El pleito de AMLO con el INE

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Por Israel Navarro

Twitter @navarroisrael

Si durante estos días Usted anduvo en las posadas, romerías y francachelas, a lo mejor le pasó desapercibido el pleito que trae el presidente López Obrador con el INE. ¿El motivo? La mentada consulta de revocación de mandato. ¿Pero de qué va todo esto?

El 2019 hubo una reforma constitucional, impulsada por MORENA, para habilitar una consulta sobre si la gente si está de acuerdo o no en que el presidente continúe en el cargo. Para activarla se necesita que el 3% de los ciudadanos inscritos en la lista nominal lo soliciten. Es decir, unos 2.7 millones de electores, una meta muy baja para el tamaño de la estructura morenista que quiere este referéndum a petición del presidente.

Por si no lo viste:

¿Pero por qué la insistencia de López Obrador en llevarla a cabo? ¿Realmente es porque quiere consultar al pueblo bueno y sabio? No necesariamente. El presidente sabe que no puede perder la consulta con una aprobación superior al 60%, por eso refuerza su narrativa de apertura democrática, aunque sea solo una simulación como ocurrió con la desangelada consulta sobre el juicio a los expresidentes. No. En el fondo lo que AMLO quiere es obtener un nuevo aire de legitimidad en la segunda parte de su mandato, aunque no se cumpla la participación del 40% que haría vinculante la consulta.

Y por otro lado, pone al INE entre la espada y la pared porque la consulta costaría 3,800 millones de pesos para preguntar algo que ya sabemos. Ante la negativa del INE por la falta de presupuesto, el presidente refirma su discurso de la austeridad republicana, destacando los altos sueldos de los consejeros, que aunque los donaran por completo, no cubrirían ni el 1% del costo de la consulta. O sea, la narrativa populista de nuevo.

El INE trató de librarse de esta emboscada política y dijo que sí haría la consulta, pero después, cuando haya dinero para hacerla. Y ahí fue cuando sonaron las alarmas en Palacio Nacional. Acto seguido, el diputado morenista Sergio Gutiérrez Luna anunció que denunciaría penalmente a los consejeros por posponer la consulta. Una medida por demás autoritaria.

Por ello, el presiente reculó y dijo que eso era demasiado. Y en su lugar, dos ministras de la Suprema Corte de Justicia, propuestas por AMLO, le dijeron al INE, que la consulta va porque va. Al INE no le queda otra más que acatar. Y ahora está en una posición más difícil que nunca. Si sale bien la consulta, habrán sucumbido a la voluntad presidencial gastando una fortuna a capricho. Si sale mal, será acusados de ineficientes y el presidente lo tomará como excusa para reformarlo a su gusto. Y si se oponen a hacerla o la posponen, serán tildados de poco institucionales y de no querer escuchar al pueblo bueno y sabio, como lo canta la voz presidencial. Sea como sea, un escenario terrible para el sistema democrático mexicano.

Israel Navarro es Estratega Político del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica.