Las piedras de Rosario

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Hicieron suya la bandera del supuesto fraude en 2006.

Lo convirtieron en emblema sin prueba alguna, aferrándose a él con uñas y garras.

No se cansaron de repetirlo como mantra y cerraron por meses la avenida más significativa de la Ciudad de México llevando a la quiebra a negocios y desquiciando el libre tránsito.

Armaron la pantomima del presidente legítimo.

Repitieron hasta la saciedad aquello de: al diablo las instituciones.

Y al final llegaron al poder. De la mano de esas mismas instituciones que hoy a base de recortes quieren desaparecer y cooptar.

Expertos en la transa y arreglos en lo oscurito, deseosos de quedar bien con el capricho del jefe, la decencia y la honestidad valiente les duró menos de un año.

Ya no se oyen aquellos gritos histéricos de fraude electoral o de gobierno espurio o de mafia del poder.

Ahora todo es no somos iguales, ahora sí hay libertad de expresión, el presidente ya no manda sobre el congreso, el pueblo ordena y el gobierno obedece. Esto ya cambió.

Pero la realidad termina por exhibirlos y mostrar cómo una vida de activista puede irse por el caño de la indignidad en dos minutos y embarrar de podredumbre un legado familiar y demeritar en pocas semanas, una medalla Belisario Domínguez recibida con toda justicia por una luchadora social de toda la vida.

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De rodillas

La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México tiene a una presidenta espuria. Rosario Piedra Ibarra.

La hija de Doña Rosario Ibarra de Piedra. La hermana de Jesús. Aquel estudiante de medicina militante de la liga comunista 23 de septiembre, que participó en el secuestro y asesinato de Don Eugenio Garza Sada y que fue brutalmente torturado y luego desaparecido por la infame Dirección Federal de Seguridad a cargo de Miguel Nassar Haro en los tiempos echeverristas, esos sí, de represión y censura.

Doña Rosario, la madre, la galardonada con la medalla Belisario Domínguez hizo suya la convicción de luchar por los desaparecidos políticos y en una vida de activismo ejemplar fundó el comité Eureka y mostró una congruencia ya como activista, senadora o candidata a la presidencia de la República. Mujer valiente y firme de convicciones cuyo único pecado fue el no poder transmitir esa dignidad a su hija, la ahora flamante presidenta de la CNDH.

Elegida por el dedo omnipotente y omnipresente del presidente López, que al argumentar el porqué de su elección justificó: “prefiero una activista que a un académico, maestro o doctor que sólo han probado ser cómplices de los gobiernos neoliberales”.

Su candidatura llegó al senado.

No importando que entre los aspirantes se encontraran personas más preparadas, más afines a lo que el cargo exige, con más trayectoria en los derechos humanos.

No. Bastó ser la hija de Doña Rosario y la hermana de Jesús. Bastó ser activista. Bastó una maestría en psicopedagogía y por supuesto bastó y fue suficiente la palabra sagrada de López.

El señor quería una CNDH a modo. A su gusto y capricho.

Y así operó la maquinaria de Morena en el senado encabezada por el inefable, el ajonjolí de todos los moles, el millonario y saltimbanqui zacatecano Ricardo Monreal.

En la ley de la Comisión, en su artículo 10 establece claramente que el Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos será elegido por el voto de las dos terceras partes de los miembros presentes de la Cámara de Senadores.

Claro. Clarísimo.

Y también se establece que los aspirantes al cargo no podrán ser parte de ningún órgano de dirección de partido alguno al menos un año antes de su elección.

Rosario, la hija fue candidata a diputada federal por Morena en Nuevo León en 2018 y al no ser elegida formó parte de la dirección del partido al hacerse con el cargo de Secretaria de Derechos Humanos del Comité ejecutivo nacional.

Más claro ni el agua.

Rosario no era elegible para ser ni siquiera candidata a la presidencia de la CNDH.

Renunció a Morena la misma mañana del día de su elección.

Y a López eso le valió madre, como tantas otras cosas. Era su elección y no le iban a quitar una coma a su capricho. Costara lo que costara.

El Instituto Nacional Electoral confirmó días más tarde que Rosario mintió al senado al decir que no militaba en Morena y que según sus registros estaba adscrita hasta el día de su elección como Consejera Nacional.

Aquí, la primera piedra de Rosario. Grande. Ilegal.

La segunda piedra llegó con la avalancha de la manipulación grosera de los votos en el senado. Monreal y sus secuaces sabían que los votos de sus fieles no alcanzaban a darle los dos tercios requeridos.

Exhibido en video, depositó votos adicionales en un afán desesperado de alcanzar la mayoría.

Ni así le alcanzó.

Ahora sabemos que la señora no alcanzó en realidad la mayoría calificada que requería con la presencia de 116 senadores, de 77 votos, sino que, en la sesión, el quórum real era de 118 senadores lo que obligaba y elevaba la cifra a 79 votos.

Y ella sólo tuvo 76.

Se armó el desmadre.

Pasaron días y Monreal tuvo que aceptar que se restituyera el proceso y se convocó a nuevas elecciones con la misma terna. Viendo perdida de nueva cuenta esa votación, con algunos senadores de su partido claramente inconformes con la suciedad del proceso y ya sin margen de maniobra para rellenar urnas, fiel a su pasado priísta, decidió con la complicidad del PRI, abortar la votación y reventar el proceso.

No hubo votación nueva.

Las caras de Monreal y Cristóbal Arias y otros ladrones más carcajeándose y burlándose de haber engañado a sus pares pasará a la historia de las infamias legislativas en donde se encuentran las escenitas de muñoz ledo, noroña y la roqueseñal de roque Villanueva.

No cabe duda, la mierda alcanza para que todos, tarde que temprano se cubran de ella.

Pero uno es ingenuo.

Con la tribuna tomada por los morenistas, con la oposición queriendo exhibir la impudicia y la ilegalidad de la elección, con las agresiones y violencia de senadores que supuestamente representan al pueblo, uno hubiera pensado que al ver aquel cochinero, aquel desaseo, aquella porquería, Rosario, la hija, la activista, en una muestra de coherencia y dignidad, honrando la lucha de su madre y la desaparición de su hermano, se hubiera negado a asumir la presidencia de la CNDH.

Se hubiera comportado a la altura de su lucha de tantos años y exigido que el proceso se llevara a cabo de manera legal y transparente.

Pero no.

Al mentir con descaro al Senado sobre su militancia partidista no había resquicio alguno por donde encontrar un poco de dignidad.

Asumió y protestó como si nada le turbara la conciencia.

Esta fue la tercera pedrada y esta no sólo se estrelló en la frente y en el retrato del hermano que lleva en el pecho. Se estrelló en las miles de víctimas que esperan justicia y han acudido a la CNDH en espera de legalidad y transparencia.

López sonrió satisfecho.

Su capricho estaba cumplido.

El secuestro paulatino de las instituciones autónomas está en marcha.

La independencia de las mismas será más tarde que temprano, una ficción.

Todo a modo y a los modos del presidente.

Nada que lo moleste, lo incomode, lo cuestione.

El gobierno se queda, con Rosario al frente, con la CNDH ; pero son tan imbéciles que no se dan cuenta que al ganar de esa forma , la legitimidad se va directo al canal de la vergüenza.

La cuarta piedra resultó aún más filosa y lapidaria que las tres anteriores.

Sintiéndose ya presidenta, ilegal e ilegítima, pero tocada por López, al salir del pleno del senado la noche del martes fue cuestionada sobre los problemas a los que deberá hacer frente, entre ellos, el asesinato de periodistas.

Su respuesta fue brutal: “¿Han asesinado periodistas? O sea no …”

Un reportero le recordó que este año ha sido el más violento la historia de México.

“¿No se ha enterado del asesinato de periodistas?”… insistió el reportero.

“He visto lo que pasó en todos los sexenios pasados y es algo terrible” respondió Rosario.

Apenas horas después una organización, Periodistas Desplazados México, presentó ante la propia CNDH un escrito en contra de… la propia Piedra Ibarra!!…y en su argumento son lapidarios con la nueva presidenta:

“La respuesta provoca una sensación de vulnerabilidad ante el desconocimiento de tan cruda realidad, viniendo ésta de la misma titular de la CNDH; al mismo tiempo genera incertidumbre y miedo en aquellos que han sido víctimas de ataques por el simple hecho de informar” y remata exigiendo una recomendación no sólo a Rosario sino al senado

“por la designación de una candidata que claramente no está informada de temas gravísimos y de suma importancia”

El hijo de un periodista asesinado en 2018 en Nuevo Laredo, Tamaulipas, Carlos Domínguez, le exigió una disculpa pública tras los “desatinados y preocupantes comentarios”.

Rosario ni se inmutó. Ni ofreció disculpa alguna. Fiel a la tradición lopezobradorista de evadir el bulto, dijo que sus palabras fueron sacadas de contexto y que no quiso decir lo que dijo.

El jueves, en su primera conferencia para tratar de mostrar un músculo que no tiene ni tendrá, habló de un plan de austeridad y un programa de diez acciones inmediatas.

Gobernadores ya se pronunciaron diciendo que no acatarían recomendación alguna de una persona electa de manera tramposa e ilegal y Monreal, el padre del fraude, salió en su defensa amenazando con juicio político a quién se atreva a desconocer cualquier recomendación que salga de la CNDH.

Rosario no acaba de entender que lo primero, lo indispensable para presidir una Comisión Nacional de Derechos Humanos es tener autoridad moral y que ella la perdió al mentir descaradamente ante el Senado y luego al prestarse a las malas mañas, a las transas y engaños de Monreal y secuaces y con ellos volverse un juguete más en el teatro del absurdo que encabeza López Obrador.

Si a Rosario le queda un soplo ligero de dignidad, si en verdad quiere honrar la memoria y trágica historia de su hermano desaparecido, si no quiere manchar la medalla Belisario Domínguez ganada a toda justicia por su madre, debe renunciar ya.

Lavarse la cara y salir ya de esa farsa y dejar que López y los suyos sigan en la simulación y  el engaño. En la insistencia grosera de seguir con un discurso mentiroso de que ellos son diferentes, que ya se acabaron la corrupción y las componendas, el amiguismo.

Que la cosa ya cambió.

Patrañas.

Son la versión corregida y aumentada de las peores prácticas que han hundido a este país, disfrazándose de pureza y escondiendo el lodo y la porquería de la que están realmente hechos.

Lo que hicieron en el senado por instrucción directa del presidente fue primero una ilegalidad, luego un fraude y terminó por una imposición.

Rosario: la quinta piedra y las que sigan las estará construyendo cada día que permanezca en la presidencia de la CNDH mancillando los apellidos familiares y siendo ciega ante lo evidente.

Sin duda estas piedras levantarán un muro y este se hará cada día más grande.

Se aislará en la soberbia de una autoridad sin moral y dejará de escuchar las quejas y los justos reclamos de personas que buscan justicia y será en ese momento cuando se vea al espejo y le será imposible reconocerse: la mugre de la mentira, del engaño, de la transa habrá borrado cualquier rastro de activismo justo, de búsqueda de justicia,

De dignidad.

Y que la columna de hoy sirva de advertencia para todos. Fieles o infieles.

López repudia con todo su ser a todo aquello que le resulte incómodo.

Que no pueda controlar.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos no es la primera institución autónoma que es tomada por el gobierno, pero sí con la que se inicia la destrucción sistemática de los necesarios y reales contrapesos al gobierno.

En la mira siguen el INAI, El INE, El IFT, el INEGI y el Banco de México.

Y Rosario, la activista, la hija de Doña Rosario aventó sin pena alguna, la primera piedra de esta demolición.

De esta sistemática, irracional y perversa destrucción de las Instituciones de México.

Quedamos advertidos.