El poder de las palabras

0
29
Plumas Invitadas Adriana García 5 de Viida El poder de las palabras El Tecolote Diario

La semana pasada platicábamos acerca del poder de las palabras, y sobre cómo pueden ser usadas para alegrar, levantar el espíritu o para herir profundamente.

Han escuchado la expresión estadounidense que dice: “Palos y piedras podrán romper mis huesos, pero las palabras jamás me lastimarán”, bueno, es chistoso como esta falsa expresión puede lograr que de pronto uno piense en lo que dice y cómo lo dice.

En casa, una actividad que como padres podemos llevar a cabo con los niños es por ejemplo preguntar si recuerdan, en el colegio, alguna frase o palabra que les haya hecho sentir bien o felices, luego, repetir esas frases en alto. Es posible que recuerden algunas frases o cumplidos, hasta un simple “hola” dicho con entusiasmo pudo haberlos hecho sentir de alguna manera especial.

De igual manera, preguntar si recuerdan alguna palabra que les haya hecho sentir mal, o un regaño de su maestra en la escuela o algún hermano siendo sarcástico.

¿Será posible que alguna palabra o frase haya podido cambiar el día de algún miembro de la familia?

¿Cómo es que otorgamos poder a las palabras?

Las palabras son la fuerza más poderosa con la que cuenta el ser humano y tenemos la oportunidad de elegir si queremos utilizar esta fuerza de manera constructiva utilizando palabras de ánimo, o de manera destructiva.

Las palabras tienen la energía, el poder y la habilidad de sanar, herir, humillar o reconstruir.

Algunas veces son las palabras las que tienen el poder de regir nuestras vidas, por ejemplo, cuando decimos cosas como: “lo voy a intentar”, “tal vez se pueda”, “algún día”, etc… Este tipo de frases tienen una energía asociada a un pensamiento de no poder, de duda, de inseguridad y al expresarlo con estas frases, se vuelve realidad. Por eso es tan relevante el elegir adecuadamente las palabras que queremos utilizar y dependiendo de la situación poder sacar -en estricto sentido- nuestro mejor vocabulario.

Recuerdo que cuando era pequeña mi madre me decía: “Si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada”. En aquél entonces, por supuesto ella lo decía como regaño a algo que había yo dicho, pero el significado es mucho mayor cuando se piensa en, por ejemplo, participar en las conversaciones de las redes sociales.

En primer lugar, no hemos entendido que lo más seguro es que no estamos invitados a todas las conversaciones y en segundo que nuestra opinión siempre tendrá mayor peso cuando al criticar la intención sea construir y no solamente aventar nuestros traumas, inseguridades y enojos a los demás.

Y así como con las redes sociales, las conversaciones que llevamos a cabo todos los días, con la familia, en el trabajo y en todas nuestras interacciones, representan quienes somos y lo que pensamos a cada momento, entonces cuando logremos crear una conciencia real de las palabras que utilizamos y por supuesto, de cómo las utilizamos, podremos crear un entorno más positivo, con mejor energía y más feliz para todos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here