No nos amargue el pozole Presidente

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Plumas Invitadas Gerardo Mercado Todo Personal AMLO no nos amargue el pozole El Tecolote Diario

Mañana es el cumpleaños de la patria.

Y como cada noche del 15  de septiembre desde hace muchos años escribo que ya sea por razones económicas o de violencia e inseguridad o de impunidad y corrupción, las arengas lanzadas desde ese balcón de Palacio suenan más a recordatorios de nuestros males y de todas las asignaturas pendientes, que a celebración.

Menté madres cada 15 en que el infumable Peña se posesionaba del balcón y se dirigía a una masa expectante y esperanzada mientras en la República sus secuaces se despachaban con la cuchara grande.

Mientras sus vástagos, propios y ajenos se maravillaban con las luces de la pirotecnia para luego irse a encerrar en los muros de la ignominia en alguna de sus casas blancas.

Ese dolor que produce México desde hace varios años se acentuaba cada vez que llegaba el mes patrio y me siguen pareciendo hipócritas los dichos de mexicanidad y solidaridad con los que nos gusta llenarnos la boca mientras nos seguimos asesinando, extorsionando, secuestrando, transando y corrompiendo sin pena ni recato alguno.

Y cuando acaban los festejos particulares del 15 y 16 siempre me quedo con alguna imagen de una plaza vacía, sola y desolada que sólo entiende de solidaridad cuando hay conciertos, fritangas gratis, pistas de hielo o promesas imposibles de cumplir.

Es una metáfora fuerte de nuestra idiosincrasia. De nuestra jodida manera de entendernos y convivir.

Mañana, la del 2019 tiene un ingrediente adicional, como si no nos bastaran nuestras incongruencias y las ganas de festejar aún con la patria como la tenemos.

Nadie impedirá que en la plaza o por televisión todos nos emocionemos con las arengas tradicionales, y cuando veamos la bandera ondear o sonar el himno, pero será un grito que esta vez no saldrá de la necesidad de una esperanza y deseo real de prosperidad, sino tristemente, de un hígado viejo y resentido, de una visión triste y obsoleta, de un presidente que supura venganza y rencor.

Señor López, entiéndalo de una buena vez, la patria no es suya.

No le pertenece más de lo que le puede pertenecer a cualquiera de nosotros.

Y no por recorrerla diez veces con nuestros recursos y tomarse un jugo de caña en un trapiche es usted más mexicano o siente más la patria que yo o millones de mexicanos como yo.

Y es entonces, entendiendo que la patria abarca, aunque usted no lo quiera, a todos los mexicanos, que le imploro, le demando, le reclamo y le exijo que por una vez en su vida se comporte a la altura de la ocasión y de la investidura que más mexicanos de los que yo hubiera esperado y deseado, le otorgaron.

Deje el odio y la moralina con los que pretende evangelizar cada mañana.

Limítese a hacer la arenga que marca el protocolo y déjese ya de payasadas y ocurrencias que más que hacerlo ver como presidente lo sitúan entre un cómico barato de carpa y un grotesco personaje de caricatura.

Esta vez, le exijo no más me canso ganso.

No más guácala y fuchi.

No más abrazos no balazos.

No más se las metimos doblada camarada.

No más yo tengo otros datos.

No más la mafia del poder.

No más la prensa fifí.

No más primero los pobres.

No más limpiar las escaleras desde arriba hacia abajo.

No más me producen ternura, ternuritas.

No más comandante borolas.

No más no es mi fuerte la venganza.

No más honestidad valiente ó austeridad republicana.

No más pueblo bueno.

Porque todo esto no puede ser más cuando es usted un mentiroso contumaz y solapa y defiende como si en ello le fuera la vida a ladrones oportunistas como Bartlett.

Cuando acepta las transas de Bonilla para cambiar la Constitución y echarse cinco años de gobierno cuando le corresponden dos.

Cuando en vez de censurar a un vividor como Muñoz Ledo, le aplaude que haya hecho lo que era su obligación, respetar la ley.

Cuando cierra comedores populares y estancias infantiles.

Cuando miente con los datos del huachicol.

Cuando lo único con lo que se atreve a enfrentar a los criminales es con un fuchi y un guácala.

Cuando manda a la mierda proyectos vitales o cuando cierra oficinas que promueven el turismo.

Cuando nos volvemos, ahora sí, el patio trasero de los gringos y hacemos lo que Trump, el otro imbécil, ordena, gusta y manda.

Cuando 23 mil elementos de la Guardia Nacional se dedican a perseguir migrantes en vez de cuidarnos y protegernos.

Cuando una de sus favoritas dice que no hay mérito alguno en sacar 9 y 10 y en base a ese mérito, acceder a una beca y sumida ya en el conformismo, homologa  de un plumazo a todos los estudiantes a una mediocridad absoluta por 300 pesos.

Cuando hay miles de personas que sufren por falta de abasto de medicinas y tratamientos a tiempo .

Cuando coquetea con el deseo de una reelección sólo si el pueblo se lo ordena.

Cuando en el desfile del 16, en vez de hacerlo de forma digna va a poner a desfilar carros alegóricos y las pinches pipas que según usted ayudan a combatir el huachicol.

Cuando la ecología, el estado laico, la ciencia, el turismo, las inversiones, le valen madre.

Cuando se niega a participar en cumbres mundiales.

Cuando entrega la educación de nuestros niños a maestros criminales y huevones y resucita a la Gordillo.

Cuando el país se le desangra entre las manos y usted afirma que vamos requetebién.

Cuando usted cree que crecer al 0.0 por ciento es estar feliz, feliz, feliz.

Y sobre todo López, no más de culpar al pasado por todo lo que en su ineptitud no logra hacer.

No más mentiras, no más mediocridad.

Como mexicano le exijo que esta noche guarde su odio y resentimiento con los que ha gobernado durante estos meses.

Compórtese. Sea digno.

Y mientras esté en el balcón disfrutando ese poder efímero voltee hacia abajo y observe la masa que se congregará en el zócalo y mire bien, no son fifís o conservadores o ricos despreciables o pobres nobles o chairos o liberales.

Son mexicanos. Y usted se debe a todos. Todos.

Véalo bien y deje ya de usar a ese pueblo como pretexto ideal para en su nombre, destruir cada logro del pasado que usted en su rabia, no tolera ni soporta.

Véalo a la cara y en un ejercicio de esa honestidad que tanto predica tenga el valor de admitir que hasta ahora el puesto le ha quedado demasiado grande, que le ha mentido con absoluta flagrancia y que su frasecita famosa de “primero los pobres” es una vil patraña.

Entienda que la presidencia no es una ocurrencia, ni un chiste. No es un circo de tres pistas para que los payasos se luzcan cada mañana, y que la noche de hoy no es su show personal.

Esa noche es nuestra, mía, de todos los que tenemos un alma mexicana que vibra y goza, que padece y sufre, que se regocija y canta. Nuestra, no suya.

México no es suyo López, ni de su camarilla, ni de sus incondicionales, vamos, menos aún de los paleros que le aplauden a rabiar en cada maldita conferencia mañanera.

Porque a pesar de usted, entiéndalo, a pesar de su hipócrita austeridad, de sus mentiras repetidas, de su visión vieja y obsoleta, de sus ganas de destruirlo todo y aunque usted no lo alcance a ver ahora por la ceguera que produce la soberbia, México le sobrevive y estará mucho tiempo más después de que usted, deje la estela de sangre, la sarta de mentiras, la ineptitud, la mediocridad y la destrucción que tanto se empeña en conseguir.

Así que señor López, con todo respeto le pido que hoy se conduzca como un presidente de todos los mexicanos y no como el altanero y soberbio bravucón de cantina que despacha y vive en Palacio Nacional.

Condúzcase con decoro y no nos amargue el pozole con ocurrencias idiotas.

No nos eche a perder, al menos por esa noche, los tequilas, los pambazos, las flautas y tostadas, el confeti, las serpentinas, los fuegos pirotécnicos, los tamales, los sombreros y bigotes, los tacos y los sopes.

No nos corroa un alma que necesita reconciliarse, verse cara a cara y con las manos limpias de nuevo para construir un México sin miedos, sin limitaciones y temores. Sin divisiones.

Sea digno señor López, y honre esta vez, aunque le cueste trabajo, desde la presidencia, desde la  prudencia, la dignidad, el recato y la verdad, a los mexicanos.

A todos los que amamos y procuramos con trabajo y esfuerzos de bien a este maravilloso, indescifrable, caótico, violento, inconmensurable, incongruente, entrañable y queridísimo México.

Hágalo.

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