Cuentos de fantasmas

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Hablar sobre lo sucedido en Medio Oriente entre Irán y Estados Unidos, es redundar aún más en una temática tan abordada en los últimos días y un análisis inexperto del movimiento político y económico, no hará sino saturar de información a un lector que bien podría encontrar información y análisis mejor fundados en otros analistas expertos en la materia, sin embargo, la reflexión que a continuación haré, tiene que ver con el fenómeno discursivo y hasta cierto punto metafísico que acontece y no en el acontecer de Medio oriente en sí, esto a pesar de que utilizaré este fenómeno como ejemplo y pretexto para escribir los siguientes renglones.

Sin profundizar en las motivaciones políticas, históricas, culturales, religiosas, en fin, ideológicas, que funcionaron como caldo de cultivo de un conflicto entre Estados Unidos e Irán, que de igual forma puede ser entendido como el conflicto entre Occidente y uno de los grandes enclaves ideológicos de Oriente Medio, solo se mencionará que este conflicto poco tiene que ver con una batalla entre el bien y el mal.

Oriente Medio en la actualidad tiene la funcionalidad de fungir como el “Otro” en el entendimiento del imaginario colectivo de la sociedad occidental -entendiendo a occidente no en términos geográficos sino ideológicos y culturales-  y es debido a esta concepción de la otredad, que el ser oriental difiere tan drásticamente del ser occidental, que este primero termina por ser concebido por occidente como una amenaza no solo a su seguridad, sino a todos los códigos morales que imperan y mantienen esa “estabilidad” en occidente y que de permitirle a este otro propagarse más allá de las fronteras que contienen este mal, lo que es más, si se le permite al otro penetrar en el cotidiano mismo de occidente, en ese lugar que reproduce tan magníficamente el sistema, es decir, las calles mismas, occidente en su totalidad puede ser quebrado desde su interior por este otro cargado de sistemas de valores tan diferentes que ponen en riesgo al cotidiano mismo.

A pesar de que lo anterior no es mi opinión, es de esta forma que el discurso construye identidades a pesar de que estas poco tengan que ver con la realidad cultural de la sociedad que es representada en los medios de comunicación masiva, basta con pensar en Medio Oriente para que en el imaginario colectivo uno de los primeros pensamientos sea el dañino adjetivo de “terrorista”, de la misma forma en que un extranjero al pensar en México uno de los primeros fenómenos en los que piensa, reducidos a una imagen estereotípica construida desde el discurso oficial propagado por los medios oficiales, es en el del narcotráfico. La información que nos llega es selectiva y es a partir de esta que nuestro juicio se va moldeando, sin saberlo, acorde al juicio y criterio de otros más.

Ejemplos de lo anterior existen demasiados y uno de los momentos más álgidos de este fenómeno es en las mismas campañas electorales, en las que los anuncios y propaganda que le llega a un grupo de usuarios no tiene ninguna relación con la libertad y competencia electoral, sino más con la esclavitud, ya que esta información ha pasado distintos filtros de acuerdo a la información que nosotros mismos aceptamos entregarle a bases de datos, que hacen una construcción de nuestro perfil personal y social y es a partir de este que los políticos pueden saber a qué sectores dirigirse, mediante qué palabras, ideas, promesas, es decir, la fábrica de la ilusión de libertad política está construida mediante nuestra sujeción inconscientemente voluntaria.

De esta misma forma es que la otredad se construye, mediante la constante propagación de imágenes e ideas sencillas de entender que apelan a la seguridad personal y a estatus quo de quien las escucha y para quien fueron pensadas esas ideas e imágenes, en otras palabras, la otredad es una mentira que se difunde como verdad y que al ser creída por grupos sociales importantes en número terminan por convertirse en eso, en una verdad, una que da miedo al existir la amenaza discursiva, pero real en términos sociales, de que todo lo que conozco, tal como lo conozco, pueda desaparecer de no exterminar a un enemigo, esto es la política del miedo.

El miedo es funcional, pues para erradicar a eso o ese que despierta el miedo, una persona está dispuesta a sacrificar demasiado, hasta la libertad mismo y el miedo, traducido a términos electorales o de popularidad presidencial, es una herramienta ideal para levantar una reelección o acrecentar una popularidad mediocre.

El discurso en este sentido es primordial, pues el discurso se refiere a la construcción de verdades por sobre la verdad misma -que es inaccesible al ser humano debido a su eterna ceguera temporal y espacial. El ser humano es un ser social, es decir, la individualidad es solo la mitad del camino, pues la otra mitad ya ha sido definida por lo social, hasta una revolución co-construye al ser humano y define nuevos códigos regidores, aun cuando en las revoluciones se lucha, en la mayoría de los casos, por la liberación.

El conflicto de Irán y Estados Unidos no debe ser visto como la batalla entre un héroe que viene a impedir la propagación del mal y de esta forma salva a la humanidad de su propia extinción, pues es esto lo que supone el otro para occidente y la amenaza de su cercanía y posible intromisión: una extinción de occidente. Muy al contrario, en el marco del conflicto una serie de intereses están en juego en la región, intereses que por sí solos no significan un gran justificante social para el conflicto mismo y es por ello que el discurso y la construcción de la amenaza al estatus quo y a los códigos de valores sobre los que occidente se funda son fundamentales, pues si bien, de la defensa al estatus quo y a los valores ningún bien material se obtiene, este justificante es la máscara ideal para lo realmente importante para las élites.

Debemos ser consciente de que la información que obtenemos, en su generalidad proviene de medios occidentales en su más pura expresión, es decir,  de medios que cuentan con el monopolio discursivo y por ende, con el monopolio de lo que es real y lo que no (hablando puramente en términos sociales), en otras palabras, solo tenemos una versión de la verdad, mientras que seguramente Oriente y particularmente Irán, contará con otra versión de la misma, versiones, que al final de todo, cumplen con la última función de enmascarar intereses reales que van más allá de los hechos propagados de forma masiva. 

El convencimiento del público para que este apoye programas, guerras, procesos de paz y políticas públicas, es crucial para el manejo del poder, pues el poder, a pesar de que en diversas ocasiones pueda manifestarse como total y unidireccional, es ejercido desde el dominador y el dominado, la hegemonía requiere entonces, del apoyo del dominado para mantenerse en tanto hegemonía y este convencimiento solo puede lograrse mediante la construcción de una realidad que ayude a probar los riesgos y beneficios que trae consigo el hacer o deshacer, ya sea por medio de la persuasión o del miedo.

José Daniel Arias Torres 

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