sobre todo las mujeres… 

“ Como se decía antes de los médicos que sólo buscaban enriquecerse ¿ no ?… que llegaba el paciente y lo primero que hacían era preguntarle : ¿ que tienes ?… es que me duele acá doctor… No … ¿ que tienes de bienes ? 

“… autorizaron esos ventiladores para producir energía eólica. Miren como afecta el paisaje, la imagen natural… son negocios privados porque se tiene que subsidiar a esas empresas. Son las transas que se hacían durante el período neoliberal…” 

Basta y sobra.

Me niego a ser parte de esa visión y aspiración chiquita, de esa poquita cosa que insiste el presidente que seamos.

Insultar a los médicos y enfermeras en plena pandemia es miserable.

Despreciar en este país a los ingenieros es ignorar a quienes han contribuido de manera excepcional a la construcción del México moderno.

Descalificar a los arquitectos es de una ingratitud e incultura mayúsculas con quienes han puesto los muros, el talento y llevado las raíces, formas, colores y texturas de México tras fronteras.

Llamar ventiladores a generadores de energía limpia es de un primitivismo patético y es rechazar, por ignorancia absoluta, las nuevas tecnologías.

Insistir en que un solo par de zapatos y unas cuantas mudas de ropa son suficientes mientras se vive en Palacio Nacional  con un gasto de al menos 7 millones de pesos, es de una hipocresía y un cinismo que ofende.

Así que no .

No le voy a permitir presidente, que pervierta los afanes de millones de estudiantes y profesionistas por educarse y superarse día con día.

No le voy a tolerar que limite la ambición justa y necesaria de hacerse de otro par de zapatos, de tener una televisión con mejor definición, de cambiar de carro, de ampliar la casa y ver crecer el jardín, de salir de viaje, de procurar una mejor educación, de tener más tortillas en la mesa y suficiente proteína para resistir una jornada de trabajo, de poder sentirse bien con la ropa que uno se pone, de comprar cerveza para celebrar o de poseer libros que nos conforten, de comprarnos un gusto, de llegar de vez en vez con flores a la casa o con un juguete no presupuestado; de querer que nuestros hijos sean mejores que nosotros y que nos rompamos el lomo en busca de oportunidades que les den una vida segura, cómoda y solidaria.

De la necesidad de querer salir adelante.

No le voy a dejar que corte los sueños de quienes quieren ser arquitectos, ingenieros, doctores, economistas y con eso engrandecer a la Patria y procurarse un futuro digno, con la recompensa justa a sus talentos y desvelos, a sus horas de estudio y dedicación, a sus esfuerzos y afanes.

Usted, anclado en el resentimiento más profundo pontifica ahora desde una imposible superioridad moral (que se cae a pedazos exhibiendo sus engaños, componendas y arrebatos) que no aspiremos a más.

Quédese señor presidente con sus trabas mentales, sus resentimientos sociales y sus prejuicios. Con su profundo desprecio a lo que no entiende o no comprende.

Con sus dogmas atávicos y recelos infundados.

Con su pequeñez.

Si escogió en su megalomanía y burdo narcisismo que lo mejor para seguir engañando era ser chiquito, torpe, mezquino, enano, poseedor de una falsa austeridad, si escogió nunca bajarse del caballo, ser poquita cosa, tener terror a abrir las ventanas, con pánico para asomarse al mundo, negligente a aprender otro idioma, con recelo a todo aquello que suene a ciencia o tecnología y creyente de que sus estampitas y amuletos resolverán el caos económico y lo protegerán de infecciones, allá usted y quien se desayune sus mentiras.

México no es usted y nunca ha sido ni será pese a que usted insista en ello, anodino, común, corriente, fútil, gris, insignificante, insípido, insulso, insustancial, nimio, ordinario, regular, soso, trivial, vulgar, servil, aburrido o mediano.

México merece algo más otro par de zapatos.

México no es usted. México no es ni será mediocre.

Deje ya de insistir en ello.

Yo no puedo permitir que le arrebate a mi país, a los que vienen, a los que se esfuerzan, a los que se arriesgan, a los que se la juegan desde cualquier trinchera ( ésta incluida ) las ganas de soñar y de aspirar a un mejor futuro.

México le quedó grande presidente, muy grande.

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