Caro Quintero y la diplomacia del roperazo

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Por Israel Navarro

Twitter @navarroisrael

Uno de los parteaguas en la relación México-Estados Unidos ocurrió en 1985 con el asesinato del agente especial de la DEA, Enrique “Kiki” Camarena, no por la tortura y muerte del estadounidense, sino porque puso al descubierto la colusión entre los funcionarios del gobierno mexicano y los jefes narcos de la época.

Estados Unidos podía tolerar, hasta cierto punto la corrupción mexicana, pero no que le mataran agentes y peor tantito, que hubiera impunidad. Por eso, si las autoridades mexicanas querían calmar a los estadounidenses tendrían que ofrecer un gran sacrificio: desmantelar al Cartel de Jalisco que había sido fundado por Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto Fonseca y Rafael Caro Quintero.

Por si no lo viste:

Éste último fue aprehendido en Costa Rica y extraditado a México donde fue condenado a 40 años de cárcel, pero después de 28 años salió libre por un tecnicismo jurídico. Cuando la Suprema Corte quiso imponer orden y regresarlo al bote, el llamado “narco de narcos” ya se les había pelado. A los ojos del gobierno americano esto es inaceptable, porque interpretan la incompetencia del sistema de justicia mexicano, como impunidad o complicidad.

Las dos fugas del Chapo Guzmán de prisiones de “máxima seguridad”, la liberación de Ovidio su hijo, y la absolución de las acusaciones contra el General Cienfuegos, son algunas de las razones por la cuales los estadounidenses prefieren llevar los procesos de procuración de justicia. Allá se las hacen tan efectiva, que hasta el mismo Pablo Escobar decía que prefería una tumba en Colombia que una celda en Estados Unidos.

Lo interesante es que la reaprehensión de Caro Quintero se da casi 9 años después y en el marco de la reciente visita del presidente López Obrador a Estados Unidos, en un momento en el que la relación bilateral no ha sido lo más tersa, dados los problemas transnacionales como el trasiego de armas, migración indocumentada, proyectos de energía limpia y el negocio de las drogas sintéticas.

¿Por qué detener a Caro Quintero, si hay capos de más alto perfil y con mayores operaciones que un narco que tuvo su auge en los ochenta? ¿Y por qué ahora sí acceder al proceso de extradición inmediata hacia Estados Unidos? Claramente este es un mensaje de buena voluntad para honrar la memoria histórica del agente Kiki Camarena, pero que a la vez no trastoca el sistema actual de la delincuencia organizada. Es como cuando alguien te regala el mismo regalo que le diste hace algunas navidades y aun está en el mismo empaque, pero esta persona no recuerda que tú se lo diste. La diplomacia del roperazo, ¡pues! Israel Navarro es Estratega Político del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica.