Película mexicana llega al festival Berlinale 2020

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El director de cine mexicano Samuel Kishi Leopo mostrara en la Berlinale su largometraje titulado: Los lobos, un duro filme semiautobiográfico sobre la migración que busca aportar luz y esperanza e invita a comprender la situación de los migrantes. De la cual hablo en una entrevista para EFE.

“También quería que esta película estuviera llena de luz, que fuera esperanzadora. Ya conocemos los números, la mortandad en cuanto a la migración, la violencia por la que se está huyendo de nuestros países. Prendemos los noticieros y ya sabemos esas cosas”

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Para el cineasta, “hay que hablar de la dureza, hay que hablar de la oscuridad, pero también hay que hablar de la luz, hay que hablar de la empatía” y de la solidaridad y “poner una cara”, además, a esos números.

“Siempre hay un dejo de esperanza y un dejo de ternura”, afirma.

El filme, que se proyecta dentro de la sección “Generation”, dedicada al cine infantil y juvenil, cuenta la historia de Lucía, una mujer que emigra a Estados Unidos con sus dos hijos, Max, de ocho años, y su hermano pequeño, Leo, y que asume varios trabajos para lograr mantenerse a flote y crear las condiciones para comenzar un nueva vida.

Mientras Lucía sale a trabajar, los dos niños sueñan con que la promesa de llevarlos a Disneyland se haga realidad y pasan las horas encerrados en un apartamento equipado con menos de lo mínimo indispensable.

Su única compañía, además de tenerse el uno al otro, es un viejo magnetófono donde su madre les graba canciones, cuentos, lecciones de inglés y las reglas de la casa.

Cuando eran pequeños les pasó algo similar a su hermano, a él y a su madre, cuenta el director.

Su madre decidió irse con ellos a Estados Unidos, se llevó unas pocas maletas, alquiló un pequeño apartamento en un barrio multicultural “algo agresivo”, con la promesa de que iban a ir a Disneyland; también la historia del viejo magnetófono es real.

Partiendo de su propia experiencia y avanzando en su investigación, se encontró con historias muy similares a la suya, con muchos niños que, como él, permanecían encerrados esperando a sus padres, “asumiendo también otros roles en la familia, teniendo que madurar más temprano, volviéndose adultos cada vez más pequeños”.

Según Martha Reyes, quien encarna a Lucía, la madre, en el filme, “la verdad es que los niños también son un pilar en las familias”.

Se tiende a pensar que no, que solo lo son los padres, pero los niños también pueden determinar el ánimo de la familia “e incluso sacar lo mejor o lo peor de sus papás, apoyarlos o no, y en este caso a Lucía le toca pedirles a ellos que la apoyen y Max necesita crecer más rápido, explica.

Junto con el director, agrega, querían retratar a “una mamá real”

“Tenemos en el imaginario colectivo en México que una mamá en el cine o en la tele es una mamá que sonríe, que es amorosa, que tiene un montón de carga, pero siempre está feliz y siempre abraza a sus niños. Pero eso no es una mamá. Una mamá sí llega cansada, y llega todavía a recoger, a lavar calzones, a estar regañando, a checar tareas”, resume.

Al realizador le interesaba mucho “ese proceso de arraigo y desarraigo”, explica.

“Es cierto que uno migra quizás cuando cambias de casa, de un barrio a otro, de una ciudad a otra, de un país a otro, y tiene que volver a generar un nuevo espacio, un nuevo hogar, una nueva madriguera, llegar a un lugar que podría parecer vacío y frío y llenarlo otra vez de esa calidez”, afirma.

Así, en cierto modo todos somos migrantes, dice, y se trata de “hacer este ejercicio de empatía de ponernos en estos otros zapatos”, de ser conscientes y de “ponerle cara a la migración”.

Según el cineasta, ayuda mucho que su filme se cuente desde el punto de vista de los niños porque, “aunque suene cliché”, ellos son el futuro y son los que sufren las consecuencias y decisiones de los adultos.

Con información de Sin Embargo

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