El compromiso de ser padres

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Hace ya tiempo que he estado escuchando y leyendo que las nuevas generaciones no quieren tener hijos. Sus argumentos van desde “estamos en un mundo superpoblado y no queremos seguir contribuyendo al desgaste, contaminación y sobrepoblación del planeta”, hasta cosas como: “es que queremos viajar y comprarnos cosas y hacer lo que queramos sin tener que depender de algo o alguien más”, o “es que he escuchado que tener hijos duele mucho y además se te deforma el cuerpo”.

Todas las anteriores me parecen razones válidas, porque al final, cada quién es libre de decidir si quiere o no traer al mundo a otro ser para vivir en este momento en el que pareciera que las cosas se ponen cada día más complicadas.

Y es que cómo no comprender que no todos estamos listos para ser padres, cuando lo que significa es un enorme compromiso de por vida para guiar, criar y encaminar a otro ser humano a una buena vida, en la que por lo menos goce de las mismas cosas que nosotros gozamos a lo largo de nuestra existencia. Escuelas, casa, ropa, viajes, médicos y todas las oportunidades que se nos dieron a nosotros cuando llegamos a este mundo.

Ser padres también es sinónimo de sacrificio y entrega, de una enorme responsabilidad por hacerlo bien para que eso se refleje en los hijos, de aguantar la presión de las expectativas de nuestros padres, nuestros hijos y de la sociedad en general.

Además, hoy en día ya no podemos decir aquello de: “es que los hijos no nacen con instructivo”, porque hay cualquier cantidad de cursos, talleres, libros, conferencias y un sinfín de foros en redes sociales de los cuales cada una de las personas que pretenden ser padres, deberíamos de echar mano para poder aprender a hacerlo mucho mejor de lo que nuestros padres lo hicieron con nosotros; y esto significa pasar muchas horas de aprendizaje y de ensayo y error, así como de aguantar la frustración cosa que muchas personas de las nuevas generaciones tampoco están dispuestas a hacer.

Este compromiso con otro ser humano, también, se vuelve un compromiso mayor con nosotros mismos para ser mejores humanos en todos los terrenos, porque si algo he aprendido de esta experiencia de ser mamá es que a nuestros hijos les importa un bledo lo que les digamos, lo que realmente aprenden es lo que ven y escuchan de nosotros cada día. Por eso vemos niños que son como clones de papá o mamá porque se dedican a repetir las frases, muecas, y maneras de hacer las cosas que han visto de sus padres y luego como si fueran de otro planeta, nos preguntamos: “de dónde habrá salido Paquito tan necio”.

Supongo que, para muchos de nosotros, el ser mamá o papá fue algo que pensamos y queríamos desde pequeños, cuando jugábamos a las muñecas y a los carritos, cuando nos llevaban al futbol o al ballet, cuando nuestros padres nos decían: “cuando seas mamá lo entenderás”. Y sí, ahora entiendo mucho mejor a mis padres, ahora comparto ese otro vínculo en el que me regalan miradas de: “si te entiendo tu frustración, así eras tú, igualita”.

Y entonces me surgen muchas preguntas alrededor de la decisión de ser padres hoy en día. Por ejemplo, ¿están realmente preparadas las nuevas generaciones para este compromiso de vida? ¿saben lo que van a enfrentar en el momento en el que como seres humanos tengan fallas y las consecuencias se vean reflejadas en los hijos? ¿les hemos dado la información y las herramientas necesarias para realmente hacer un papel digno y entregar mejores seres humanos a nuestra sociedad?

Todos queremos un mundo mejor y siempre estamos quejándonos de los gobiernos, de aquellos que roban, secuestran, maltratan, humillan, pero ¿quiénes son realmente responsables de estos comportamientos? Qué clase de padres tuvieron estas personas que dañan a la sociedad y que con su egoísmo han perjudicado a millones en su camino por la vida. Tal vez no contaron con padres comprometidos, sacrificados, esforzados, tal vez jamás aprendieron lo que significa realmente preocuparse y ocuparse por la vida de otro ser humano y este mundo que hoy vivimos es el reflejo de ese desapego. No lo sé. Lo que sí sé es que ser padres hoy en día es una tarea que conlleva muchas habilidades, ser guía con amor y disciplina, encontrar un balance entre lo que quiero y necesito para mi persona y cubrir las necesidades de los hijos, ser psicólogo, maestro, doctor, amigo; reír cuando se debe, llorar cuando se puede, exigirse los más altos estándares de calidad como ser humano para lograr dejar algo muy positivo en ese ser humano que decidimos traer a este mundo.

Ojalá que sea mayor la cantidad de hombres y mujeres que deciden tener hijos por las razones correctas y que están dispuestos a darlo todo, incluso la vida si fuera necesario, todo con tal de ver a sus hijos tener una vida plena, exitosa y feliz.

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